Archivo de la categoría: deportes

Mi primera ultra de montaña (Nafarroa Xtrem)

Los corredores de montaña están (estamos) un poco locos. Bendita locura. Me siento orgullosa y privilegiada por poder disfrutar de estos momentos. El sábado corrí mi primera ultramaratón de montaña: la Nafarroa Xtrem, 68 kilómetros, 4.000 metros de desnivel positivo. Aún estoy en una nube. O en un bosque de cuento. O subiendo al pico Saioa que se me hizo eterno.

Empiezo por el principio. ¿Cómo se me ocurre apuntarme a un reto así? Soy una chica de ciudad a la que le gusta la montaña. Y tengo una conexión especial con el entorno de Zubiri y sus montes. Mi hermana vive en el valle de Esteribar. Mi sobrina mayor va al cole en Zubiri. La carrera Roncesvalles-Zubiri fue mi primera media maratón hace cuatro años y es una cita fija en el calendario familar. En octubre, después de correr la Roncesvalles-Zubiri, vi un cartel de la Nafarroa Xtrem. Me llamó la atención, busqué fotos y vídeos, y me quedé prendada. ¿68 kilómetros? ¿Y si…?

El sábado 28 de abril poco antes de las 8 estaba en la línea de salida de Zubiri con muchas ganas y algunas dudas. Apenas he entrenado por la montaña, ¿aguantaré bien? ¿Lloverá mucho? Las previsiones meterológicas dicen que sí. ¿Debería haber traído bastones, y reloj GPS con el recorrido grabado? ¿Y si me pierdo? ¿Y si me tuerzo un tobillo? ¿Cómo me encontraré a partir del kilómetro 42? Nunca he corrido más de esta distancia… Mi hermana me da un superabrazo y salgo con los tatuajes de ánimo de mis sobrinos dibujados en las piernas. Enseguida los taparé con barro.

El primer pico en el camino es el Adi (1.456 metros), al que se llega tras atravesar un hayedal precioso. Los bosques de hayas tienen algo mágico. Corremos sobre alfombras de hojas que esconden enormes charcos de barro. La noche anterior ha llovido y el terreno está muy mojado. Voy sumando kilómetros y me encuentro bien. Como plátanos y frutos secos en los avituallamientos. En torno al kilómetro 30 nos espera el Saoia. Intuimos que el monte está ahí, pero no se ve nada. Nos tapa una densa niebla, sopla un aire gélido, no se ve nada. Me imagino las noticias: “Una corredora se pierde en el Saioa y tardan nosécuantas horas en encontrarla”. Pero no me pierdo. La carrera está muy bien marcada, sigo las banderitas clavadas en el suelo y las imágenes difuminadas de otros corredores. Después comienza un descenso precioso de varios kilómetros por el bosque. A ratos se cuela algún rayo de sol entre las hojas de las hayas. Me paro extasiada para hacer fotos y sigo corriendo. Disfruto como una niña.

Llegando al avituallamiento de Aritzu, en lo alto de una loma aparece mi amigo Pepelu. Su abrazo me emociona y me da fuerzas. Corro sola, pero en realidad corro acompañada. Por los amigos y familia que animan durante la carrera y en la distancia. Por otros corredores de Zaragoza con los que coincido en esta aventura (Paul, Laura, David, Fernando, Vlady, Layla, Ramón…). Por los voluntarios y los vecinos de los pueblos. En Aritzu como unos macarrones, relleno los botellines de agua, me llevo otro abrazo de ánimo y vuelvo al camino.

Me quedan los últimos 22 kilómetros, los que se me hacen más duros. Ya me empiezan a flaquear las fuerzas. Se me cargan los cuádriceps en las subidas y me duelen las rodillas en las bajadas. En el pueblo de Iragi vuelve a aparecer Pepelu, que se ha hecho un máster en el Pirineo navarro en un solo día. La última subida, al Baratxueta, se me hace llevadera gracias a la conversación de Pablo, un corredor de Pamplona. Hablamos de carreras, de montes y de hijos hasta que la pendiente ya no nos deja hablar más.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Ya solo me quedan unos kilómetros de descenso por caminos y senderos hasta llegar a la meta de Zubiri. Diez horas y 28 minutos. Séptima chica en la clasificación. Muy cansada y emocionada. Mis dudas resueltas: he aguantado, no ha llovido, no me he perdido, debería haber traído bastones… Y despido mi primera y creo que no será la última ultra de montaña.

