Archivo de la categoría: Zaragoza

Catorce y mil gracias

Escribir es una actividad solitaria y a largo plazo, una carrera de fondo, un camino de dudas, un viaje a lo desconocido, una aventura de final incierto, o sin final. Cuando empecé a imaginar la historia de Karim, soñaba con que algún día pudiera llegar a las páginas de un libro. Cuando la novela fue cobrando forma, cuando Reyes y David de Pregunta la acogieron con tanto cariño, empecé a imaginar cómo podría ser su presentación.

A Karim le hubiera gustado la presentación en la terraza del parque Tío Jorge. Es el parque en el que pasa tantas horas hablando con Ana, jugando a fútbol con sus amigos. Es el parque de mi infancia, al lado de casa de mis padres, donde aprendí a montar en bici, donde íbamos a por hojas de morera para los gusanos de seda; donde íbamos a comer bocadillos de longaniza para la Cincomarzada, primero con mis padres y luego con las amigas del instituto; donde hemos ido tantas tardes a la salida de la guardería con las chicas; donde hemos vuelto esta primavera tras el confinamiento. El parque del Tío Jorge es un lugar muy especial en mi biografía. Y en la de Karim. Pensamos que sería un buen sitio para la presentación.

Los días previos reconozco que los viví con nervios. ¿Y si viene poca gente? ¿Y si viene mucha? ¿Y si no sé qué decir en público? Habrá que colocar un equipo de sonido. ¿De dónde saco unos micrófonos? Gracias, Rafa, por tu ayuda. ¿Y si se prolonga el estado de alarma por el coronavirus? ¿Cómo serán las normas de la nueva normalidad? ¿Qué pasará con los actos culturales? ¿Cómo colocaremos las sillas? Gracias, Lorena, por tu calma y tu disponibilidad. ¿Cómo se organiza la venta de libros ese día? Gracias, Chabi, por venir a apoyarnos desde la Pantera Rossa.

Lo que no habíamos previsto era el diluvio universal. La primera gran tormenta del verano en Zaragoza llegó justo el día y a la hora de la presentación de ‘Catorce’. Las nubes negras, luego negrísimas, fueron cubriendo el parque del Tío Jorge. Lorena decidió cambiar la ubicación prevista de las mesas y las sillas: parte a cubierto y parte bajo los toldos. Las primeras gotas empezaron a caer antes de que nos sentáramos. Las gotas fueron convirtiéndose en diluvio y luego en granizo. Los toldos, como había avisado Lorena, no protegen del todo cuando la lluvia arrecia. Parte del público acabasteis chipiados como si os hubierais tirado de cabeza a una piscina. Todos nos juntamos más, y desde la mesa notaba el cariño y la emoción tras las mascarillas. La lluvia nos trajo magia y más risas. Convirtió esa tarde en un recuerdo inolvidable.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Gracias a todos los que vinisteis a acompañarme, y a los que me habéis mandado vuestro cariño estos días. Gracias a la familia, en la Pedrada nos encanta juntarnos para celebrar todo y estos meses de confinamiento hemos tenido que aplazar muchos encuentros. Gracias a los amigos del cole, del instituto, del equipo de fútbol de las chicas, los jabatos, los amigos periodistas, los compañeros de de trabajo, los lectores que me acompañan desde mis golondrinas, los que no conocía en persona y vinisteis a saludar y buscar mi libro. Gracias a Manuel Minaya por las fotos durante la presentación. Gracias a Lorena, de El Jardín de Jorge, por prestarnos el espacio. Gracias a Rafael Tejedor, de la asociación de vecinos del Arrabal por ayudarnos con la organización. Gracias a Nacho por tus palabras tan bonitas que me dejaron sin palabras. Gracias a Reyes y David por apostar por mi libro. Gracias a la lluvia por las risas. Gracias a todos.

