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Seis años volando

Mi blog acaba de celebrar su sexto cumple. Me balanceo entre pequeñas historias, sueños, libros, carreras, películas. Me gusta tocar la tierra y rozar las nubes con la punta de los dedos. Me gustan los abrazos y las risas. Me gusta subirme a los árboles, volar en globo y en hamaca.

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¡Feliz 2017!

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Como pez en el agua

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“Déjate caer”, óleo de Rosa Balaguer, de la exposición “Como pez en el agua”

“Cuando tengas miedo, ante los mares de dudas… salta. Lánzate a la piscina. Salta sin mirar, porque hay cosas que sólo se ven con los ojos cerrados”, propone Rosa Balaguer.

Me gusta que empiece el verano y acabe el cole todo en el mismo día. Me gusta el sol, nadar, bucear, saltar olas. Me encantan los óleos de Rosa, una sirena disfrazada de madre, pintora, corredora y periodista. Su exposición “Como pez en el agua” se puede ver en el Centro de Historias de Zaragoza hasta el 17 de julio. O en su web, donde los dibujos se acompañan de canciones y textos deliciosos.

¡Feliz verano!

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La era está pariendo un corazón

Silvio es una cinta de cassette con 18 años llena de sueños, nubes y flores. Un CD de Ainhoa o Mari Carmen en el piso de Barcelona. Es “la era está pariendo un corazón” cantada con mi hermana a dúo, desafinando mucho, como hacemos nosotras con las buenas canciones. Es Cuba, Nicaragua. Es la ternura de los pueblos, que diría Gioconda Belli. Es un unicornio azul que no sé descifrar pero que me emociona mucho. Es la solidaridad y la esperanza. Es la cara de mis compañeros más jóvenes en el periódico cuando publicamos la noticia del concierto: “¿Silvio.. qué?”. Es un ojalá, una luz cegadora, un disparo de nieve. Es una mujer con sombrero o un trovador con gorra anoche en el Príncipe Felipe. Es mi amiga Mónica, que de vez en cuando me lleva de conciertos. Qué bonito el de ayer de Silvio Rodríguez en Zaragoza.

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Silvio Rodríguez con su guitarra, anoche en Zaragoza. Foto de Guillermo Mestre.

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Primer día de danza

Le acompaño en su primer día. Creo que estoy más nerviosa que ella aunque lo disimulo. En el vestuario se pone el maillot lila, la falda morada, los zapatos, la cinta en el pelo. Se mira orgullosa en el espejo, parece mayor. Hoy le toca primero danza española y luego clásica. Recorremos un poco perdidas el edificio. La luz de la tarde entra por grandes ventanales. Qué bonitos son estos días de final de verano y principio de otoño. De estrenar curso e ilusiones. Por los pasillos van y vienen chicas y chicos con maillots, mallas, punteras, sonrisas. Yo no sé hacer moños ni andar con tacones, pienso. A lo lejos se oye un piano. En las paredes hay fotos de alumnos de otros cursos y de espectáculos de danza. La belleza de un instante: una zancada, un salto, un gesto. Viene la profesora a buscar a los alumnos de 1ºA y se alejan escaleras arriba. La falda le queda un poco grande, se la recoge para no pisarla. Lara se marcha sonriente, concentrada, los ojos muy abiertos. No sé dónde llevará esta puerta, pero es un día muy emocionante.

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(Conservatorio municipal profesional de danza de Zaragoza)

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De Creaciones Jiménez a Cabo Lupita

Hace cincuenta años, cinco hermanas (y sus maridos y un hermano) abrieron un taller de confección en Cervera del Río Alhama (La Rioja): Creaciones Jiménez. Primero cosían en casa y luego compraron un edificio en la calle Mayor. La empresa fue creciendo y llegó a dar trabajo a 15 o 20 personas del pueblo. Se dedicaban sobre todo a confección infantil, prendas de abrigo y vestidos, que vendían a tiendas del norte de España. Acudían a ferias para ver tendencias y Margarita era la que más se encargaba de diseñar los modelos. Varios hijos de Milagrosa (la hermana pequeña) y Pedro también echaban una mano en verano preparando pedidos. En los últimos años, los nietos lucíamos los abrigos nuevos cada temporada y jugábamos con los montones de retales. Creaciones Jiménez duró hasta finales de los años ochenta, cuando los socios se fueron jubilando.

