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Voces de la Laponia española

“Cerrar una escuela es tristísimo. Apilar las sillas, amontonar las mesas, agrupar el material sobrante, dejarlo todo en un sitio que se irá llenando de polvo. Se te cae el alma ante tal sensación de abandono. Pero es, sobre todo, la mirada de los padres, de la gente del pueblo. Ellos saben que se acabó. Y eso es muy duro. Es muy duro que muera un pueblo que ha vivido cientos de años con niños en sus calles. Porque la muerte es literal”, dice Héctor Martín, el joven profesor cuyo primer destino fue Cuevas de Cañart (Teruel) con 7 alumnos. Y que una década después ya ha visto cerrar tres escuelas rurales aragonesas.

Él es una de las voces del libro “Los últimos. Voces de la Laponia española” (Paco Cerdá, editorial Pepitas de Calabaza). Como Matías López, pastor, el último habitante de Motos (Guadalajara). Como Juan Muñoz -“elniñojuán”-, el único niño de Selas (Guadalajara). Como Simón Bellés, sobrino de Simón Martí, el último habitante que vivió en Les Alberedes (Castellón). Como Feli, de Bubierca (Zaragoza), que no ha podido llegar a leer su historia en el libro. La mayoría se van y unos pocos vuelven. Como Cristophe Gaudoz, que dejó París para instalarse en el pueblo de su familia: Maderuelo (Segovia). Como Marcos Moya, uno de los pobladores que están devolviendo la vida a El Collado (La Rioja).

Leer el libro es escucharles a ellos, darles voz, a los últimos, a los resistentes de una España rural que se muere. Me encanta el libro, a mitad de camino entre un reportaje largo, un ensayo, una crónica de viajes, una recopilación de relatos. Pero no es ficción. Es la realidad que tenemos aquí al lado. Los pueblos que vemos pasar por la ventanilla, o ni eso. Los puntos en un mapa. Nuestras raíces.

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Campos en Canejá, en Cervera del Río Alhama (La Rioja)

Mientras leía el libro, pensaba en mi pueblo: Cervera del Río Alhama. En las historias de mi familia, en las casas cerradas, en los campos yermos, en el silencio y la belleza de los caminos. Cervera está en la Rioja Baja, en esa zona denominada Serranía Celtibérica. Es un territorio que se expande por diez provincias (Soria, Teruel, Guadalajara, Cuenca, Valencia, Castellón, Zaragoza, Burgos, Segovia y La Rioja) y cuya densidad de población es inferior 8 habitantes por kilómetro cuadrado, menos que Laponia. Es la Laponia del sur. Pese a ser un pueblo relativamente grande, capital de comarca, Cervera también sufre la sangría de la despoblacion. En 50 años ha pasado de más de 5.000 habitantes a poco más de un millar. Nosotros somos veraneantes que volvemos en vacaciones y algunos fines de semana.

La lectura del libro me deja un poso agridulce. Releo algunas frases subrayadas. “Uno no debería. Y sin embargo resulta imposible detraerse a la contemplación de esta cruda belleza…”. Busco pueblos en el mapa. Aplaudo a su autor. Pienso en lo duro que es vivir en los pueblos. Dejo que se deshaga en la boca un trozo de manguito, el bizcocho con merengue típico por San Blas que me han traído mis padres de Cervera.

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Seis años volando

Mi blog acaba de celebrar su sexto cumple. Me balanceo entre pequeñas historias, sueños, libros, carreras, películas. Me gusta tocar la tierra y rozar las nubes con la punta de los dedos. Me gustan los abrazos y las risas. Me gusta subirme a los árboles, volar en globo y en hamaca.

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¡Feliz 2017!

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Última tarde de playa

Me siento en la orilla, justo donde rompen las olas, los pies asomando bajo la espuma. Es nuestra despedida de Cádiz. Sopla levante y la arena que arrastra el viento me pega en el costado izquierdo. La marea está de subida. Las chicas saltan olas, no quieren salir del agua. Estiramos la última tarde. Sabe a sal y a Calippo de lima limón. Cierro los ojos unos instantes. Sé que mañana, ahora mientras escribo, echaré de menos este momento. Noto la arena pegada, el pelo enredado, la piel tostada, vuestras risas de fondo. Si pudiera detener el tiempo.