Ahora el libro vuela solo. Ya ha viajado a Logroño, Pamplona y Santander, en las maletas de mis familiares, y a la playa de la mano de unos amigos. Está llegando a librerías de Zaragoza y otras localidades. Tiene algunas citas en la agenda. Ojalá llegue a muchos lectores sensibles, a clubs de lectura, a chavales de instituto, a personas que se puedan sentir un poco identificadas con alguna frase…

A partir de ahora, seguiré colgando historias y reseñas en un nuevo blog: Catorce, el blog de la novela.

4 comentarios

Archivado bajo literatura, Zaragoza

Adiós al cole

Hoy debería haber sido el último día de cole, día de abrazos y despedidas, de emociones, de alguna o muchas lagrimitas. Vega y Luna terminan 6º y toda la familia nos despedimos del Hilarión Gimeno, nuestro cole desde que Lara entró decidida y contenta sintiéndose muy mayor a sus tres años, en septiembre de 2009. Dos años después llegaron las mellis. Ahora pronto seréis más altas que yo y ya miráis al otro lado del puente, al instituto Pedro de Luna que os espera en septiembre. Vemos con emoción cómo habéis crecido, cómo salís del cole mayores, independientes, con vuestra mochila de sueños y de caminos por descubrir.

El coronavirus no nos ha dejado despedirnos de verdad. Acaba el curso más raro y el que siempre recordaremos. En cierta manera acabó el 13 de marzo. No sabíamos entonces que no volveríamos a las clases, al patio, a las charlas de padres, a las tutorías, a las historias del comedor, al viaje de Dublín, a la graduación, al musical de Queen… El cole ya son los recuerdos de estos once años. Un capitulo muy importante de vuestra historia, de nuestra historia familiar.

Estos meses largos de confinamiento hemos pasado horas mirando fotos y vídeos, recordando historias del cole. Son tantos recuerdos que no caben en un post. Como ese vídeo de la exhibición el baile de fin de curso. Tendríais 4 o 5 años y os apuntamos a la extraescolar de baile. En aquel pabellón abarrotado, Vega y Luna decidisteis saliros de la fila, saltaros las normas, correr y dar volteretas en vez de seguir la coreografía. Entonces los padres, sentados en la grada, queríamos que se nos tragara la tierra. Ahora lloramos de risa con el vídeo. Nos quedó claro que el baile era cosa de vuestra hermana mayor. Recuerdos del cole a borbotones. La graduación de Infantil. La despedida de 6º de Lara con el musical de Grease. El día que nevó, cuando ibais a 4º. El día que nos llamaron porque Luna se había grapado un dedo, o el que se chocó con otro niño en el recreo y su ojo parecía el de un boxeador. Las tardes interminables en el parque al lado del cole. Vuestros amigos. Las fiestas de la espuma de fin de curso, siempre nos íbamos las últimas. El día de la paz y la semana cultural. Las batallitas del comedor. Las tutorías con los profes. Nuestro orgullo de padres. Vuestras trastadas. Dibujos, deberes, trabajos, manualidades, powerpoints, vídeos durante el confinamiento. Los nervios de los primeros días de cole en septiembre, la emoción de los últimos en junio. La paciencia y el cariño de profesores y monitoras de comedor.

Gracias a Asun, Lidia, Beatriz, Brian, Ana Elisa, Marta, Susana, Carlos, Leticia, Juanjo, Guadalupe, Iván, Lupe, Paco, Paul, David, Sarah, Nuria, Pilar, Manuel, Ana Belen, Anabel, Iván, Susana, Concha, Elba, María José, Merche, Rosa, Charo, Yoli… (me dejo algún nombre después de tantos años), a los padres y madres con los que hemos compartido tantos momentos, a vuestros compañeros y a todos los que formáis parte de la memoria del Hilarión.

IMG_4191

La emoción del último día de cole, hace algunos años…

Thank you por estos años maravillosos!

