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Desde mi ventana

Lo primero que hago cuando me levanto es salir a la terraza del salón y mirar nuestra calle aún a oscuras. A veces veo pasar a alguien que supongo que va a trabajar. Alguna furgoneta de reparto. Un paseante muy solo. Aún no han salido los de los perros. Algunos coches por la calle de Marqués de la Cadena. Una bici aparcada en el mismo sitio desde hace mes y medio. Se oyen pájaros. Los plataneros de la calle empezaron la cuarentena sin hojas y ahora han crecido tanto que casi tapan las terrazas del cuarto en el bloque de enfrente. Por las tardes saludo a Nieves, del primero, entre el follaje. Es la única vecina de enfrente a quien conocía de antes del coronavirus; ahora siento que nos conocemos todos un poco más. Miro al cielo azul oscuro, a las persianas de las casas aún bajadas, las de los bares cerradas desde hace mucho tiempo. Repaso el día anterior, pienso en la película que vimos anoche, en un artículo que leí por ahí, en una conversación que se nos quedó a medias. Imagino el día que empieza, intentaremos que cada uno tenga algo de especial. En este encierro hemos creado nuestras propias rutinas. Hemos recuperado la mesa grande del salón para las comidas familiares y los juegos. Por la mañana, deberes; por la tarde, sobremesa, lectura, las chicas graban vídeos e inventan juegos, sobre las siete salimos a hacer ejercicio a la terraza y luego aplaudimos. Después cena y película o serie. Nos gustó mucho ‘La línea invisible’, ahora estamos con ‘Hierro’. Ya no cabemos los cinco en el sofá. Yo me tumbo sobre un cojín con forma de donut gigante que ganó Luna a los dardos en las fiestas de Santa Ana. A las chicas les gusta mucho estos días revisar en el ordenador fotos de cuando eran pequeñas. El tiempo vuela con ellas, Chema.

Lo segundo que hago, mientras tomo tranquila café y tostadas, y dejo que la radio me vaya despertando, es mirar las fotos de Mari Carmen en Instagram. Carme Ripollés es fotoperiodista y publica cada día un reportaje fotográfico del confinamiento que titula “Desde mi ventana”. También es mi amiga desde hace 20 años. Veo su vida desde su ventana, en Castellón, y la siento muy cerca. Veo a Martí, a Ángel, a sus vecinos, sus terrazas, sus cielos, sus juegos, la ropa tendida, los aplausos, los abrazos, los cielos, la lluvia, los charcos, el sol, los dibujos de arcoiris, el paso del tiempo, las caras de cansancio. Todos nos parecemos un poco, cada uno en nuestra rutina. Veo también lo que no se ve pero está en las fotos y en los pies de foto. Nuestras ilusiones y preocupaciones compartidas, la nostalgia, el miedo, los sueños, el periodismo, la maternidad, la conciliación, los viajes, la literatura, los planes pendientes, la vida en suspenso. Miro por su ventana, por mi ventana, y siento que falta un poco menos para que nos demos un abrazo.

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Aquí va una selección de fotos de Carme. Se puede seguir su fotodiario en su Instagram.

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Los jóvenes periodistas del Tenerías

Cuando una va a cumplir pronto 20 años en el mismo trabajo (escribiendo artículos de periódico), a veces da vértigo, otras emoción, otras cansancio y otras, revolotean las dudas. Está bien dudar y hacerse preguntas, dicen algunos expertos. Con mis dudas rondándome la cabeza, fui este martes a mediodía al colegio Tenerías de Zaragoza.

Hace unos días me llamó una profesora del cole para proponerme que fuera a hablarles de mi trabajo a un grupo de chicos y chicas de 2º de Primaria. Me esperaban veintitantos niños y niñas de 7 años, en una clase colorida y luminosa con vistas al Ebro. Con los años he aprendido a esconder mis nervios antes de hablar en público. Primero les hablé de qué hace falta para ser periodista. Lo resumí en tener curiosidad, escuchar y escribir bien. Luego les enseñé mis herramientas de trabajo: un cuaderno con mala letra, un boli y un móvil viejo que tiene la pantalla un poco rota. Igual les pareció poca cosa. Les conté que hay periodistas que trabajan en periódicos, en la radio, en la tele y cada vez más todos en internet. Les puse ejemplos de entrevistas y reportajes: desde el niño Julen, al fútbol femenino o cómo es la vida en las escuelas más pequeñas de Aragón con solo 3 alumnos. Ellos me enseñaron el blog que hacen en clase (‘El guateque de segundo‘) y me contaron qué quieren ser de mayores. El abanico de profesiones es muy amplio: paleontólogo, médico, profesora, jugador de fútbol del Barça, esquiadora…

