La chica del árbol

Vuelvo a ver, tres años después, la foto que me hizo una mañana de primavera Daniel Mordzinski. Y me gusta aún más. Me reconozco en esa chica que se sube a los árboles y mira a las nubes; que lleva una libretita en el bolso para atrapar las palabras antes de que se las lleve el viento; que observa discreta desde un lado, tímida pero decidida.

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Vuelvo a ver esa foto en la exposición ‘Objetivo Mordzinski. Un viaje al corazón de la literatura hispanoamericana’ (hasta el 10 de marzo en el museo Pablo Serrano de Zaragoza). Es un honor estar ahí, entre tantas personas que escriben tan bien y a las que admiro. Mi foto ocupa un hueco discreto junto a las de Antón Castro, Ignacio Martínez de Pisón, Soledad Puértolas, Félix Romeo, Sergio del Molino… Me siento pequeñita y subo a ese árbol de la arboleda de Macanaz a refugiarme.

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¿Cuál es tu foto preferida de la exposición?, me pregunta Antón Castro. No sé elegir una. Podría decir la de Gabriel García Márquez sentado en la cama de su habitación en Cartagena de Indias; la de Gioconda Belli jugando a fútbol. O muchas otras de la muestra. Daniel Mordzinski -fotógrafo argentino que vive entre Madrid, París y los libros – lleva cuarenta años fotografiando a escritores por el mundo. Tiene una mirada única: sus fotos son divertidas, sorprendentes, cariñosas. Me gustan sus imágenes y sus palabras.

“La primera vez que vi la fotografía que Philippe Halsman le tomó en 1966 a Nabokov cazando mariposas sentí un vértigo en el estómago. Ese es el momento en el que te das cuenta de que hay cosas que distinguen el arte del resto de tentativas. Hay quien lo llama magia, suerte, fortuna, inspiración; yo diría que es una suma de todo eso y de algo básico: la capacidad de trabajo sumada a mucha improvisación. Me gusta la idea del coleccionista de lepidópteros porque acerca mi trabajo a una consideración de entomólogo: perseguir, observar, atrapar sin dañar y conservar para la posteridad a esas personas frágiles y vulnerables que son los escritores”.

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Las hermanas Polgar y otras historias de ajedrez en Calamocha

No tengo ni idea de ajedrez. Justo sé que la torre se mueve en línea recta y el caballo va a saltos. Pero me gusta acompañar a Vega a torneos de ajedrez. Me gusta que nuestras chicas descubran sus propios caminos y aficiones. Aplaudo los beneficios y valores del ajedrez: desarrolla la atención, la concentración, la creatividad y la imaginación, potencia el razonamiento lógico-matemático, aumenta la reflexión y la capacidad de toma de decisiones, fomenta las relaciones interpersonales, enseña a ganar y a perder…

Poco a poco voy entendiendo la dinámica de los torneos escolares (aún voy bastante perdida). Hay una lista de inscritos por categorías, un programa informático hace el sorteo, se cuelga un papel con los emparejamientos, blancas o negras, los chavales ocupan sus posiciones en riguroso silencio, los padres esperamos fuera. Me impresionan el silencio y la concentración. Entre partida y partida, los chicos y chicas salen de la sala, comentan entre ellos las partidas, juegan a pillar, o a fútbol, comen chuches y esperan a que se vuelva a hacer el sorteo para la siguiente ronda. Así 7 u 8 rondas, depende de los torneos, cuatro o cinco horas.

Este sábado fuimos a Calamocha. Eché de menos a mi amiga Eva, compañera de cafés en los torneos. Mientras Vega jugaba, me fui a dar una vuelta por la Feria de Calamocha. Vendían jamón, tractores, gallinas, quesos, chocolates, jabones, aspiradoras, cuchillos, estufas… Me tomé un café, compré un bolso a una artesana de Teruel y lotería de Navidad a los chicos del instituto, apunté ideas en mi libretita. Tras cada ronda, volvía a esperar a Vega. Por la cara sabía qué tal le había ido. Al final le fue bien, y tiene ganas de seguir aprendiendo y yendo a torneos.

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Me gusta observar y escuchar a los que saben. Disfruté mucho en el camino escuchando a Enrique Sánchez (profesor de ajedrez del colegio y el club Marcos Frechín y gran impulsor del ajedrez en Aragón). Hablamos de Pedro Ginés, zaragozano que se acaba de proclamar campeón del mundo de ajedrez sub14. Y de María Eizaguerri, otra gran promesa aragonesa, que ha quedado octava en el mundial. Enrique habla del talento y del esfuerzo, la importancia de no cometer errores, y de aprender de ellos. Cuenta la historia de las hermanas Polgar, tres hermanas húngaras a las que sus padres educaron en casa sin ir al colegio, y a las que entrenaron desde pequeñas en ajedrez. Querían demostrar que los genios no nacen, se hacen. Las hermanas Polgar llegaron a ser grandes campeonas, especialmente la menor, Judit, considerada la mejor ajedrecista de la historia y que ha ganado a números 1 como Anatoly Karpov o Gary Kasparov.