6 comentarios

Archivado bajo educación, Zaragoza

El gol de Nayim y mi año americano

¿Dónde estabas el 10 de mayo de 1995? Cualquier zaragozano y zaragocista de cierta edad se hace hoy esta pregunta. Yo celebré el gol de Nayim con más de un mes de retraso. El 10 de mayo de 1995, el día del partido más importante en la historia del Real Zaragoza, estaba en Honaker, un pueblecito de Virginia (EEUU) donde había ido a estudiar y vivir un año. Era un miércoles, así que supongo que me levantaría temprano e iría al instituto con Rachel. Igual tocó ensayo para la graduación. Por la tarde tendríamos entrenamiento de atletismo o iríamos a ver un partido de béisbol. Ahora hay equipo de soccer femenino en mi instituto americano, pero hace 25 años el fútbol aún no había llegado allí. Por la noche cenaríamos en casa. Cierro los ojos y saboreo los “biscuits”, esos panecillos caseros tan ricos que preparaba Gaynell. Recuerdo que la primavera era lluviosa y muy bonita en esa zona de colinas y praderas del suroeste de Virginia. Para los detalles exactos tendré que revisar mi diario de ese año, que está en algún armario en casa de mis padres.

Honaker 1995

En mi casa de Honaker, Virginia (EE.UU.) en 1995

En 1995 no conocíamos internet ni teníamos móviles. Me comunicaba con mis padres por carta (que tardaba unas dos semanas en cruzar el Atlántico) y con una llamada de teléfono al mes. Así que la noticia de la victoria del Real Zaragoza me llegó con días de retraso. Y no vi el gol hasta que volví a España, una mañana de junio después de la Selectividad. Entonces me puse el vídeo que me habían grabado mis padres y recuerdo gritar como una loca por la ventana cuando el tiro imposible de Nayim se coló en la portería de Seaman. Los vecinos me miraron raro.

Después de un año viviendo fuera, mi vuelta fue progresiva. Ese verano antes de marcharme a estudiar a Barcelona lo dediqué a reencontrarme con la familia y los amigos, a volver a pasear por las calles de Zaragoza (cómo echaba de menos caminar, allí van a todas partes en coche), a recuperar mis rutinas, mis libros y hasta mi idioma. Todo estaba igual pero distinto. No sé si había cambiado Zaragoza o había cambiado yo.

Estos días también siento una sensación de irrealidad, esas ganas de volver a recuperar la vida de antes. Somos los mismos pero somos distintos. Vuelvo a mis caminos preferidos para correr por la ribera. Echo de menos los abrazos y los encuentros. También me reconozco a gusto en nuestro refugio de cinco y nuestra rutina del confinamiento. Echo de menos el fútbol: los partidos de la Romareda, los de la tele y, más aún, los del Zaragoza Club de Fútbol Femenino. Qué ganas de volver a ver jugar a nuestras chicas. Vuestros planes, partidos y torneos han quedado en suspenso esta primavera. Pero volveréis, más altas, más fuertes, las mismas pero cambiadas.

Hoy volveremos a ver el gol de Nayim en la tele. Les contaré a las chicas mis batallitas de mi año americano, cuando no teníamos internet ni móviles. Veremos el álbum de fotos. Escribiré un mail a Rachel. Y soñaremos con que el fútbol vuelva pronto a nuestras vidas.

2 comentarios

Archivado bajo deportes, viajes, Zaragoza

La Tía Fina y el coronavirus

Hoy felicitaremos a la Tía Fina por whatsapp, aunque ella no tenga móvil, aunque no podamos ir a verla. Vive en la residencia de mayores de Cervera del Río Alhama y hoy cumple 101 años. La veterana de nuestra familia (y del pueblo). Ay, nenita, como dice ella. ¿Qué pensará mi tía abuela del coronavirus? ¿Se habrán enterado en la residencia? ¿Le extrañará no tener visitas ni una fiesta como la del año pasado, con tarta, fotos, sobrinos, nietos y bisnietos correteando por los pasillos de la residencia? La imagino cantando o contando una de sus historias lunáticas. Esas que no sabemos -ni sabremos nunca con certeza- cuánto tienen de verdad y cuánto de imaginación-. Aunque últimamente está baja de energía, cuentan mis tías que van a verla frecuentemente. Dice que quiere que se la lleve la eternidad, que está cansada. Son 101 años.

