Archivo de la etiqueta: Nicaragua

Gioconda Belli en el instituto

Me llamaron de la asociación Hermanamiento León-Zaragoza y me preguntaron si podía ir a un instituto a dar una charla sobre literatura nicaragüense. Primero me entró un poco de vértigo: hablarles durante una hora a una veintena de chavales de la ESO y mantener su atención en la literatura nicaragüense no me parecía fácil. Además, yo no soy ninguna experta en la materia.

Después cogí uno de mis libros de Gioconda Belli de la estantería y volví a releer sus poemas. “¿Qué sos, Nicaragua? ¿Qué sos, sino un triangulito de tierra perdido en la mitad del mundo?”. Sos aquella joven idealista que creo que aún soy. Sos Mario, Danelia, Olga, Luna… y tanta gente que he conocido gracias a Nicaragua y me ha dejado su huella para siempre. Sos Mari Carmen, las dos compartiendo viaje, risas, confidencias (volveremos). Sos volcanes, calor, islas, revoluciones, banderas rojinegras, frijoles, tortillas, autobuses destartalados, abrazos. Sos “la ternura de los pueblos”.

Agarré mi idealismo y algunos poemas, y fui ayer al instituto Medina Albaida de Zaragoza. Les hablé un poco del país y su revolución sandinista, de Rubén Darío, Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, los Mejía Godoy, y, claro, de Gioconda Belli. Y yo me la imaginaba a ella con su melena leonada y sus mil batallas, sentada en la última fila de clase, detrás de aquel muchacho con aire despistado, y sonriendo ella ante mi ingenuidad y mi torpeza. Le diría que hace casi 20 años que sus poemas me acompañan. Gracias.

“A veces pienso que soy una arquitecta del tiempo
siento que voy dibujando planos con pasados,
presentes y futuros,
urdiendo una delicada caja de palitos de fósforos
donde vivo
-incomprensiblemente sin pensar en tormentas-
Aunque a ratos me asaltan las dudas, brinco como
caballo de carreras
sobre su bien construidas estructuras y sigo, sigo
hacia ese final donde
me espera el bosque verde, la iluminación y el sueño
callado donde nada
me acompañará sino la tierra con su murmullo de
vientre.”

(“Avanzando”, Gioconda Belli)

17a_5486

En Nicaragua, con Flor Danelia. Una de mis fotos preferidas, gracias a Mari Carmen, mi gran fotógrafa, amiga y compañera de viajes.

5 comentarios

Archivado bajo literatura, viajes

Vuelo a León

Hay hilos que empiezan a enredarse un día por azar y no sabes dónde te llevarán. No recuerdo exactamente por qué elegí viajar a Nicaragua aquel lejano verano de 2001. Buscaba un destino diferente, unas vacaciones solidarias, salirme un poco del mapa, viajar sin guía… Había oído hablar de la ONG Hermanamiento León-Zaragoza y me apunté. Podría haber sido Guatemala, Marruecos, la India, el Chad, yo qué sé, y la historia hubiera sido diferente.

Pero el destino fue León, y aquel viaje me cambió un poco o mucho para siempre. Cambió mi mirada. Y esos hilos fueron tejiendo una red de personas (aquí y allí), de sueños, de afectos, de ganas de cambiar el mundo. Recuerdo como si fuera ayer el calor pegajoso nada más aterrizar en Managua; el cansancio y la emoción del viaje; el sol y la vida colándose por la ventana a la mañana siguiente; el primer paseo por León con Eva y Pablo; las sonrisas y los abrazos de Mario y Danelia; esa huella que el tiempo no borra, sino que magnifica. Volví a Nicaragua dos años después con Mari Carmen. Y he vuelto después muchas veces gracias a la literatura, las canciones, los relatos y las fotos de otros viajeros…

33

“¡Dale, dale, seguime!”, me llamaba Danelia aquella tarde que le hice esta foto. Ahí voy, volando.

Nicaragua me espera y sé que algún día volveré. Subiré con Mario al Cerro Negro, pasearé con Danelia por las calles de León, platicaremos sin reloj, haremos tortillas, nos bañaremos en las playas del Pacífico, Mari Carmen y yo haremos fotos y esperaremos a Ernesto Cardenal… Mientras, los hilos siguen enredándose y los aviones cruzan el cielo. Ahora es mi padre el que se va a descubrir paisajes nuevos. Buen viaje, Papá, que León te reciba con los brazos abiertos.

PD Este post se puede leer como continuación de otros del blog: “El profesor Figols se jubila”“Un córdoba en la cartera” o “Mi Nicaragua”.

8 comentarios

Archivado bajo viajes

Un córdoba en la cartera

En mi último viaje a Nicaragua (¡este verano hace diez años!) me guardé un córdoba en la cartera. El córdoba es la moneda nicaragüense, con el escudo del país en el reverso y el lema “En Dios confiamos” en el anverso. Un euro equivale aproximadamente a 32 córdobas, así que no me haré rica con este tesoro. En esta década he estado a punto de pagar varias veces por error con él en alguna tienda. Pero la moneda nicaragüense ha sobrevivido a los años, a cambios de cartera, a diversos viajes y vicisitudes. Ahí sigue, compartiendo espacio con céntimos y euros, y guardando mi memoria. Mi córdoba representa una especie de promesa de vuelta para gastarme ese córdoba en un fresco frente a la catedral de León, unos frijolitos en el Taquezal o una Toña en cualquier pulpería del camino.

Parece que el país ha cambiado mucho en esta década. Sigo las noticias por los periódicos o por los relatos de otros viajeros. Daniel Ortega, líder de la revolución sandinista (de la que hoy se cumplen 34 años) es ahora un presidente populista e inclasificable. Un día ofrece asilo a Snowden. Y otro anuncia con un empresario chino la construcción de un canal interoceánico que atraviese el país y haga la competencia al de Panamá.

Y Nicaragua se está convirtiendo en un destino turístico de moda. Ya no es solo un refugio para mochileros y románticos. Este año incluso El Corte Inglés publicita viajes a Nicaragua. Lo venden como “un país casi desconocido para los españoles, con grandes bellezas naturales, una atractiva oferta de ecoturismo, soberbios volcanes, lagos, playas y ciudades de arquitectura colonial”. Y yo me acuerdo de las excursiones al Cerro Negro con Mario y Danelia, y de su proyecto de ecoturismo que vi nacer (la cooperativa de turismo rural Las Pilas-El Hoyo).

Cada 19 de julio me atrapa la nostalgia. Sé que algún día volveré a navegar por el río San Juan, subiré al Cerro Negro con Mario, iré al mercado de León con Danelia, nos  bañaremos en Poneloya, comeremos frijolitos en el Taquezal, pasearemos por León, montaremos a caballo por Monte Redondo, nos picarán los zancudos, volveremos a Solentiname…

Mientras, sigo guardando mi córdoba en la cartera.

río San Juan desde El Castillo

(Río San Juan desde El Castillo, por donde discurriría el canal que proyecta Daniel Ortega)

DI019 (En la playa de Poneloya, hace unos cuantos años)

9 comentarios

Archivado bajo viajes