Anuncios

7 comentarios

Archivado bajo deportes

Los cromos de las chicas

Cuando a nuestras chicas les empezó a gustar el fútbol preguntaban que por qué no salían partidos de fútbol de chicas en la tele. Ya salen. Desde hace unos cuantos años coleccionan los cromos del álbum de la Liga. Y también preguntaban que por qué no hay cromos de chicas. Pues ya tenemos. Su club, el Zaragoza Club de Fútbol Femenino acaba de sacar el álbum de cromos del club, con fotos de todas las jugadoras, desde las pequeñas del Benjamín hasta las de Primera División.

20171201_083525

Ayer les dieron el álbum en el entrenamiento y ahora vamos a ir completando las páginas. Ya tenemos los cromos de Vega y Luna. Y unas cuantas de su equipo Benjamín: Paula “Coco”, Mónica, Daniela, Lauri, la otra Vega. A algunas compañeras del año pasado que ahora están en el Alevín: Alicia, Noa, Ángela. Varias del Infantil que no conocemos. Varias del primer equipo de Primera División: Nora Sánchez (subcampeona de Europa con la selección sub-17), Naima García, Natalia Cebolla, la portera Oihana Aldai. A Salma Pallaruelo, del Territorial, a la que admiran mucho nuestras chicas porque es una atleta y futbolista de primer nivel que también ha sido convocada por la selección española sub-17. Al entrenador Alberto Berna. A ex jugadoras del club que han triunfado como Vero Boquete o Silvia Meseguer.

Ahora toca cambiar cromos. Seguir disfrutando de cada partido. Y aplaudiendo las iniciativas para fomentar el fútbol femenino.

Deja un comentario

Archivado bajo deportes, Zaragoza

La vaca o yo (corriendo por Torla)

La carrera de Os Foratos de Lomenás ya es una más de nuestro calendario jabato. Este año un grupo de amigos repetimos esta carrera de Torla aunque con recorrido diferente y algunas sorpresas en el camino. Empezamos a correr con guantes y acabaremos sudando en un día precioso y soleado en Ordesa. El otoño ya se nota en los colores de las hojas y en alguna cumbre divisamos nieve. Elisa, Sergio, Álex y yo nos apuntamos a la de 24, aunque luego no sé si han sido 25 o 28. Como corro sin reloj no lo sé.

En la previa de la carrera que hace Ramón Ferrer (un gran fotógrafo y cronista de carreras de montaña) decía que la favorita era Mónica Sáenz, así que me propongo intentar seguirla. Y salimos como balas del pueblo de Torla y cogemos buen ritmo en los primeros kilómetros. Sigo a un grupo, voy disfrutando del camino y de las vistas. Cruzamos el Ara por un puente de piedra y alguien delante se da cuenta de que nos hemos perdido. Puede ser que las señales de la organización no estuvieran muy claras. O que estuviéramos un poco despistados siguiendo al de delante o contemplando el paisaje. El caso es que nos hemos perdido, retrocedemos, probamos otro camino en busca de las señales rojas, pero tampoco. Finalmente desandamos nuestros pasos y encontramos a los corredores más listos que nosotros que no se habían perdido. Lo que hemos perdido es unos cuantos minutos y llevamos un extra de kilómetros en las piernas.

Empieza para mí otra carrera. Intento apretar un poco y adelantar a gente para recuperar el tiempo perdido, pero sin agobiarme. Decido disfrutar aún más del recorrido e incluso me paro a hacer fotos. El valle de Ordesa en otoño es maravilloso. El recorrido de la carrera es este año aún más bonito. Han alargado el recorrido y el camino nos lleva hasta los 1.900 metros del Collado de la Plana, con unas vistas espectaculares. Después toca una larga bajada hasta el pueblo de Torla, pasando por distintos terrenos: prados con agujeros, pista muy rápida y senda entre árboles.