IMG_8010

Celebración del 100º cumpleaños de la Tía Fina, el 19 de marzo de 2019.

Tengo ganas de abrazar y de celebrar. Son días raros. Tachamos planes cancelados del calendario. La vida de antes queda en suspenso, mientras los que estamos bien hacemos lo que tenemos que hacer: quedarnos en casa. Repaso los planes que ya no serán. Hoy tocaba felicitar a la Tía Fina, celebrar el Día del Padre, entrenamiento con el equipo Alevín A del Zaragoza Club de Fútbol Femenino, clases del conservatorio de danza de 15.45 a 19.30, reunión en el cole para ultimar los detalles del viaje a Dublín de las chicas, uno mis últimos entrenamientos antes de la media maratón del domingo.

En muy pocos días hemos tenido que cambiar las rutinas y reorganizamos la escala de valores. Paramos, miramos, valoramos las cosas de otra manera: la sanidad pública, los cuidados, el tiempo, la familia, los amigos, el espacio personal, los trabajadores de sectores poco reconocidos (supermercados, transportistas, limpieza…). Pienso en la Tía Fina, en los que viven solos en casa, en Abu en Cáceres, en mi prima Marina en su minipiso de Madrid, en mi prima Anita al otro lado de la ciudad de Zaragoza, en mi amiga Marisa que ya está en el paro, en las personas obligadas a vivir encerradas un tiempo y no solo estos días (gracias, Bea, Nuria, por vuestras reflexiones)…

En nuestra casa vivimos tranquilos estos días de confinamiento. Tenemos nuestras rutinas de tareas escolares, comidas con sobremesa, salir a aplaudir a la terraza a las 8, cena con peli. Somos afortunados. No somos héroes. Somos un mar de fueguitos, como escribió Eduardo Galeano en el ‘El libro de los abrazos’.

6 comentarios

Archivado bajo Cervera, Zaragoza

Doce años

Ya han pasado 12 años de esta foto, es una de nuestras imágenes preferidas del álbum familiar. La primera foto que tenemos de las dos juntas, una de verde y otra de naranja, acurrucadas, tranquilas, tiernas. Como os adelantasteis seis semanas en el parto, nacisteis pequeñitas y tuvisteis que estar unos días en la incubadora hasta que engordasteis un poco. Luna llegó a casa una semana antes que Vega. Y ese día, esa foto, fue vuestro primer momento juntas fuera de mi tripa.

VegayLuna 001

Qué suerte tener una hermana melliza (y una mayor que os abre camino). Compartís habitación, amigos, equipo de fútbol, momentos, experiencias… Cada una a su manera. Parecidas pero diferentes, cómplices y complementarias. A veces el desorden de una saca de quicio a la otra. Os contagiáis una a otra la creatividad y la alegría. Torbellinos ya más calmados que hace unos años. Compartís secretos que no nos contáis. Os ayudáis con los deberes: explícame estos problemas de matemáticas y yo te ayudo con las rimas. Vais juntas a la aventura, aunque a veces cada una decide ir por una calle distinta.

Me gustan vuestros cumpleaños más que los míos: los nervios y la emoción con los que vivís los días previos, los planes con la familia y los amigos. Doce años, os creéis mayores, os hacéis mayores. Me encanta veros crecer, ver cómo elegís vuestro camino, con vuestras certezas y vuestras dudas. Luna, no pasa nada por no saber aún qué quieres ser de mayor, serás muchas cosas. Vega, serás lo que quieras.