En el viaje de vuelta de Calamocha también hablamos de fútbol. Por la mañana Vega y Luna habían jugado un partido con su equipo (el Zaragoza Club de Fútbol Femenino) en Pina de Ebro. Qué diferentes el fútbol y el ajedrez. O no tanto. Sigo dándole vueltas a la historia de las hermanas Polgar, mujeres en un mundo de hombres, a la importancia de los entrenamientos, al talento, a la pasión por el deporte, el que sea, ganar y perder, seguir aprendiendo siempre…

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La Bretaña y un Mundial de fútbol inolvidable

La Bretaña son castillos, playas, galettes… y para nosotros, sobre todo, el Mundial de fútbol femenino sub20. Planificamos las vacaciones familiares a la Bretaña y Normandía sin saber que este campeonato se jugaba en esa zona esos días. A veces el azar nos lleva por caminos insospechados. Nos dejamos llevar y acabamos en las gradas del estadio de Vannes, rodeados de franceses, animando a las chicas españolas en la semifinal del Mundial contra Francia. Gritamos, aplaudimos, nos hacemos fotos con ellas y nos emocionamos con la victoria. Si hemos llegado hasta aquí, habrá que ir a la final, ¿no? Y unos días más tarde volvemos al estadio de Vannes. También viene Pedro Sánchez, al que vemos pasar en el coche oficial. Y vemos la final contra Japón con muchos nervios junto a los familiares de las componentes de esta selección histórica. Qué ilusión saludar a Meri, la madre de la capitana, Maite Oroz, y también la profe de mi sobrina Ione en Zubiri. Mi madre y casi un millón de personas siguen el partido por televisión desde España. Es el partido de fútbol femenino más visto en la historia de nuestro país. Perdemos pero ganamos. Vivimos un momento de explosión del fútbol femenino en España. Estas jugadoras ya son referentes e ídolos. Gracias, Maite Oroz, Patri Guijarro, Lucía Rodríguez, Aitana Bonmatí, Eva Navarro, Carmen Menayo, Cata Coll, Damaris Egurrola, Laia Aleixandri y todo el equipo que nos habéis emocionado tanto. Nuestras chicas guardarán para siempre vuestra foto. En nuestro álbum familiar este será el verano del Mundial de fútbol de la Bretaña.

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Vega y Luna con la selección sub20 de fútbol antes de la semifinal con Francia.

Además de animar a la selección, hemos disfrutado mucho de los paseos por Nantes y Rennes. Nos hemos bañado en varias playas bretonas. Qué maravilla la playa de Saint Malo para nosotros solos. Nos hemos subido a un elefante gigante en l’ile de Nantes. Hemos comido de picnic en el castillo de Josselin. Hemos caminado entre las tumbas del cementerio americano de Normandía. Hemos bailado en la plaza del ayuntamiento de Rennes. Hemos visto la majestuosidad del Mont Saint Michel. Hemos comprobado lo estrictos que son los franceses con los horarios de las comidas (después de las 2 es casi imposible encontrar un restaurante para comer). Hemos comido muchas galettes. La lluvia nos ha respetado. Y nos hemos dejado muchas cosas por ver. Así podemos volver algún día…

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¿Y tú de quién eres, maja?

¿Y tú de quién eres, maja?, me pregunta el Mónico cuando me ve corriendo sudorosa por los caminos de San Esteban. “De la Pili la del Pedro, la de Zaragoza”. Y mientras echa un ojo a sus ovejas, me ofrece agua de limón y un buen rato de conversación. Hablamos de mis abuelos, del Tío Julio que tenía la casilla allá por Canejá, de cómo cambian las cosas, de la juventud de ahora, de por dónde lleva ese camino que sube por el barranco, de para qué corres tanto, maja. Me despido y vuelvo hacia Cervera. Subo el camino del Tolmo y allá abajo a lo lejos se ven las casitas apiñadas del pueblo.