Después les tocaba a ellos hacer de periodistas. Antes de mi llegada, habían hecho sus investigaciones por internet (cuánta información nuestra tiene Google) y me habían preparado unas cuantas preguntas. “¿Qué es lo que más te gusta de ser periodista? ¿Cuántas preguntas hay que hacer? ¿Qué hay que estudiar para ser periodista? ¿Cuándo te diste cuenta de que querías ser periodista? ¿Cuál es tu deporte favorito? ¿Qué entrevista te ha gustado más? ¿Qué te gusta más, escribir o correr? ¿Cuando escribes piensas en tu familia? ¿De las cosas que querías ser de pequeña, por qué elegiste ser periodista? ¿Has conseguido hacer todas las cosas que querías?”

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Respondí a todas, aunque algunas eran difíciles, y crucé el Ebro de vuelta a mi barrio. Gracias, Cristina, por la invitación. Y gracias, chicos y chicas de 2º del Tenerías, por un rato tan agradable.

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Mis razones y emociones para la huelga

Llevo días dándole vueltas a la huelga feminista. Imposible no hacerlo. Me acompaña en mi trabajo (he entrevistado a ocho mujeres pioneras en la última semana que me han hecho reflexionar mucho), en las conversaciones de la redacción, en las redes sociales, en los periódicos, en la radio y en la tele, en las conversaciones familiares, en el curso que estoy dando de Comunicación e igualdad, en mis soliloquios camino del trabajo. Hay muchos motivos y datos para hacer huelga este 8 de marzo: la desigualdad, la violencia de género, la precariedad laboral, la brecha salarial, el techo de cristal, los problemas para conciliar… Más allá de los datos, yo llevo unos días muy emocionada. Al final, la vida son emociones. Y yo hago esta huelga con el corazón.

Hago huelga por mis hijas. Por mi hermana, trabajadora autónoma que concilia con tres hijos pequeños. Por mi madre, por su ejemplo feminista cada día, por todas las manifestaciones del 8 de marzo a las que nos llevó de pequeñas y a las que seguimos yendo. Por mis tías. Por mis abuelas, que vivieron y lucharon a su manera en otros tiempos en los que ellas lo tenían mucho más difícil. Por la precariedad laboral que sufren muchas de mis amigas y primas. Por Flor Danelia y otras mujeres que conocí en Nicaragua. Por mis compañeras periodistas. Porque me gustan el fútbol y la danza. Por el final de ‘Litte Miss Sunshine’. Porque estoy cansada. Porque no tengo tiempo. Porque la conciliación es una estafa. Porque soy una privilegiada que puede hacer huelga. Por las que no pueden. Porque podemos subir tan alto y llegar tan lejos como queramos, o como nos dejen. Por los micromachismos de la vida cotidiana, que todas hemos sufrido y en los que muchas veces ni reparamos (“Guapa”, me gritó ayer un desconocido camino del trabajo, y no me sonó a piropo ni a halago). Porque me gusta ser periodista, pero en nuestra profesión hay muchas cosas que mejorar (el machismo, la invisibilidad, la precariedad…). Porque la maternidad nos penaliza en nuestros trabajos, y lo hemos normalizado. Por ese póster que nos regaló mi madre cuando éramos pequeñas (la niña sonriente de la foto ha crecido y ya es una mujer del siglo XXI con sus ilusiones, decepciones y contradicciones). Porque no quiero ser princesa, quiero ser alcaldesa. Por el poema de Gioconda Belli ‘Y Dios me hizo mujer’. Porque me estremece cada noticia de una mujer muerta por violencia de género. Porque estas noticias deberían salir en portada y pocas veces salen. Porque soy feminista y no me avergüenza decirlo. Porque no quiero callarme. Porque es un día histórico y quiero estar ahí. Porque lo siento. Porque sí.