Llevo unos días mirando fotos emocionada en las carpetas del ordenador. Cientos de fotos desde esa primera: cumpleaños, viajes, partidos de fútbol, carreras… Cuántas risas y líos y buenos momentos. Como ese vídeo del año que os apuntamos a la extraescolar de baile y en la exhibición de fin de curso decidisteis ir por libre. Todos los niños seguían el ritmo de la música, las indicaciones de la profesora, todas en orden… menos vosotras, corriendo por la pista y dando volteretas. Las gradas estaban llenas, los padres grabando la actuación (alguien nos pasó después el vídeo), y nosotros no sabíamos si reírnos o enfadarnos. Nos quedó claro que ese no era vuestro sitio. Al año siguiente os apuntamos a fútbol y patinaje. De vez en cuando nos ponemos el vídeo en casa y reímos hasta llorar.

Voy por la calle caminando o pedaleando rápido, dándole vueltas en la cabeza a mis dudas, a los planes pendientes, a recados, a escritos, a sueños por cumplir. Y llego a casa, y ahí, en medio del jaleo de una casa de cinco con tres adolescentes, está la calma. Mi refugio. Sois vosotras. Hoy jugaréis partido de fútbol, soplaréis las velas, abriréis regalos, jugaréis con los primos, os achucharemos, protestaréis un poco cuando os pida otra foto. Y, con todo el barullo, desde una esquina intentando que no se me note, tal vez se me escape una lagrimita.

Deja un comentario

Archivado bajo maternidad, Zaragoza

Los cromos de las chicas

Cuando a nuestras chicas les empezó a gustar el fútbol preguntaban que por qué no salían partidos de fútbol de chicas en la tele. Ya salen. Desde hace unos cuantos años coleccionan los cromos del álbum de la Liga. Y también preguntaban que por qué no hay cromos de chicas. Pues ya tenemos. Su club, el Zaragoza Club de Fútbol Femenino acaba de sacar el álbum de cromos del club, con fotos de todas las jugadoras, desde las pequeñas del Benjamín hasta las de Primera División.

20171201_083525

Ayer les dieron el álbum en el entrenamiento y ahora vamos a ir completando las páginas. Ya tenemos los cromos de Vega y Luna. Y unas cuantas de su equipo Benjamín: Paula “Coco”, Mónica, Daniela, Lauri, la otra Vega. A algunas compañeras del año pasado que ahora están en el Alevín: Alicia, Noa, Ángela. Varias del Infantil que no conocemos. Varias del primer equipo de Primera División: Nora Sánchez (subcampeona de Europa con la selección sub-17), Naima García, Natalia Cebolla, la portera Oihana Aldai. A Salma Pallaruelo, del Territorial, a la que admiran mucho nuestras chicas porque es una atleta y futbolista de primer nivel que también ha sido convocada por la selección española sub-17. Al entrenador Alberto Berna. A ex jugadoras del club que han triunfado como Vero Boquete o Silvia Meseguer.

Ahora toca cambiar cromos. Seguir disfrutando de cada partido. Y aplaudiendo las iniciativas para fomentar el fútbol femenino.

Deja un comentario

Archivado bajo deportes, Zaragoza

Cuarenta años

El 23 de noviembre de hace justo 40 años fue miércoles. Leo en ‘El País’ de ese día (gracias, Ana y familia riojana, por el regalo) el borrador de la Constitución que se estaba gestando. Decía que España sería una monarquía parlamentaria, con pluralismo político y libertad de expresión. También leo una entrevista con el primer ministro marroquí hablando del Sáhara. En páginas interiores aparece la reividicación del último atentado de ETA. En la quiniela había un Zaragoza-Calvo Sotelo en Segunda. Aquella temporada el Zaragoza acabó subiendo a Primera. Y en los breves leo que han detenido a unos niños por robar el bocadillo a otro en un colegio. El periódico costaba 15 pesetas.

Mientras, en Zaragoza, Pili cumplía las 40 semanas ese día. Por la mañana fue a revisión en el Clínico pero le dijeron que aún estaba verde y que se fuera a casa. Pili y Luis Ignacio fueron a comer a casa de Juli y Félix. Todos estaban a punto de estrenar título: de padres y de abuelos. En la familia nos gusta mucho contar historias de los nacimientos. Cuenta mi madre que no comió mucho, que todo fue muy rápido, que enseguida se puso de parto, que mi padre no fue a trabajar al Colegio Alemán esa tarde, que en el taxi ella gritaba mucho, que llegaron al hospital y la pasaron directamente al paritorio. Que en unos minutos, antes de las 16.30, ya había nacido yo. Era el 23 de noviembre de 1977.

