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Mi primer triatlón

Antes pensaba que el triatlón era cosa de un puñado de locos o superdeportistas. Hasta que hace poco decidí tirarme de cabeza. He sido nadadora de niña, corredora de mayor y ciclista urbana. ¿Por qué no probar? Que mejor momento que en el Triatlón de Zaragoza, al lado de casa, en el Ebro, por los caminos por los que me gusta correr o pasear. Y me apunté a la modalidad “súpersprint” (350 metros nadando, 10 kilómetros en bici y 3 corriendo), asequible para novatos debutantes.

Tengo que reconocer que los días previos tenía mil dudas: sobre las normas, los materiales, las transiciones, el lenguaje propio que aún me suena a chino. ¿Cómo será nadar en el Ebro? ¿Y si hay siluros? ¿O algas? ¿Se corre en bañador o traje de neopreno? ¿Dónde empieza la prueba, en mitad del río? ¿Cómo cambio de nadar a ir en bici y de ahí a correr? ¿Dónde dejo la bici? ¿Cómo llevo el dorsal? ¿Hacen falta zapatillas especiales? ¿Me hago una coleta para nadar o me dejan un gorro? ¿Cuándo hay que ponerse y quitarse el casco de la bici? ¿Hay que comer o beber algo? ¿Hará frío? ¿Me pasará algo si bebo un trago de agua del Ebro? ¿Aguantaré bien?

Unas horas después de mi primer triatlón, he resuelto mis dudas y ya tengo ganas de apuntarme a otro. No vi barbos ni siluros en el Ebro, porque no se veía nada. Pero sí disfruté mucho nadando en el río. También saco algunas conclusiones: un triatlón es mucho más duro de lo que parecen las distancias; cuánto cuesta ponerse los calcetines y las zapatillas con los pies mojados; no pasa nada por echar un trago de agua del Ebro; los músculos de pedalear y de correr son distintos; voy en bici mejor de lo que pensaba; hay que entrenar bien las transiciones, y tengo que recordar bien dónde dejar la bici para no perderme la próxima vez.

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Al final, mi primer triatlón salió muy bien, con buen tiempo y una copica de tercera clasificada. Gracias a los ánimos de mis amigos jabatos, la bici que me prestaron, el tatuaje que me dibujaron mis hijas y mi tritraje molón de rebajas. Gracias a la organización y a Javier Gil, el primero que me animó a probar un triatlón.

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En qué pienso mientras corro

Salgo de casa y doy las primeras zancadas por el paseo Longares, al principio con un poco de pereza. Los primeros dos kilómetros son los que más me cuestan. Me gusta más el calor que el frío, el verano que el invierno, madrugar que trasnochar, las carreras largas que las cortas. ¿Voy hacia el Parque del Agua o hacia la Alfranca? Hoy me apetece más río abajo, es un camino más tranquilo y me gusta sentir que me alejo de la ciudad. Me gusta correr por caminos solitarios, entre maizales, junto al Ebro, mientras el perfil de la ciudad se va quedando atrás. Repaso mentalmente mi lista de recados: tengo que hacer la compra, ordenar ropas, terminar de una vez de clasificar las fotos de las vacaciones, hacer la comida, algo rico, contestar varios mails, actualizar el blog, devolver un libro en la biblioteca, darle vueltas a esa idea que me persigue para otra novela… Aparco lo demás y corro. Dice Murakami que correr maratones y escribir novelas son actividades parecidas, que requieren esfuerzo, concentración, constancia. En algún sitio leí que cuando uno empieza a correr no se plantea correr una maratón, simplemente surge. Hace dos años, no me atrevía a apuntarme a carreras de 10 kilómetros porque creía que no lo iba a aguantar. Luego, simplemente, llegó el momento. Disfruté y sufrí en mi primera maratón, hace unos meses, en Castellón, con mis amigos jabatos. ¿Dónde correremos la próxima? Porque sabemos que habrá una próxima.

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Foto de Ramón Ferrer, en el trail de Osán.