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(Trabajadores y familiares de Creaciones Jiménez, a principios de los años 70, en el edificio de la Confección)

Cincuenta años después, las hermanas Urbina-González (nietas de Milagrosa y Pedro) acaban de abrir su propia firma de moda: Cabo Lupita. Son unas jóvenes emprendedoras con mucha energía, buenas ideas y buen gusto. Su filosofía se basa en diseños originales, edición limitada y fabricación nacional. Ellas han diseñado los modelos y estampados, han comprado las telas a un fabricante de Igualada, han encargado la confección a un taller de Mataró y la serigrafía a otro de La Coruña. Acaban de lanzar su primera colección. Venden sus prendas por internet, en ‘pop-up stores’ y mercados de diseño. Ya han presentado su primera colección en Madrid y Barcelona. La próxima semana, Cabo Lupita se vestirá de largo en Logroño.

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(Las creadoras, Marina y Ana Urbina, en la presentación de Cabo Lupita en el espacio Cadàver Exquisit, en Barcelona)

¿Y por qué “Cabo Lupita”?, les pregunto a las artistas. “Buscábamos un nombre que uniera nuestro interés por la iconografía soviética, la gimnasia rítmica, las referencias espaciales, el punto nostálgico de las rancheras… En nuestro imaginario, Cabo Lupita es un lugar del Globo desde el que despega nuestro proyecto”, cuentan.

¡Buen despegue y largo viaje a Cabo Lupita!

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Mr Bojangles bajo el Puente de Hierro

El señor de Helios (el que vivía a la orilla del río, antes de la crecida, dentro de una especie de túnel, entre cachivaches y mapas con chinchetas de colores) aún no ha vuelto. En mis carreras dominicales sigo vigilando la ciudad. Ahora que el Ebro ha bajado un poco, el que sí que ha vuelto es otro señor que vivía bajo el Puente de Hierro. Su campamento está más ordenado: una tienda iglú, una mesa, tres sillones y tres sillas (serán para los invitados).

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Últimamente cuando paso trotando a su lado, canturreo el principio de “Mr Bojangles” (me gusta la versión country de The Nitty Gritty Dirt Band). Y me imagino que el señor Bojangles va a salir en cualquier momento de la tienda de campaña, con su perro, sus zapatos desgastados, su pelo plateado, su sombrero aún elegante. Yo le pediré que me cuente su vida. Él se abrirá una lata de cerveza y empezará a bailar.

PD Leo en un blog (Las historias de nadie) que Mr Bojangles fue un bailarín y actor de cine norteamericano de principios del siglo XX. Años después, un vagabundo adoptó ese mote y le contó su vida a Jerry Jeff Walker en una celda que compartieron un 4 de julio de 1965 tras unos disturbios callejeros en Nueva Orleans. En 1968, Walker escribió esta canción tan bonita tantas veces versionada, por the Nitty Gritty Dirt Band, Nina Simone, Dylan, Sammy Davis Jr, Tom Jones, Whitney Houston… Gracias, Chema, por enseñármela.

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Barcelona-Düsseldorf

Mi primer viaje en avión, a los 10 años, fue un vuelo Barcelona-Düsseldorf. Iba con los compañeros del Colegio Alemán a un campamento en Hinsbeck. Ayer lo recordamos en el grupo de whatsapp. Y me sentí pequeña y vulnerable. Y me quedé sin palabras. Me pasa ante estas noticias de catástrofes, accidentes, atentados. Cuando ocurren lejos, nos creemos protegidos por la distancia. Cuando pasan cerca, en este lado del mundo, a personas que conocemos o podríamos conocer o incluso podríamos ser nosotros mismos, nos sentimos muy indefensos. Nos damos cuenta de que no somos invencibles. De que un segundo cambia la vida. Hoy leo las noticias. Pienso en el dolor de las familias. En las preguntas sin respuesta. En esa madre y su bebé que viajaban en el avión. En esos estudiantes alemanes que volvían a casa después de un intercambio escolar. En ese pasajero que cambió su billete a última hora y salvó su vida. Recuerdo aquel vuelo Barcelona-Düsseldorf de 1988. Y sigo buscando las palabras.