No quiero ser princesa, quiero ser alcaldesa

(Ione pintando su pancarta de “No quiero ser princesa, quiero ser alcaldesa”)

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Cuarenta años

El 23 de noviembre de hace justo 40 años fue miércoles. Leo en ‘El País’ de ese día (gracias, Ana y familia riojana, por el regalo) el borrador de la Constitución que se estaba gestando. Decía que España sería una monarquía parlamentaria, con pluralismo político y libertad de expresión. También leo una entrevista con el primer ministro marroquí hablando del Sáhara. En páginas interiores aparece la reividicación del último atentado de ETA. En la quiniela había un Zaragoza-Calvo Sotelo en Segunda. Aquella temporada el Zaragoza acabó subiendo a Primera. Y en los breves leo que han detenido a unos niños por robar el bocadillo a otro en un colegio. El periódico costaba 15 pesetas.

Mientras, en Zaragoza, Pili cumplía las 40 semanas ese día. Por la mañana fue a revisión en el Clínico pero le dijeron que aún estaba verde y que se fuera a casa. Pili y Luis Ignacio fueron a comer a casa de Juli y Félix. Todos estaban a punto de estrenar título: de padres y de abuelos. En la familia nos gusta mucho contar historias de los nacimientos. Cuenta mi madre que no comió mucho, que todo fue muy rápido, que enseguida se puso de parto, que mi padre no fue a trabajar al Colegio Alemán esa tarde, que en el taxi ella gritaba mucho, que llegaron al hospital y la pasaron directamente al paritorio. Que en unos minutos, antes de las 16.30, ya había nacido yo. Era el 23 de noviembre de 1977.

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“Paula es nacida en el 77. Noviembre del 77. A los pocos días nevó y eso debe ser muy buena señal…”, cuentan mis padres en el prólogo del libro ‘El fascinante campamento del Cid’, mi primer libro. Lo escribí con 15 años a la vuelta de unos campamentos y se quedó perdido en alguna carpeta de casa. Mis padres y mi hermana lo han rescatado, y lo acaban de editar en la ‘Editorial Peponerías’. Es un ejemplar único, con motivo del 40º aniversario de la autora. Es un regalo maravilloso.

“A veces nuestras hijas nos asustan un poco. Por su desenvoltura. Por su capacidad de imaginar proyectos en los que involucrarse y por su valentía en llevarlos adelante. Nuestra mirada sobre ellas tiene también un toque de orgullo, queremos creer que solo un toque, porque nuestra aportación a lo que hoy son no es calibrable. ¿Qué influye en el devenir de una persona, en su peripecia vital? Igual ni merece la pena rastrear, basta con reconocer el soplo, a veces suave, a veces violento, del azar”, dicen nuestros padres en el prólogo.

La historia continúa…

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Nieva en Barcelona

Me acuerdo de aquella vez en primero de carrera que nevó en Barcelona. Todos quedamos hipnotizados mirando por la ventana. El profesor paró la clase, no recuerdo si era Historia de Cataluña o Historia de la Comunicación con aquel profesor que llevaba un microfonito a lo Madonna que nos hacía mucha gracia a los jóvenes estudiantes que soñábamos con ser periodistas. El caso es que no dimos más clase, salimos a tiranos bolas. O fuimos al bar a tomar algo.

Como una bola de nieve, han seguido rodando los recuerdos desordenados. Las fiestas de la Vila y del passeig Sant Joan. Nuestros domingos en pijama. Una excursión a Girona con Mari Carmen, Ainhoa, Aitana, Toño en el principio de los tiempos. Aquel partido de Copa del Numancia en el Camp Nou. Las clases con Miquel Rodrigo, Iván Tubau, Vicenç Villatoro en la Autónoma. Una comida de diumenge en casa de Tania. Charlas con los Alberts. Conversaciones de política, de fútbol y de periodismo. El trayecto en bus por los polígonos más feos de Barcelona para llegar a la redacción de El País. Después de aquellas prácticas me compré el libro de poesía ‘El día que dejé de leer El País’. No he dejado de leerlo, aunque cada vez con más distancia. Me pasa con casi todos los periódicos.

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No sé por qué se me ha removido hoy esta catarata de recuerdos catalanes. Será la edad, ahora que casi fa vint anys que tinc 20 anys. Serán las imágenes broncas de Barcelona con las que no me identifico. Será esa canción de Ismael Serrano que me mandó el otro día una amiga.