Sigo corriendo esta mañana de primavera. Voy a un ritmo cómodo, sin reloj. Me gusta correr por sensaciones, como nos decía Sergio, nuestro primer entrenador, nuestro guía jabato. ¿Y yo por qué corro? Corro porque me gusta, porque me sienta bien, porque me gusta correr sola y acompañada, porque corriendo he hecho grandes amigos, porque intento ir más allá, porque correr y volar se parecen, porque correr y escribir, como decía Murakami, son actividades complementarias. De pequeña quería ser escritora y jugadora de balonmano. Luego fui madre, periodista, escribí una novela y descubrí mi afición tardía por las zapatillas de correr. Me gustan unas moradas con las que corrí mi primera maratón. Mis hijas también tienen zapatillas de correr y dentro de poco correrán más que yo. Me gusta cuando vienen a animarme a las carreras, como la media maratón de Zaragoza, que pasa muy cerca de casa. O la llegada de la Roncesvalles-Zubiri, mi carrera preferida, por el Camino de Santiago. Cada vez disfruto más corriendo por el monte. Me encanta descubrir nuevas rutas por Cervera. Aún pienso si soñé aquel día del verano que se me cruzó un ciervo en el camino. Era real. Correr y soñar también se parecen. No sé qué hora es ni cuánto tiempo llevo corriendo. Ya veo las torres del Pilar arañando las nubes. Vuelvo a la ciudad y a mis quehaceres. Qué bonito está el campo en primavera. Cómo me gusta correr. Me acuerdo de una frase de Kilian Jornet: “No es más fuerte quien llega primero, sino aquel que disfruta haciendo lo que hace”.

PD. Este texto forma parte del libro “Jabatia: Y tú, ¿por qué corres?”, de Sergio Muro. Se presenta este sábado a las 11.00 en la feria del corredor de la Media Maratón de Zaragoza. Mientras, yo estaré corriendo por los montes en Boltaña, como buena jabata.

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Correr es una filosofía

“Se corre para demostrar valor, como hicieron los dioses y los héroes griegos, y como tantos otros que, día tras día, luchan para corregir los errores del destino. Se corre para recuperar la infancia, siempre en busca del tiempo perdido, de un oasis de pureza a la que aspirar, sin conformarse con la simple observación nostálgica. Se corre para mantener la libertad, más allá de los vínculos sociales y culturales, y más allá de los barrotes de cualquier prisión, ya sea imaginaria o real, mental o física. Se corre para dar más sentido a la vida, o para construirse una nueva hecha a imagen y semejanza. Se corre para probar emociones siempre más intensas, siempre más reales. Se corre porque se posee un punto de locura y porque, en el caos del mundo contemporáneo, se busca un pequeño remanso de soledad. Se corre para mejorar la salud y para poner a prueba el cuerpo. Se corre para conocer el dolor y para aprender a aceptarlo, en un constante ejercicio de determinación, hasta adquirir la resiliencia necesaria para hacer frente a cualquier obstáculo existencial”.

“Correr es una filosofía. Por qué corremos”, Gaia de Pascale, Duomo Ediciones

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Por las páginas de este libro corren los indios tarahumara, Hermes y Aquiles, Filípides, Kilian Jornet, Murakami, Forrest Gump, Zátopek, Eric Liddell y Harold Abrahams, Alan Sillitoe, Paula Radcliffe… Es un repaso histórico y filosófico del mundo de las carreras, que es mucho más que un deporte.

Una se pone un día las zapatillas y no sabe dónde le van a llevar. Mis próximas estaciones son Roncesvalles (este fin de semana) y Castellón. Mientras, sigo disfrutando de mis amigos jabatos, los sueños compartidos, las carreras de mis hijas, los trotes por la ribera al amanecer o al atardecer, los libros y las historias de corredores.