Me gusta volver a Rota, a nuestro camping, a nuestra playa. Qué pequeñas erais la primera vez que vininos. Pocas cosas han cambiado; algunas sí. Me gusta volver a ver a Marisol, sevillana, 4 hijos, la mujer más guapa y simpática del camping. Nos cuenta que siguen viniendo cada verano, que el próximo año va a ser abuela, que hace unos meses se montó en avión por primera vez. El sol se va escondiendo tras el horizonte, a punto de estallar.

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Los atardeceres en nuestra playa son maravillosos. La playa de Aguadulce, medio salvaje, no sale en algunos mapas. Está a mitad de camino entre Rota y Chipiona. A veces se ven aviones de la Base, y cometas. Las mareas descubren o esconden las rocas. El agua está templada. Echo un ojo a las chicas: siguen saltando olas, cada vez más altas, más esbeltas, más cómplices, buscando sus caminos. Sigo saboreando estos momentos que guardo en un frasquito de cristal.

Atesoro imágenes de un verano que se acaba. Esta playa. Las vistas desde lo alto de la duna de Bolonia. Los Juegos Olímpicos que nos han acompañado en nuestro periplo. Las tertulias a la fresca y las tortillas de patatas en Cervera. Caminos para correr. Cafés con hielo y sin prisas. La hospitalidad de Javier. Las olas de Liencres. Los planes de Cáceres. Las partidas familiares de petanca (qué mala soy). Las canciones en los largos viajes en coche. Y las ganas de volver a casa también. Volver a ver a los amigos. Preparar las cosas del cole. Ordenar las fotos. Retomar las rutinas. Pensar en nuevos proyectos. Echar de menos esta última tarde de playa.

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Navegando por el Ebro y por los sueños

Llovió cuatro años, onces meses y dos días. O eso contaba la Tía Fina. Igual fue algo menos: una semana seguida en septiembre de 1956. Lo recogen los periódicos de la época. El Alhama, apenas un riachuelo en verano, creció y creció hasta convertirse en un monstruo terrible. Arrasó cosechas y puentes y casas en Cervera del Río Alhama y otros lugares de esta comarca riojana lindando con Aragón, Soria y Navarra. La Tía Fina estuvo varios días desaparecida y muchos en el pueblo se temían lo peor.

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“La lluvia me pilló en Aguilar. Como no paraba, decidí volver a Cervera caminando por el monte. Entonces bajó la yasa por el barranco de Canejá y me agarré como pude a un árbol que flotaba. Nunca había visto tanta agua. Atravesé Cervera agarrada al tronco del árbol. A mi lado flotaban animales, carros, puertas, bicis, muebles… Después vi una barca de madera, que me pareció mucho más cómoda que mi árbol, y me subí.

Unos kilómetros más allá de Cervera, el Alhama se junta con el Linares. Después seguí navegando hasta Alfaro, hasta que llegamos al Ebro. ¡¡Qué río!! Ya había dejado de llover, salió el sol, me quedé dormida. Cuando desperté, me miraba Don Quijote desde una isla. Le invité a subir a la barca, pero me dijo que tenía que hacer otras cosas y que le esperaba un largo viaje. Unos días después llegué a Zaragoza. Había visto antes fotos del Pilar, pero es impresionante verlo desde tan cerca, desde el agua. Las cosas cambian mucho según desde donde las mires. Me gustó mucho navegar bajo los puentes, y sentirme pez o sirena.

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Balada de la bicicleta con alas

Estoy ordenando fotos de la Semana Santa en Cervera, y decidiendo si vamos a pasar la tarde al parque con bicis o patinetes, cuando me llega un mensaje de una amiga con un poema (gracias, Elisa). Y los versos de Alberti se mezclan con los caminos de Cervera, el cumple de Ione, las vistas desde el Castillo, las historias familiares, los 97 de la Tía Fina, los recuerdos de los abuelos, la comida en Canejá, las camas elásticas de la plaza, las viejas bicis, la sensación de libertad desde lo alto del Tolmo con el Moncayo al fondo nevado…

“Con un cuadernillo de hojas blancas y un lápiz
corro en mi bicicleta por los bosques urbanos,
por los caminos ruidosos y calles asfaltadas
y me detengo siempre junto a un río
a ver cómo se acuesta la tarde y con la noche
se le pierden al agua las primeras estrellas” (…)

dibujo poema bici Alberti

“Balada de la bicicleta con alas”. Poema y dibujo de Rafael Alberti.