Me entristece, indigna, desconcierta, asusta la situación de Cataluña. No me gusta la violencia ni los debates a gritos. No me gustan las mentiras ni las manipulaciones. Ni la guerra de banderas. No soy equidistante. Me gusta que los ciudadanos podamos dar nuestra opinión no solo en las elecciones cada cuatro años. Y que nuestra opinión se tenga en cuenta. No he dejado de votar nunca, ni siquiera en los presupuestos participativos de Zaragoza en los que votamos el 1,07% de la población, o en las elecciones al consejo escolar del colegio en las que no vota casi nadie. No sé qué pasará el domingo, ni el lunes, ni el día siguiente. No sé qué haría si fuera presidenta y tuviera que tomar las decisiones políticas para deshacer este nudo tan feo. Mientras le doy vueltas a mis dudas y contradicciones, leo, escribo, canto en la ducha, dejo que rueden los recuerdos y caiga la nieve.

 

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Seis años volando

Mi blog acaba de celebrar su sexto cumple. Me balanceo entre pequeñas historias, sueños, libros, carreras, películas. Me gusta tocar la tierra y rozar las nubes con la punta de los dedos. Me gustan los abrazos y las risas. Me gusta subirme a los árboles, volar en globo y en hamaca.

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¡Feliz 2017!

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Quiero a Birgitte Nyborg de presidenta

Mientras seguimos esperando a ver quién será nuestro próximo presidente o si nos hacen votar otra vez, acabamos de ver en casa la primera temporada de ‘Borgen’. La protagonista es Birgitte Nyborg, líder del Partido Moderado de Dinamarca y que gracias a una coalición consigue llegar a ser la primera ministra. Me encanta Birgitte Nyborg. Quiero una mujer como ella para que gobierne nuestro país.

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La serie cuenta los entresijos del poder en Borgen (nombre coloquial del Palacio de Christiansborg, sede del Gobierno), las tensiones y los pactos de la política, los chantajes, la relación con los medios de comunicación, el peaje personal que deben pagar los personajes públicos. La serie es ficción pero cuentan que refleja muy bien la política y la sociedad danesas. De hecho, fue premonitoria: un año después de estrenarse, Helle Thorning-Schmidt se convirtió en primera ministra de Dinamarca gracias a un pacto de cuatro partidos.

Me gusta la serie por cómo habla de la política desde dentro. Pero me gusta, sobre todo, por cómo retrata a Birgitte Nyborg. Cómo hace equilibrios para conciliar su vida profesional y familiar: con su pareja (un actractivo profesor de Economía) y dos hijos (una chica adolescente y un chico de 8 años). Me gustan sus principios, su idealismo, su pragmatismo imprescindible para gobernar, su capacidad para negociar, sus imperfecciones, sus dudas. La serie muestra el lado privado de los personajes públicos. Y plantea muchas preguntas: ¿Cómo organiza su agenda la primera ministra? ¿Cómo afecta su trabajo a su vida personal? ¿Cómo le apoya su pareja en su carrera profesional? ¿Cuánto ve a sus hijos? ¿Qué renuncias personales tiene que hacer? Me gustaría que esas preguntas nos las hiciéramos más a menudo sobre ellos, sobre los hombres, que también tienen familia y vida personal, que también tienen necesidad de conciliar.

No creo que España y Dinamarca se parezcan mucho. Tal vez aún nos falta aquí un poco para tener a nuestra Birgitte de presidenta. Mientras, yo espero expectante la siguiente temporada de ‘Borgen’.

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Lo que el fuego no quema

Me topo con la noticia camino del trabajo: un incendio en una vivienda en el barrio Jesús. Paso cada día por la puerta de ese edificio, uno más. El camión de bomberos y los coches de policía han revolucionado el barrio a la hora de ir al colegio. Pregunto a unos y otros. Se ha quemado un piso y han sido atendidas dos mujeres por inhalación de humo.

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(Foto de Gabriela Trujillo Orozco)

Entonces las veo: a Aurora y Elvira, madre e hija, 73 y 46 años, con bata y descalzas, en la calle, esperando a que les dejen subir a su casa. O a lo que ha quedado de ella. Falta otra hija, Eva, “que está mal de la cabeza y todos los días se va a dar una vuelta”. Y falta una joven, la nieta, que ya estaba en el instituto cuando comenzaron las llamas.

Subo tras ellas por esa escalera que se cae a pedazos. Cuántas historias detrás de cada puerta. La suya está destrozada. Dentro, olor a quemado y a miseria, dos habitaciones reducidas a cenizas, bolsas de ropa y trastos viejos por todas partes.