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(Descubriendo paisajes con mis zapatillas, este verano en Cantabria)

“No es más fuerte quien llega primero, sino aquel que disfruta haciendo lo que hace” (Kilian Jornet)

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Jabatia: El país de los corredores

¿Y tú, por qué corres? Me preguntó Sergio Muro uno de los primeros días que fui a entrenar con las chicas a la pista de la Granja. Casi dos años después, sigo buscando la respuesta exacta. Y mientras tanto he encontrado un grupo de amigos: los jabatos.

Sergio Muro es nuestro entrenador, nuestro amigo, un corredor atípico que va por la vida sin reloj y con la cabeza llena de sueños, un artista que pinta y hace performances. Ahora ha recopilado algunos de sus dibujos sobre ‘running’ en un librito: “Jabatia: El país de los corredores” (editado por Los libros de l(a) imperdible).

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Jabatia es un lugar onírico, un estado de ánimo, un grupo de amigos. Jabatia a veces está en La Granja, otras en cualquier pueblo en el que haya una carrera y otras en una terraza con una cerveza. En Jabatia hay abogadas, enfermeras, monitoras de gimnasio, mecánicos, jardineros, albañiles, fruteros, poetas, periodistas, maestros, artistas, bomberos, profesores, madrugadores, crápulas, cocineros, jabatillos…

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Correr se ha convertido en parte de mi vida. No tengo una respuesta exacta a por qué corro. No la hay. Como cuento en el prólogo del libro de Sergio, corro por varios motivos: para sentirme bien, para compartir afición con mis hijas, para conocerme mejor, para conocer gente maravillosa, para redescubrir los caminos de mis ciudad, para explorar nuevas sensaciones y nuevos paisajes, para buscar mis límites e intentar superarlos, para ordenarme las ideas y enredarme el pelo, para comer frutos secos o bizcochos caseros después de entrenar, para compartir sueños, para sonreír, para volar…

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El libro se presenta este martes a las 20.00 en el espacio La Suite (C/ Pignatelli, 86, Zaragoza)

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Mi primera media maratón

Para correr 21 kilómetros, hay que empezar paso a paso y disfrutar del recorrido. Yo empecé a correr más o menos en serio hace un año, con un grupo de amigos jabatos en La Granja (Zaragoza). Mientras nuestr@s hij@s entrenan a atletismo, nosotros también corremos, nos reímos, planeamos viajes y comidas.

Disfruto corriendo acompañada y sola por los caminos que rodean Zaragoza (o Cervera o Liencres… he empezado a llevarme las zapatillas de correr a los viajes). El siguiente paso fue apuntarme a alguna carrera: una de 4 kilómetros de las fiestas de San José, la de 5 km de la Mujer, la San Silvestre, una de 7, una de 10…

Y un día de verano me llamaron María y Sergio, vecinos de Urdániz (Navarra)  para avisarme de una carrera muy bonita que se celebraba en su valle el 5 de octubre. “¿Nos apuntamos?” “Vale” “Bien” “Bueno, ¿cuántos kilómetros son?”. “Es una media maratón por el Camino de Santiago”. “Ay…”. La carrera Roncesvalles-Zubiri quedó apuntada en mi agenda, con emoción y nervios que fueron creciendo los días previos. ¿Aguantaré 21 kilómetros corriendo? ¿Las cuestas serán muy duras? ¿Hay que comer durante la carrera? ¿Cómo se entrena para una media maratón?

Sin un entrenamiento muy específico, ahí nos presentamos Sergio y yo (y dos amigos más) en la salida, emocionados con el ambiente y un poco nerviosos ante el reto. En Roncesvalles caía una lluvia fina y hacía frío, pero los de la organización avisaron por megafonía de que luego saldría el sol. A las 11 echamos a correr. Es un recorrido muy bonito que discurre por el Camino de Santiago, entre prados, vacas, hayedos, peregrinos, riachuelos y muchos vecinos del valle animando a nuestro paso. “¡Aúpa, neska!” me decían.