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(Tareas de rescate en los Alpes franceses. AFP Photo)

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Sólo si me das un beso

La primera vez que escuché a Ismael Serrano fue en un cassette que trajo Ainhoa grabado en algún bar de Valencia. En mi habitación del piso de estudiantes de Barcelona rebobiné aquella cinta una y otra vez. Ya estaban ahí algunas de las canciones que después me han acompañado en tantos viajes, tantos sueños, tantos momentos, en tardes de domingo y verbenas de verano, en noches de fiesta y en noches de desvelo. Cuántas veces hemos cantado mi hermana y yo a voz en grito, desafinando mucho, “Papá, cuéntame otra vez…” o “Vine del norte” con mi prima Marina. Han pasado casi dos décadas, unas cuantas canciones, unos cuantos conciertos, tres hijas, atardeceres inolvidables, algunas arrugas. Sigo leyendo a Benedetti, aún tengo el pañuelo palestino guardado en algún cajón. Y hoy toca concierto.

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(Prueba de sonido antes de un concierto. Imagen de la página de Facebook de Ismael Serrano)

Esta noche, Mónica, cantaremos las viejas y las nuevas, volveré a imaginar que camino por La Alameda tarareando a Jara, que cerramos los bares, subimos a los trenes, soñamos revoluciones. Nos uniremos a “La llamada”, esa que pide “que el miedo cambie de bando, que el precariado se haga visible, que no se olviden de tu alegría. Que la tristeza, si es compartida, se vuelve rabia que cambia vidas”. Y me volveré a emocionar con mis canciones de siempre. Porque yo a veces también siento vértigo que el mundo pare y me afectan las cotidianas tristezas, las de los supermercados, la del metro y las aceras, también las que me quedan lejos, las de los secos desiertos, las de las verdes selvas. También me pregunto qué andarás haciendo ahora. Me acerco a los 40 y a veces siento que apenas sé nada de la vida. Sé, pequeña criatura, que la esencia más pura va en frasco pequeño.

“Déjate de historias, súbete ahí, y cántame una de Silvio”.
“Sólo si me das un beso”, y todos cantaron conmigo…

(“Vine del norte”)

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El año de las golondrinas

Creo que es imposible resumir un año en una palabra, una imagen o una portada de periódico. Pero como estas fechas toca hacer balance y mi blog celebra su cumple (ya va por su 4º aniversario), yo también escojo una.

Para mí ha sido el año de las “golondrinas”. Presenté mi primera novela en junio (“El refugio de las golondrinas”) y ahora sigue volando gracias a vuestras lecturas, comentarios, recomendaciones, fotos. Cuando hace años empecé a tomar notas en mi libretita, no podía ni siquiera soñar que un día esas palabras se convertirían en personajes (casi) reales con forma de novela. Ahí están Martin, Dimitri y Paco, María, Rafael, Helena y Diego, Mario y Luz, la plaza, la torre, el chico que miraba la torre… Brindo con ellos y con vosotros.

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(Mis golondrinas viajeras en la playa de Nules. Foto de Carme Ripollés)

Yo, como mis golondrinas, aún no sé si quiero refugiarme en la plaza o volar a países lejanos. O las dos cosas. Mientras, sigo escribiendo, que es una manera de viajar, de vivir, de observar, de ser.

Que el próximo año nos traiga más historias, abrazos, sonrisas, viajes, pequeños momentos, reencuentros, libros, conciertos, cafés, carreras…

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Qué fue de Liz Renay y los otros

Voy a compartir una anécdota familiar y un misterio, que espero que me ayudéis a resolver:

Hace más de un mes, en la víspera del día del Pilar, íbamos un grupo familiar buscando un sitio para cenar en Zaragoza. Caímos de casualidad en una taberna del Casco (La bodeguita de Nicamó, en la calle Predicadores), donde nos ofrecieron una mesa libre en un salón. Nos llamaron la atención las sillas. Cada una tenía un nombre pintado detrás, como si fuéramos directores de cine: Ellene Tieppolo, Stefano Sacco, Umberto Santi, Joe Spattaro, Danny Driscell, Paolo Peccino, Liz Renay, Girolamo Greco, Jane Murray, Luca Liotta, Felicce Lappa…

Alguien dijo que parecían nombres de actores italianos o de músicos. Nuestra curiosidad fue creciendo y le preguntamos a la camarera por los nombres. No sabía quiénes eran. La chica llamó al dueño, que tampoco tenía ni idea. Nos explicó que había comprado las sillas de segunda mano y que no sabía el porqué de los nombres. Quedé encargada por la familia de averiguar quiénes eran y explicarlo después a los comensales. Parecía tarea fácil, Google o Wikipedia lo resolverían en un momento.