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Cervera del Río Alhama.

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Vuelta al cole (Valdemadera, 1946)

Este verano, rebuscando entre los papeles familiares en Cervera, encontré varios tesoros. Como la memoria de las prácticas del maestro Don Pedro Nolasco González Muñoz (cura y profesor, y tío abuelo mío) en la escuela de Valdemadera (La Rioja) en 1946. Copio un extracto:

“Edificio escolar:
Hay en el lugar de Valdemadera, provincia de Logroño, en su parte más céntrica, a la sombra de la torre parroquial y pegada a su iglesia, una Escuela Nacional donde he hecho las prácticas de enseñanza. El edificio está rodeado de una amplia plaza y soportales para esparcimiento de los niños, que a las horas de asueto juegan, corren, ríen y cantan. Su orientación al sur está muy bien lograda. Al ser un segundo piso entarimado se ha conseguido que sea confortable durante los seis meses largos de frío invernal. Dos amplios ventanales dan paso a los confortables rayos solares fuente de salud y de alegría. El aula escolar mide 7 metros de largo por 5,60 de ancho y 3,60 de alto. El material escolar es escaso y pobre aunque aseado y bien cuidado.

Organización de la escuela:
Asistían a clase un promedio de 25 a 30 niños de los 44 que había matriculados, siendo 18 niños y las restantes niñas. Comienzan a ir a la escuela a los 6 años y a medida que crecen en edad van creciendo en faltas en el registro escolar, especialmente en los niños, siendo raro el que llega hasta los 13 años. Se formaban cuatro secciones, atendiendo a la edad y a los conocimientos. La disciplina y el orden se procuraban con un gobierno suave y enérgico a la vez, procurando que el niño esté siempre ocupado en algún trabajo agradable y no agotador.

Metodología:
Como norma general se procuraba en la escuela traducir a la práctica los temas pedagógicos aprendidos en los libros. Las asignaturas son: Lengua Castellana, Ciencias Naturales, Gegorafía, Historia de España, Fisiología e Higiene, Catecismo, Historia Sagrada, Explicación del Evangelio, Labores, Trabajos manuales, Dibujo, Música y canto.

Algunas dificultades a superar:
a) La falta de material, que con buen ingenio y dosis de paciencia procurábamos suplir ayudándonos de los niños en los trabajos manuales.
b) Falta de unidad en los libros de los niños de los niños. Los padres los compraban sin consejo de nadie y cada uno era de distinto autor y método.
c) Discontinuidad de maestras.
d) Porcentaje bastante elevado de faltas de asistencia.
e) La separación de sexos dentro de los límites que permitía el local y el tiempo, pues para multiplicar la labor en ocasiones solían estar en grupo”.

Ya no quedan niños en Valdemadera y hace años que cerró su escuela. El Tio Nolasco murió joven. Me gusta imaginar cómo se viviría allí la vuelta al cole, cómo eran las carteras, qué llevaban de almuerzo, qué libros leían, qué querían ser de mayores, dónde les llevó la vida…

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(Imagen reciente de Valdemadera, de Carlos Sieiro del Nido)

¡Feliz vuelta al cole para todos, niños, padres y maestros!

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Cerrado por vacaciones

Guardo el cuaderno del Heraldo y la tarjeta Bizi que no volveré a usar en un mes. Termino de preparar mi maleta. Bikinis, cámara de fotos, libros, cuadernito. Imagino que ya estoy subida en un tranvía de Lisboa o saltando olas en Liencres. Antes disfrutaremos de la piscina y los caminos de Cervera. Espero que ya hayan madurado las moras. Dejo recados pendientes en Zaragoza. Pueden esperar. También dejo las prisas que me acompañan todo el año. Rescato unas fotos de aquellos veranos maravillosos de la infancia. Algún día quiero volver al camping La Rueda y desplegar de nuevo el campamento familiar, con las tiendas, las mesas, la hamaca, los primos, el abuelo, las estrellas, los helados…

IMG-20130504-WA0002(Con los primos en Canejá, hace unos pocos años)

¡Felices vacaciones!

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