20171029_113300

Antes me encuentro con una vaca parada junto al camino, nos miramos, me paro, me asusto un poco, pienso en mi madre que le tiene terror a las vacas, le hago una foto y paso despacio a su lado. Pienso que soy una privilegiada por poder estar ahí, en ese lugar tan bonito, corriendo, con la vaca mirándome, disfrutando de la montaña. Luego me dejo de reflexiones y bajo con todas las fuerzas que me quedan y la esperanza de coger aún a las que iban por delante. Y a un kilómetro del pueblo consigo adelantar a otra chica.

Llego tercera, feliz. En la plaza de Torla nos juntamos los jabatos: los de la carrera de 24 (Elisa, Sergio, Álex y yo), los de la de 14 (Pepelu, Rodrigo y Fran) y los que vienen a animar (Ana, Antonio, Silvia y los chicos). Cómo me gusta compartir estos momentos. Aún nos quedan las cervezas, las migas y un café. Y hacer planes para futuras excursiones o carreras.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

(Fotos jabatas y de Ramón Ferrer)

 

4 comentarios

Archivado bajo deportes

Benasque: mi primera maratón de montaña

Cierro los ojos y aún los tengo llenos de piedras, rocas, ibones, raíces, musgo, hojas, nubes, paisajes maravillosos y emociones indescriptibles. Acabo de correr mi primera maratón de montaña: la maratón de las Tucas, en Benasque (42 kilómetros, 2.500 metros de desnivel positivo). El Gran Trail Aneto celebrado el pasado fin de semana en Benasque es la gran carrera del Pirineo y una de las principales de España. En realidad son cinco carreras de diferentes distancias: desde los 12,5 kilómetros de la Vuelta al Molino de Cerler a los 105 del Gran Trail. Entre los 3.500 participantes hay titanes de la montaña y muchos corredores anónimos que nos enfrentamos por primera vez a esta aventura.

¿Quién nos iba a decir, Marisa y Sergio (mis compañeros en esta aventura maravillosa), que un día correríamos 42 kilómetros por alta montaña? Pues ahí estábamos el sábado a las 9.00 en la avenida de los Tilos de Benasque con otros mil corredores de la maratón de las Tucas. No corremos solos, corremos acompañados por los amigos que nos animan en Benasque y durante el recorrido, por los familiares que están lejos, por los desconocidos con los que compartimos los buenos y malos momentos durante unas cuantas horas.

Nuestra carrera empieza cuando el sol ya ilumina las cumbres más altas del valle. Después de hacer un pasillo -con la piel de gallina- para los tres primeros corredores del Gran Trail que llevan toda la noche corriendo y pasan por Benasque poco antes de nuestra salida. Y empezamos a correr. Llevo una mochila pequeña y los tatuajes de mis hijas en los brazos. El primer tramo transcurre por el valle de Estós. Pasamos junto a la cabaña del Turmo (la de la canción de los Celtas Cortos) y seguimos hacia el refugio de Estós, primer punto de avituallamiento. Descanso un poco, como plátano y membrillo, relleno los botes de agua y bebida isotónica, les pido a unas voluntarias que me hagan fotos. Es como si aún no me creyera que estoy ahí, corriendo mi primera maratón de montaña. Sintiéndome un poco Kilian Jornet.

Desde el refugio de Estós nos dirigimos al Collado de la Plana (2.708 metros de altitud), punto intermedio de nuestra maratón. Pasamos junto al ibón de Batisielles y ahí empieza lo peor. Los últimos kilómetros de subida son duros, con mucho desnivel y muchas piedras. Llega un momento que es imposible correr: caminamos y hasta trepamos por las rocas. A veces paro solo para recuperar el resuello y contemplar las vistas. Es imponente.

20170722_112903

En el ibón de Batisielles.

Los mapas engañan un poco. Viendo el perfil sobre el papel parece que una vez llegado al Collado de la Plana, solo queda bajar, parece fácil. En realidad nos quedan unos cuantos kilómetros de bajada técnica y difícil hasta el refugio de Ángel Orús. Apenas se puede correr. La bajada es peligrosa para los que no somos expertos en montaña. Me duele la rodilla izquierda. Saltando un riachuelo me resbalo y acabo dentro del agua helada. El resto de la carrera la haré con los pies mojados. Por un momento pienso que qué hace una chica de ciudad en un sitio como este. El pensamiento dura poco. Me siento una privilegiada. Allá abajo veo el refugio y siguiente avituallamiento. Se me pasa el dolor de rodilla. Los voluntarios nos animan, nos dan comida, bromean. Los voluntarios son encantadores durante toda la carrera y todo el fin de semana.