Y los gritos de ánimo ayudaban a subir las cuestas y a volar en la bajada hacia la meta, en el puente de Zubiri. Al final, llegamos en menos tiempo del previsto; salió el sol; la familia nos esperaba en la llegada para darnos un achuchón tras nuestra primera media maratón; a mí me tocó una lata enorme de pochas en un sorteo; y luego disfrutamos todos de una comida popular en el pabellón de Zubiri.

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(Llegada en el puente de Zubiri. Foto del Diario de Navarra)

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 (Celebrando la llegada con Sergio, hijas y sobrinas)

Hoy me duelen un poco las piernas, pero estoy deseando apuntarme a la próxima.

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Formas de volver a casa

Las chicas aplauden cuando se vislumbra el perfil del Pilar llegando por la carretera (igual que hacíamos mi hermana y yo de pequeñas en el asiento de atrás). Se emocionan cuando pasamos junto a la piscina de Balsas, cuando vuelven a ver el cole todavía cerrado, y nuestra plaza, y sus habitaciones con sus cuentos y sus juguetes.

Nos gusta viajar y también volver a casa. Ahora quedan unos días para recuperar poco a poco nuestra rutina y nuestro espacio, ordenar las fotos de las vacaciones, preparar la vuelta al cole (Vega y Luna tienen que decidir si quieren mochila para Primaria de colores, del Barça o de superhéroes), y la vuelta al trabajo, montar en bici e ir a la piscina, repasar la lista de recados pendientes… Y echar de menos el mar.

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Reviso las fotos. En el álbum de estas vacaciones se mezclan en un collage colorido prados, amigos, moras, familia, nubes, sol, sidra, quesos, Los Secretos, el Pozo Largo, cachopo, estatuas de Oviedo, tarta de la abuela, helados, las playas de Arnía, Andrín y otras del Cantábrico, el mercadillo de Cervera, los Picos de Europa…

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(Carreras. Y cubos de Ibarrola, en Llanes)

Recojo los libros que me han acompañado este mes: “Correr”, de Jean Echenoz; “Lo raro es vivir”, de Carmen Martín Gaite; “Formas de volver a casa” (de Alejandro Zambra), y “La buena reputación”, de Ignacio Martínez de Pisón, con el que todavía estoy viajando. En todos han quedado frases subrayadas y esquinitas dobladas.

“Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla”.
(“Formas de volver a casa”, Alejandro Zambra)

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Domingo de carreras

Corro para llegar a tiempo al cole y al trabajo, para coger ese autobús 44 que se nos escapa, para no llegar tarde a una cita, para intentar compaginarlo todo. Y también corro por placer. Ya conté en el blog que últimamente me he aficionado al atletismo (aunque igual me vendría bien apuntarme a yoga o a alguna actividad más relajada).

Me gusta ir sola por la ribera, escuchando música, viendo el río, buscando mi ritmo. También me gusta correr acompañada. Los miércoles y viernes por la tarde nos juntamos un grupo de padres y madres corredores en la pista de La Granja. Vamos a acompañar a nuestros hijos. Mientras ellos entrenan, nosotros en vez de esperar en las gradas o en el bar, también corremos. Somos un grupo variado y divertido, la mayoría mujeres. Corremos, nos reímos, nos vamos conociendo, tenemos nuestro grupo de whatsapp (Miguel, a ver cuando probamos esos platos tan exquisitos que cocinas) y un gran entrenador, Sergio, atleta y artista.

¿Por qué corremos? Hay muchas razones, cada uno tendrá las suyas: por hacer deporte, para sentirnos bien, para marcarnos retos, intentar superarlos, pasar un buen rato, ser un ejemplo para nuestr@s hij@s, estrenar zapatillas, encontrar un grupo de amigos con quien compartir afición o tener un motivo para madrugar un domingo e ir a participar en una carrera popular en el Parque Grande:

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Con algunos padres y madres de la familia corredora de La Granja, después de la carrera 7k de este domingo.

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Los pequeños también han corrido, y muy bien.

PD Mamá, he comido un buen bocata para reponer fuerzas.

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