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Me gustan los días de barullo familiar todos juntos en la Tienda, y también los días tranquilos de agosto cuando ya han pasado las fiestas. Son días para disfrutar de nuestra casa de los abuelos ahora recuperada (lo cuenta muy bien María en este post), para despertarnos y acostarnos sin reloj, ir a ver estrellas a Clunia, bañarnos en la piscina y meternos en el río. Este verano el Alhama baja con agua y las moras van con un poco de retraso. Busco caminos nuevos para correr. Me llevo varios libros en la maleta que apenas abro. Todas las mañanas esperamos que el tío Manolo nos traiga el periódico a ver si esta vez nos ha tocado el abono del Zaragoza. Después vamos a comprar pan a la tienda de la Loli. Y hacemos planes sin prisas: excursión con los primos o los amigos que vienen de visita, bajamos a la piscina, la tía Ana o la tía Cruci nos invitan a comer. Los viernes hay mercadillo en la plaza, Luna se compra una regadera para regar las plantas. Las tardes pasan con partidas de cartas, baños, helados, juegos en el frontón. Por la noche la plaza del Royo es el centro de la fresca. Las chicas juegan al escondite y no tienen prisa para ir a la cama. Una partida más. Venga, que es tarde. Me veo a mí misma hace unos cuantos años, con mi hermana y mis primos, cenando un bocadillo de salchichas y jugando a marro o al escondite. Una partida más. Me acuerdo del Mónico y sus ovejas, hay cosas que no cambian tanto. Me pregunto si el barco de juncos que echamos al río en Clunia habrá llegado ya al mar.

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(Este verano, con la reinauguración de la casa de los abuelos en el Royo hemos estrenado carnés familiares de La Pedrada)

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Gaitera rima con Cervera

Todos los niños y niñas de Cervera hemos jugado a bailar la Gaita. “Lia, lia, lia”, siguiendo el ritmo de la música, acompañando con palmas, como si fueran las pulgaretas (castañuelas), formando cadenetas y figuras por la calle. Como hemos visto hacer tantas veces a los gaiteros en las fiestas de Santa Ana y San Gil. La Gaita es un baile tradicional de Cervera del Río Alhama (La Rioja) y una de las danzas más originales y antiguas de España. Según diversos estudios sus orígenes podrían remontarse al siglo XVII. Sus pasos han ido transmitiéndose de generación en generación y hasta ahora solo la bailaban los hombres solteros del pueblo.

Desde hace varios años, un grupo de mujeres de Cervera ha pedido poder participar y formar una gaita mixta. Se han dado de bruces con argumentos machistas y variados: “no se pueden romper las tradiciones”, “las mujeres se cansan”, “no conocen los pasos”, “son de fuera”, “van a dividir al pueblo”, “mejor dejar las cosas como están”. Y sí, el pueblo se ha dividido estos últimos tiempos a favor y en contra de la participación de las mujeres en la Gaita. Ha habido discusiones cara a cara y en las redes sociales, en los bares y en la puerta de la iglesia, entre amigos y entre familias. Con esa tensión y mucha expectación se llegó este año al día de Santanilla (27 julio), el último día de las fiestas en el que baila la Gaita (como muy bien ha ido contando en el periódico ‘La Rioja’ el corresponsal en Cervera y exgaitero Sanda Sáinz).

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Y las mujeres bailaron. Fue un baile simbólico y muy emocionante. Las chicas danzaron detrás de la Gaita oficial, sin interrumpirles a ellos, aplaudidas por muchas mujeres y hombres. Dos chicos gaiteros se sumaron a su baile (¡qué orgullosa de mi primo Miguel!). También hubo malas caras y algún comentario despectivo. Solo espero que lo vivido este año sirva para que se sienten a hablar, que pronto haya una gaita mixta y que la tensión vivida quede como una historia más para contar en la fresca.

VÍDEO Antena 3: Un grupo de mujeres consigue bailar la Gaita en Cervera

Me emocioné mucho viendo a las primeras gaiteras e imaginando que algún día alguna de mis hijas o sobrinas pudiera llegar a bailar la Gaita. Las tradiciones se pueden cambiar, como dijo mi madre a los periodistas que le entrevistaron en la tele. Y mientras tomábamos café y reposábamos las emociones vividas, Luna aportó otro argumento: “Porque gaitera rima con Cervera”.

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Casi 40, casi perfecta

Los reencuentros producen un cosquilleo en el estómago. Una no sabe si se va a encontrar con la persona o el lugar que guarda en su memoria. O si el paso del tiempo nos ha cambiado tanto, a unos y otros, que no nos vamos a reconocer. David Trueba nos reta a mirarnos en el espejo en ‘Casi 40’, y creo que no salimos tan mal parados. Una película deliciosa.