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Sigo camino del trabajo. Los servicios municipales terminan de limpiar la acera. Ya se han ido la ambulancia, los bomberos, la policía, los curiosos. Es una soleada mañana de otoño. Pronto la noticia quedará sepultada por otras de política, sucesos más graves, resultados deportivos, muertos famosos, ocurrencias, informes de la OMS, etc. Sigo mi camino y pienso en lo que no se ve, en lo que no es noticia, en lo que no ha quemado el fuego. ¿Cómo será la vida de estas mujeres (y de sus vecinos)?, ¿Cómo han llegado a este piso? ¿Qué pensará la nieta cuando vuelva del instituto? ¿Y su madre que “está mal de la cabeza y se va a dar una vuelta”? ¿Dónde dormirán mañana? ¿Elvira y Aurora seguirán descalzas?

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Katia ha aprobado la ESO

A veces me asaltan las dudas sobre mi trabajo. Cada día, cuando me voy dejando escrito el artículo del día siguiente, y dudo con el titular, con un matiz, me pregunto si he sido muy crítica o demasiado poco, si podría escribir sobre cosas más interesantes, si podría hacerlo mejor, si podría dar un paso más allá, si me atrevería. Dudo de mí y de mi profesión. No sé si hemos perdido por el camino ilusiones, principios, oportunidades.

Pienso esas cosas y entonces me llega un mail de Katia. La he entrevistado dos veces para una sección sobre testimonios de parados que llamamos ‘Los lunes al sol’, hace cinco años y hace unos meses. Katia, zaragozana de 40 años, Me cuenta que ha terminado 4º de la ESO en un centro de adultos, que ha aprobado todo y ha sacado una nota media de 7,40. Ahora está a la espera de saber si la han admitido en un curso de FP de grado medio de Cocina. “Simplemente quería que supieras de mis logros”, me dice en su mail.

Y el mismo día nos llega a la sección una carta de Darío. Fue oficial de mantenimiento en el Ayuntamiento de Zaragoza y portavoz de la Plataforma de Funcionarios en Lucha. Hablé con él hace unos meses por los ceses, recortes y protestas en su servicio. “Mientras una tras otra se nos iban cerrando las puertas de cualquier medio que diese una visión imparcial del asunto que nos ocupaba y preocupaba entonces, tuve la fortuna de encontrarme en mi camino con Paula Figols, que se ofreció a escucharnos. (…) Fue para mí toda una sorpresa encontrarme con que hay periodistas que ejercen su profesión gastando zapatillas, a pie de calle, con un cuaderno para apuntar y preguntando con la curiosidad de un niño, dándole a asuntos que socialmente tienen un valor y una repercusión social muy pequeña, pero que arrastran historias y vidas detrás, la importancia que merecen, dedicándoles el tiempo necesario para, tal vez, en algún caso remover conciencias”, cuenta en su carta.

Mañana seguiré con mis dudas. Pero hoy releo a Katia y a Darío y me siento orgullosa de ser periodista. Creo en las pequeñas historias, en la gente que no sale en las portadas, en las víctimas de la crisis. Creo en ellos y en que nuestro trabajo aún tiene sentido. Gracias, Darío, por tu compromiso y tus palabras. Katia, ojalá te cojan para el grado de Cocina. Y me sigas contando tus logros.

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El año de las golondrinas

Creo que es imposible resumir un año en una palabra, una imagen o una portada de periódico. Pero como estas fechas toca hacer balance y mi blog celebra su cumple (ya va por su 4º aniversario), yo también escojo una.

Para mí ha sido el año de las “golondrinas”. Presenté mi primera novela en junio (“El refugio de las golondrinas”) y ahora sigue volando gracias a vuestras lecturas, comentarios, recomendaciones, fotos. Cuando hace años empecé a tomar notas en mi libretita, no podía ni siquiera soñar que un día esas palabras se convertirían en personajes (casi) reales con forma de novela. Ahí están Martin, Dimitri y Paco, María, Rafael, Helena y Diego, Mario y Luz, la plaza, la torre, el chico que miraba la torre… Brindo con ellos y con vosotros.

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(Mis golondrinas viajeras en la playa de Nules. Foto de Carme Ripollés)

Yo, como mis golondrinas, aún no sé si quiero refugiarme en la plaza o volar a países lejanos. O las dos cosas. Mientras, sigo escribiendo, que es una manera de viajar, de vivir, de observar, de ser.