Tras comer un par de sándwiches y más membrillo, vuelvo a correr (ahora sí) cuesta abajo rumbo al pueblo de Eriste. Hay tramos que siento que vuelo. Me acuerdo de la frase que nos había dicho antes nuestro amigo Pepelu: “Si llegas a Eriste, resiste”. Llego con energías renovadas, los vecinos nos aplauden a los corredores desde las ventanas, veo a mis amigos esperando en el puente, sus ánimos me dan un subidón. Descanso un poco y empiezo la última etapa de la carrera: la subida a Cerler y descenso a Benasque.

Las piernas pesan, me cuesta correr. Allá abajo se ve el pueblo, se oye la megafonía de la meta. Paro a coger una piña y una flor morada (que luego se me deshace en la mochila). Llego a las calles de Benasque con un nudo en la garganta. El público nos hace un pasillo a los corredores. Los últimos metros son sobre una alfombra roja. Se me han olvidado las dudas, el cansancio, los pies mojados, el dolor de rodilla. Cruzo la meta 6 horas y 47 minutos después (sexta en la clasificación) y siento una alegría inmensa.

Me queda esperar a que lleguen mis amigos. Antes aplaudimos la llegada del francés Frederic Laureau, ganador del Gran Trail con récord de la prueba. Durante toda la tarde, toda la noche y la mañana del domingo siguen llegando corredores a la meta de la avenida de los Tilos. Benasque se llena de abrazos y emociones compartidas. Prometemos volver.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

(Este artículo se ha publicado el 25 de julio en Heraldo.es)

3 comentarios

Archivado bajo deportes, viajes

Boltañeros

“Qui podese, como o viento, ferse sentir
d´aquí t´alla, volando por todo o país;
de Campodarve ta Sieste, bufar bufar,
pa que no quede ni una casa sin rondar”

La Ronda de Boltaña lleva 30 años cantándonos canciones de la montaña. O viento rondador es una de las primeras. O viento rondador es también el nombre de una carrera preciosa en el entorno de Boltaña. Por segundo año, un grupo de amigos jabatos nos apuntamos a pasar un fin de semana de monte y risas. Somos unos cuantos repartidos entre las tres distancias (11, 24 y 42 kilómetros). La salida y la meta son en la plaza mayor del pueblo, centro de muchas emociones.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

“Sube a Ascaso y verás un reloj de sol
que dicen que marca el tiempo de la gente que marchó;
de coloricos pintado en una pared,
como yo espera el día de verlos volver”

Los corredores rondadores de la de 24 kilómetros salimos a las 8.30 de la plaza de Boltaña. Después de unos primeros kilómetros de pista y senda, llegamos a Ascaso, el pueblo del reloj de sol y que en verano organiza “la muestra de cine más pequeña del mundo”. Ahí empieza la subida dura de verdad. Paso a paso, andando porque es imposible correr cuesta arriba, llegamos a la cima de Nabaín (1.650 metros). Ahí los rondadores enmudecemos ante la belleza de las vistas. Y cogemos aire para una bajada de vértigo de 5 kilómetros hasta Jánovas.

La Ronda de Boltaña nos ha cantado y contado muchas veces la historia triste de este pueblo al que mató una pantano fantasma. Pero esta es una carrera muy alegre. Al paso por Jánovas los voluntarios y el público nos animan y nos aplauden (entre ellos, mis padres y mi sobrino Ibon). Los boltañeros seguimos después junto al Ara, agarrados a cuerdas para no caer al río. Las carreras de montaña son muy especiales y no se parecen en nada a una carrera por asfalto siguiendo ritmos y liebres. Aquí sigo corriendo por un sendero, a ratos acompañada por otros corredores y a ratos sola, disfrutando del silencio, del sol que se cuela entre las hojas de los árboles, las piernas ya cansadas.