‘Casi 40’ es una película generacional, no sé si a los que se alejan de esa edad les gustará tanto como a mí. Tenemos muy pocas ocasiones de ir al cine en nuestra vida de ‘casi 40 o un poco más’. Ayer se dieron las circunstancias y fuimos al estreno Chema, Lara y yo. Era el día ideal. A mediodía había comido con mi amiga Aitana, habíamos estado hablando de Barcelona, de reencuentros, de amistades, de viajes, de cómo hemos cambiado o no tanto en estos 20 años.

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David Trueba vuelve a juntar 20 años después a Lucía Jiménez y Fernando Ramallo, los protagonistas de ‘La buena vida’, su ópera prima. Han pasado 20 años para todos: el director, los actores, los personajes, nosotros. Ahora les acompañamos en una modesta gira de conciertos por ciudades de Castilla y León y Extremadura. Ella fue una cantante de éxito que dejó la música hace unos años. Ahora está casada con un exjugador de fútbol del Real Madrid y tiene dos hijos. Él es un vendedor de productos de cosmética ecológica. Hace ya muchos años fueron pareja. Algunos de sus sueños se han quedado por el camino. La gira es la excusa para su reencuentro y para reflexionar sobre el paso del tiempo. Me recuerda a las películas que tanto me gustan de Richard Linklater: ‘Antes del amanecer’, ‘Antes del atardecer’, ‘Antes del anochecer’, ‘Boyhood’.

He leído a David Trueba decir que no es una película nostálgica. A mí sí me lo parece, un poco, nostálgica y tierna, sencilla y profunda, de las que dejan un poso agridulce. Me gusta mucho cómo retrata la relación entre ellos, con sus diálogos, sus silencios y sus miradas. También me gusta la imagen de una España de carreteras secundarias, ciudades pequeñas y conciertos en librerías. Y me encanta su banda sonora, qué bien canta Lucía Jiménez (“Casi 40, casi perfecta…”).

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Último último día de cole

Suena la música en el auditorio y salen los chicos y chicas de 6º del Hilarión bailando y cantando “Grease is the word”, con sus faldas de colores y sus camisetas negras. El musical de Grease es su despedida del cole. Me emociono con sus caras emocionadas, con la sonrisa de Lara, radiante, con las fotos con sus amigas. Me emociono mucho con el discurso de los padres de Lauri, una niña autista del curso de Lara. Sus padres agradecen al cole, a la escuela pública, a los profesores y a los compañeros, y nos dan una lección de vida. Me emociono con la alegría inmensa de los 12 años, de todo el futuro por delante, de las puertas que se abren, de las alas que despliegan. La nostalgia y la ternura se cuelan en las fotos que se proyectan en la pantalla de cuando eran pequeños. Es el repaso a nueve años de su vida, de nuestra vida. Pasamos de etapa, ella y nosotros. Que nuestra hija mayor acabe el cole nos hace un poco más mayores y orgullosos. Escribo con un pañuelo a mano para las lágrimas.

El lunes celebramos la graduación y hoy es la despedida definitiva del cole. El último último día del cole. Empecé a escribir este post hace nueve años, en septiembre de 2009. Recuerdo la decisión con la que entraste el primer día en tu clase, los ojos muy abiertos y muchas ganas. Aquel día vi a los mayores que habían acabado 6º el verano anterior y pasaban a saludar a sus antiguos compañeros y profesores, mirando un poco por encima del hombro, sintiéndose muy mayores. Con una hija de 3 y dos de 1, los 12 años me parecían lejísimos. Pero ya están aquí. El tiempo vuela. Ahora yo soy una madre de 6º en el último último día de cole.

Mientras bailabais el lunes, en mi cabeza pasaban todos estos años a cámara rápida: los libros nuevos en septiembre, las tardes de parque, las fiestas en el patio, las excursiones, la graduación de Infantil, las prisas por las mañanas en casa, las conversaciones por el camino, las historias a la salida, los profesores, las amistades que se van formando, los cumpleaños, los deberes, tu mesa de casa desordenada, los preparativos y los nervios para el viaje de 6º a Dublín, el viaje, las fotos de clase, cada año más alta y más mayor, las despedidas de otros sextos y, ahora, la vuestra.

“El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer”, os dijo en la graduación Paco, el director, citando a Borges. Vosotras ya estabais haciendo fotos y planes.

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Lara volando al instituto con tu amiga Lucía.

Gracias a los profesores que han guiado a Lara en el camino, desde los que pasaron fugaces hasta los que dejan una huella para siempre: Carmen, Ana Belén, Leticia, María, Anabel, Cristina, Susana, Beatriz, Ana, Conchi, Marta, Lucía, Juan Carlos, Carlos, José Emilio, Eduardo, Fernán, Pilar, Iván, and thanks to Nuria, Paul, David and Bryan. Y gracias a las monitoras de comedor por vuestra paciencia y cariño en todos estos años.

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