Pero no. Ha pasado más de un mes y yo tampoco tengo ni idea. He perdido un poco de tiempo buscando su rastro en Internet. Sólo he encontrado información de Liz Renay, una mujer con una vida apasionante, dramática y triste, según cómo se mire. Leo en Wikipedia que fue escritora, actriz, delincuente, novia de gángsters, se casó siete veces, pasó dos años en la cárcel y se murió a los 80 años en Las Vegas.

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De los demás no hay nada claro. Algunos nombres ni aparecen en Internet. Y de otros sólo he encontrado referencias difusas (una web de veteranos de guerra de EE.UU, una irlandesa que emigró a Sudáfrica en el siglo XIX, un campeón de kickboxing, un restaurante italiano en Viena, una abogada de Ontario…). Pero no veo ninguna conexión entre ellos ni por qué han llegado a las sillas de una bodega de Zaragoza. No sé si son mafiosos, pintores del Renacimiento, personajes de una novela, actores de una película que nunca llegó a estrenarse, un grupo de amigos que quisieron gastar una broma…

Me gusta pensar que donde no llega Google, puede llegar la imaginación. Se aceptan ideas.

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El profesor Figols se jubila

Ser la hija del Figols imponía en el colegio. Una sentía que los mayores admiraban o temían al profesor de Física y Química. A mi hermana y a mí nos hacían bromas en el patio y por los pasillos. Y alguno hasta nos pedía un aprobado.

Mi padre entró a trabajar en el Colegio Alemán un mes antes de que yo naciera. En estos 37 años, yo he crecido un poco y él ha pasado por varios institutos y destinos laborales: Andorra, el sindicato STEA, Valderrobres, el Pablo Serrano de Las Fuentes y Belchite. Recuerdo especialmente su paso por el Matarraña y su piso en Torre del Compte  (que incluso sirvió para acoger a un fotógrafo y una redactora del Heraldo –servidora- una noche de tormenta apocalíptica, riada y carreteras cortadas; pero ésa es otra historia que no viene al caso). Ahora que el profesor Figols se jubila, echamos la vista atrás y nos emocionamos, aunque no lo reconozcamos mucho.

Le hemos preguntado a sus compañeros y ex alumnos, y nos han contado cosas muy bonitas de él. Nos han hablado de su compromiso, sus enseñanzas, sus experimentos, sus consejos, sus chalecos, su ironía, las excursiones al campo, los viajes de estudios, aquel curso que se subió a unos zancos o cuando trajo un globo aerostático.

“Era el de Química, y tenía un aire taciturno y cordial cuando entraba o salía del laboratorio en que se guarecía. Entonces todavía hablábamos en claustros y asambleas, y él tenía un cierto aire de internacionalista no tanto por el chaleco y el resistirse a la moda, sino por esa fe extraña que algunos demuestran en el género humano. Parecía creer en el Magisterio, en nuestra labor, y lo que es más raro, parecía sentir que los profesores éramos una clase social unitaria cuya dignidad debíamos defender”, cuenta Ignacio, compañero suyo.

Además de recopilar recuerdos, ahora es momento de celebraciones. En nuestra familia nos encanta buscar cualquier excusa para reunirnos para una comida con chiquillos y jaleo, sea en Cervera, Logroño, Zaragoza, Pamplona o, como este fin de semana, en Urdániz. Ayer celebramos la jubilación del profesor Figols. Comimos muy bien, soplamos entre todos 60 velas, y él recibió sus regalos en forma de gallinas, libro, cuadro y aparato tecnológico.

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No me puedo imaginar cómo será mi jubilación ni cuántas redacciones habré pisado cuando llegue ese momento. Pero sí sé que cuando sea mayor quiero ser sabia, exploradora, viajera, inteligente, emprendedora, comprometida y solidaria como el profesor Figols, como mi padre.