Que el próximo año nos traiga más historias, abrazos, sonrisas, viajes, pequeños momentos, reencuentros, libros, conciertos, cafés, carreras…

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El chico con superpoderes

Ya he hablado alguna vez de Javi en este blog, y me encanta reiterar mi admiración. Javier Hernández es una persona excepcional: periodista, deportista olímpico (quedó finalista en los 50 metros espalda en los Juegos Paralímpicos de Londres), conferenciante, entrenador de fútbol, un luchador un soñador… Javi nació sin brazos y, como él cuenta, todo lo ha conseguido con mucho esfuerzo, con sus pies y su cabeza.

Copia de portada libro de los pies a la cabeza

Javi acaba de publicar un libro, ‘De los pies a la cabeza’, en el que cuenta su vida a través de los testimonios de un centenar de personas.  Esta tarde se presenta en Zaragoza (a las 18.00 en el edificio Etopia). Me siento orgullosa de que me pidiera colaborar y de formar parte de este proyecto colectivo. Yo coincidí por primera vez con él en la Universidad Autónoma de Barcelona. Después compartimos varios años en el Heraldo de Aragón (y algunas pachangas de fútbol en la piscina de Alberto Maestro).

Javi convierte lo extraordinario en normal, hace que veamos la vida de otra manera. Al principio, era un ‘shock’ verle escribir con los pies, el teclado apoyado en el suelo. Pero luego uno enseguida se olvida de que no tiene brazos. “Todos somos diferentes y esa diferencia nos iguala”, dice él en sus conferencias. Su entusiasmo es contagioso. Todo se puede conseguir o, al menos, hay que intentarlo.

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Recomiendo los retratos que le ha hecho Alfonso Reyes. Los podéis ver en la web de Javi o en Youtube.

También le podéis ver y escuchar en este vídeo que le grabaron para el programa ‘El día después’ de Canal +:

“Nacer sin brazos no te da superpoderes”, les dice en el vídeo a los chicos del CD Giner que le escuchan impresionados. Aunque yo creo que sí, que Javi tiene superpoderes.

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Para vos, atleta

“Para vos, atleta,
para vos, que sabés del frío, de calor,
de triunfos y derrotas.
Para vos, que tenés el cuerpo sano
el alma ancha y el corazón grande.
Para vos, que tenés muchos amigos,
muchos anhelos,
la alegría adulta y la sonrisa de los niños.
Para vos, que no sabés de hielos ni de soles,
de lluvia ni rencores.
Para vos, atleta,
que recorriste pueblos y ciudades
uniendo estados con tu andar.
Para vos, atleta,
que desprecias la guerra y ansías la paz”

Miguel Sánchez, atleta aficionado, poeta y joven comprometido contra la dictadura en Argentina, publicó este poema el 31 de diciembre de 1977, el día de su última carrera. El 8 de enero de 1978 fue secuestrado por la noche en su domicilio y nunca más se supo de él.

Descubro su historia gracias al documental “La carrera de Miguel” de Informe Robinson. En él su hermana Elvira y sus amigos recuerdan la historia de Miguel Sánchez, uno de los 30.000 desaparecidos de la dictadura argentina. Miguel provenía de una familia modesta de Tucumán y se desplazó a Buenos Aires para buscar trabajo y practicar deporte (primero fútbol, luego atletismo). Mientras, militaba en las juventudes peronistas y enseñaba a leer y a escribir a obreros analfabetos. Hasta que desapareció el 8 de enero de 1978.

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Veinte años después, los periodistas Ariel Scher y Víctor Pochat contaron su historia en el periódico Clarín. Otro periodista italiano, Valerio Piccioni, de La Gazzetta dello Sport, escribió un libro (“La carrera de Miguel”) e impulsó la organización de una carrera en su nombre. La carrera de Miguel se celebró por primera vez en Roma, el 9 de enero de 2000. La iniciativa se extendió al año siguiente a Buenos Aires y después a otros puntos de Argentina. Las carreras de Miguel siguen celebrándose cada año, “por la memoria, la verdad y la justicia”.

“Yo siempre digo que Miguel está, que su nombre volvió para no desaparecer más. Es la mejor manera, con el deporte, de recordarlo, de reivindicar su nombre y de hacer memoria. Por él y los 30.000 desaparecidos”, afirma su hermana.