“Que el viento rondador
lleve mi canción a Sieste, Ascaso, Espierlo y Aguilar,
a Muriello y Margudgued,
a Campodarve también,
a Seso y Silves para terminar”

Pasamos junto a Seso, ya nos queda poco a los de 24. A lo lejos se ven las casas de Boltaña, recorremos el último tramo (aquí sí se puede correr, ¿verdad, Dani?) junto al Ara. Pasamos por la puerta de nuestro camping, cruzamos el río y emprendemos la última subida (¡ayy!) por las calles del pueblo. Me animan unas vecinas desde la puerta de su casa. Veo a Anica en la última curva. Y cruzo la meta 3 horas y 12 minutos después. En la plaza me esperan mis amigos jabatos, mis padres e Ibon.

Nos abrazamos, nos contamos la carrera, algunos ya han empezado con las cervezas. Luego metemos los pies en el río. Esperamos a Sergio (¡qué valiente, 42 kilómetros y más de ocho horas corriendo por la montaña!), comemos, brindamos, reímos y prometemos volver.

Gracias a la gente de Boltaña por una carrera maravillosa. Gracias a mis amigos jabatos (Marisa, Sergio, Pepelu, Marta, Dani, Ángel, Antonio, Silvia y los pequeños) por estos momentos.

11 comentarios

Archivado bajo deportes, viajes

Mi maratón de Zaragoza

Me pidieron en el Heraldo de Aragón que contara cómo se vive una maratón desde dentro. Esta es mi crónica personal de la Maratón de Zaragoza, que se publicó en el periódico el 9 de abril:

Crónica HA papel maratón

42 kilómetros contra el viento y con el corazón

¿Tiene sentido correr 42 kilómetros una mañana fría y ventosa de domingo? Si lo pienso con la cabeza, no lo tiene. Pero una maratón se corre con el corazón. Así que la mañana del domingo 2 de abril salgo de casa aún de noche preparada para correr la maratón de Zaragoza. Es la segunda en mi corta carrera de corredora aficionada (la primera fue hace año y medio en Castellón) y la primera en casa. Llevo mensajes de ánimo pintados en el brazo (“No te rindas nunca mamá”, “Eres la mejor mamá”, “Tú puedes”, “Corre, Flor, corre”) y cuatro geles en el bolsillo de las mallas. Quedamos un grupo de amigos jabatos en Tenerías. Compartimos abrazos y nervios, y nos dirigimos a la plaza del Pilar.

Sigue leyendo

9 comentarios

Archivado bajo deportes, Zaragoza

Corredora de lunes

Empecé a correr hace más de tres años en el parque de la Granja. Y por ahí seguimos los miércoles y los viernes. Con la excusa de los trotes y las series hemos hecho un grupo de amigos jabatos. Compartimos entrenamientos, carreras, cervezas, excursiones y planes sin zapatillas. Desde hace unos meses, también corro sola los lunes por la tarde. Llevo a Vega a entrenar a la pista del CAD (en el barrio del Actur, casi al final de la línea del tranvía) y yo le espero corriendo por el Parque del Agua.

Me gusta correr por el Parque del Agua. Me cruzo con corredores, andarines, paseadores de perros, ciclistas, fotógrafos, hortelanos, patos. Los días más fríos del invierno no me cruzo casi con nadie. Un día me adelantaron Toni Abadía y Carlos Mayo. Estuve tentada de parar a aplaudirles pero soy muy pudorosa y seguí corriendo. Me gusta correr junto al río y ver cómo el sol se esconde más allá de la estación intermodal. Me gusta comprobar que cada tarde desde diciembre vamos ganando unos minutos de luz. Y que ya se ven los primeros brotes de primavera.

A las siete en punto vuelvo a recoger a la corredora benjamina. En el vestuario, Luisa me pregunta por el entrenamiento y los ritmos (Luisa Larraga, la gran campeona, una entrenadora detallista y una mujer muy cercana). No llevo pulsómetro, no me gusta correr mirando el reloj. Le cuento que las sensaciones son buenas. El próximo lunes le contaré que el cielo estaba precioso, un estallido de rojos y morados que se ha ido oscureciendo conforme daba vueltas por el parque. Y que me siento una privilegiada por disfrutar de estos momentos.

parque-agua1

7 comentarios

Archivado bajo deportes, Zaragoza