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La chica de la ventana

El té se le habrá quedado frío, hace ya por lo menos media hora que lo tiene encima de la mesa, ni lo ha probado. Está sola, dijo que esperaba a alguien. Podría llamar por el móvil. Pero no parece impaciente. Ha estado un rato haciendo crucigramas. Ahora lee un libro. ¿Qué lee? Me ha parecido poesía. ¿Le gustará Bukowski o Gioconda Belli? Qué bien le queda el pelo recogido, ligeramente despeinado. Dos mesas más allá dos señoras no paran de hablar en voz alta, ríen despreocupadas, beben cervezas. ¿A quién esperará la chica? ¿Tiene novio, marido, amante? Dijo que esperaba a alguien, no dijo que fuera a venir esta noche. Solo dijo: estoy esperando. ¿A quién o a qué espera? ¿Y si le ofrezco tomar algo mientras tanto? ¿Otro té, una sopa caliente, una copa de vino? Esta mañana ha nevado, fuera hace mucho frío. Mi turno tras la barra acaba en una hora. Me esperan en casa. Tal vez cuando vuelva mañana, ella todavía esté en la mesa del fondo junto a la ventana, leyendo, esperándome.

Luces mínimas. Kiev. María Torres-Solanot

Luces mínimas (Barrio de la ópera de Kiev). Imagen de María Torres-Solanot.

Vivimos en un mundo saturado de imágenes fugaces. A veces hay una foto o un momento que se me quedan grabados y me acompañan durante días, mientras camino por la ciudad, mientras corro, mientras espero, mientras hago otras cosas. Me ha pasado esta semana con esta imagen que podría ser un cuadro de Hopper o una foto de María Torres-Solanot. Una cafetería o una biblioteca. Kiev o Zaragoza. Verano o invierno. Aquí o allí. María acaba de volver de Kiev y ha colgado algunas de sus fotos en la web Mapa de retratos. Sus fotos cuentan historias. Huelen a leña, a sopa, a café recién hecho, a flores frescas, a tristeza, a esperanza, a frío, a calor.

Llevo días mirando su foto y preguntándome qué fue de la chica de la ventana.

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Bajo el puente

No me gustan los muros, las fronteras, las vallas con cuchillas. Cuando veo las fotos de los inmigrantes que intentan (y algunos lo consiguen) llegar a Ceuta o a Melilla, esas miradas de desesperación o de alegría, de hambre o esperanza, cuando veo esas fotos, se me encoge el corazón. No soy ministra del Interior ni me dejarían serlo, no sabría cómo gestionar la política migratoria. Creo que no hay recetas mágicas más allá de la educación, la solidaridad, la cooperación con los países de origen.

Hoy, en el Día Mundial contra el Racismo, recomiendo una exposición de fotos: “Bajo el puente”, de la fotoperiodista Judith Prat. Se expone esta semana en la Casa de las Culturas de Zaragoza. Judith retrató la vida cotidiana de un grupo de magrebíes que viven bajo el puente de la desembocadura del Huerva en Zaragoza, a diez minutos de la plaza del Pilar. Sus fotos reflejan muy bien la dignidad de la vida cotidiana. En la orilla del río, bajo el puente, se afeitan, hacen café, celebran la Fiesta del Cordero, juegan a fútbol o a los dardos, sobreviven y esperan a que las cosas cambien algún día.

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(Imagen de Judith Prat, de la exposición “Bajo el puente”)

Unos viven bajo el puente, otros en casas en las que hace mucho frío, de alquiler o en pisos hipotecados, como nosotros, unos trabajan y otros están en paro, como nosotros, quieren lo mejor para sus hijos, igual por eso vinieron, y lo mejor para sus padres, como nosotros.

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Primavera astromántica

Últimamente, soplan aires de primavera:

Los ciruelos en flor de nuestro barrio, el sol, la primera horchata, un día espléndido en la nieve para despedir el invierno, un concierto de Love of Lesbian, carreras por el parque de La Granja y por la ribera del Ebro, tardes más largas, los parques llenos, las bicis, las terrazas, quitarnos los abrigos por unos días (aunque todavía no los guardamos en el armario), empezar a pensar en el verano, contar los días para el primer cumple de Ione, y para el Día del Libro…

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Sí, ya sé que volverá el frío y aún falta mucho para el verano, pero vamos a disfrutar de estos días y estos aires. Y dejo una canción para sonreír y volar:

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