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Lo infraordinario

“Quien nos habla, me da la impresión, es siempre el acontecimiento, lo insólito, lo extraordinario: en portada, grandes titulares. Los trenes sólo empiezan a existir cuando descarrilan y cuantas más muertos hay, más existen; los aviones solamente acceden a la existencia cuando los secuestran; el único destino de los coches es chocar contra los árboles: cincuenta y dos fines de semana al año, cincuenta y dos balances: ¡tantos muertos y tanto mejor para las noticias si las cifras no cesan de aumentar! Es necesario que tras cada acontecimiento haya un escándalo, una fisura, un peligro, como si la vida no debiera revelarse nada más que a través de lo espectacular, como si lo elocuente, lo significativo fuese siempre anormal: cataclismos naturales o calamidades históricas, conflictos sociales, escándalos políticos…

En nuestra precipitación por medir lo histórico, lo significativo, lo revelador, no dejemos de lado lo esencial: lo verdaderamente intolerable, lo verdaderamente inadmisible; lo escandaloso no es el grisú, es el trabajo en las minas. La “desigualdad social” no es “preocupante” en época de huelga: es intolerable las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año.

La prensa diaria habla de todo menos del día a día. La prensa me aburre, no me enseña nada; lo que cuenta no me concierne, no me interroga y ya no responde a las preguntas que formulo o que querría formular. Lo que realmente ocurre, lo que vivimos, lo demás, todo lo demás, ¿dónde está? Lo que ocurre cada día y vuelve cada día, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual, ¿cómo dar cuenta de ello, cómo interrogarlo, cómo describirlo?”.

(“Lo infraordinario”, Georges Perec, 1936-1982)

Este es un gran reto como periodistas: combinar lo extraordinario con lo infraordinario, los grandes acontecimientos con las pequeñas historias, la prisa con la pausa, el control al Gobierno con el relato de un parado que no llega a fin de mes, un gol de Cristiano con uno de una niña en un equipo de barrio… En ello estamos (los que tenemos trabajo). ¡Feliz Día de los Periodistas!

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(Ilustración del cartel de la exposición “100 años de Periodismo en La Rioja”)

PD Y, como cada año, un beso especial a mi tía Ana, periodista, contadora de historias (extraordinarias e infraordinarias), excelente cocinera y anfitriona, organizadora de eventos y muchos títulos más.

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Cumpleblog

Los cuadernos de todo (los originales, los de Carmen Martín Gaite) comenzaron el 8 de diciembre de 1961:

“Mi hija, que entonces tenía cinco años y medio, me pidió un duro porque quería hacerme un regalo, y yo, desde la terraza de casa, la vi bajar a saltitos las escaleras de una calle por donde no pasan coches y donde a veces la dejábamos salir a jugar con otros chicos del barrio. Había una papelería allí cerca y en seguida la vi volver muy ufana con el cuaderno nuevo en la mano. Era –y es, porque lo tengo aquí delante- un bloc de anillas cuadriculado, con las tapas color garbanzo, y en el extremo inferior derecha la marca, Lecsa, entre dos estrellitas, encima del número 1.050, todo en dorado. Cuando me lo dio, me gustó mucho ver que había añadido ella un detalle personal al regalo. En la primera hoja había escrito mi nombre a lápiz con sus minúsculas desiguales de entonces, y debajo estas tres palabras: ‘Cuaderno de todo’”.

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“Yo, antes de esto, ya había tenido en mi vida muchos cuadernos al uso, como es de suponer. Pero, tanto en mis etapas escolares como en las de aprendiz de novelista, les había asignado siempre un menester específico a cada cual. Y la diferencia estaba en que ahora, en éste, se me invitaba y daba permiso a meterlo todo desordenado y revuelto, sin más contemplaciones ni derecho de primacía, según fuera viniendo, como en esos cajones de los cuartos de jugar que no presentan más tope para seguir admitiendo objetos que las circunstancias de estar ya llenos”.

(“Mis cuadernos de todo”, quinto prólogo del libro “El cuento de nunca acabar”, de Carmen Martín Gaite)

Este blog, mis cuadernos de todo, cumple hoy tres años. Gracias, un año más, por acompañarme en esta aventura, por leerme, por vuestros comentarios, por compartir mis textos. Para el próximo año prometo seguir emborronando mis cuadernos con historias, libros, películas, fragmentos de la vida cotidiana, paisajes, sueños…

¡Un abrazo y feliz año!

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