Paula 19770001

“Paula es nacida en el 77. Noviembre del 77. A los pocos días nevó y eso debe ser muy buena señal…”, cuentan mis padres en el prólogo del libro ‘El fascinante campamento del Cid’, mi primer libro. Lo escribí con 15 años a la vuelta de unos campamentos y se quedó perdido en alguna carpeta de casa. Mis padres y mi hermana lo han rescatado, y lo acaban de editar en la ‘Editorial Peponerías’. Es un ejemplar único, con motivo del 40º aniversario de la autora. Es un regalo maravilloso.

“A veces nuestras hijas nos asustan un poco. Por su desenvoltura. Por su capacidad de imaginar proyectos en los que involucrarse y por su valentía en llevarlos adelante. Nuestra mirada sobre ellas tiene también un toque de orgullo, queremos creer que solo un toque, porque nuestra aportación a lo que hoy son no es calibrable. ¿Qué influye en el devenir de una persona, en su peripecia vital? Igual ni merece la pena rastrear, basta con reconocer el soplo, a veces suave, a veces violento, del azar”, dicen nuestros padres en el prólogo.

La historia continúa…

9 comentarios

Archivado bajo educación, maternidad, periodismo, viajes, Zaragoza

Margarita, está linda la ciudad

Nunca se acostumbrará al viento de esta ciudad, piensa mientras se encoge bajo la chaqueta y a lo lejos se acerca puntual el autobús 58. Entra a trabajar a las 8 pero a la señora de la casa le gusta que llegue diez o quince minutos antes. Desayuna un cafecito nomás de pie en su cocina minúscula, se arregla un poco el pelo crespo y sale corriendo de casa antes de las 7. Después de unos meses, ya se ha hecho a la rutina, a los horarios, a las calles. Se ha aprendido el camino desde su casa, una callejuela del barrio de San Pablo, hasta la plaza de España. Allí coge el tranvía, es como un tren rápido y silencioso que atraviesa la ciudad, le contaba a su madre los primeros días por teléfono. Se baja en Vía Ibérica y camina unos metros hasta la parada del 58. Un día se durmió y el tranvía le llevó a Valdespartera, que es un barrio nuevo, todo de casas altas, todas las calles iguales, y no sabía volver, mamá, me entró un poco de angustia. Pero encontró el camino de vuelta, siempre ha sido una luchadora que encuentra los caminos. Llegó quince minutos tarde al trabajo. No volverá a pasar, le prometió a la señora. Desde ese día cuenta mentalmente las paradas y no se permite cerrar los ojos. Plaza Aragón, Gran Vía, Fernando el Católico, Plaza de San Francisco, Emperador Carlos V, Romareda y, siete, Casablanca. Después se sube al 58, que le lleva por el barrio de Casablanca y el Canal. Ella se recuesta en el asiento detrás del conductor y pega la cabeza a la ventanilla hasta la última parada.

FOTO TRANVÍA

El primer día apenas se fijó en ella, una chica joven, morena, probablemente de origen latino, como otras mujeres que suben al bus y van a trabajar a las casas de las urbanizaciones. La suya es una línea tranquila: la 58 (Tranvía-Fuente de la Junquera), circular, corta, una de las nuevas creadas para dar servicio al eje del tranvía y las zonas residenciales de las afueras. Es una zona de poco tráfico, qué diferente de las líneas urbanas que se meten por los barrios y tienen que soportar coches mal aparcados, atascos y retrasos. La 58 no suele llevar muchos viajeros. Algunos que van al Stadium Casablanca, a los colegios cercanos o a las casas del Camino Fuente de la Junquera. Perdone, ¿cuánto falta para la urbanización Fuente de la Junquera?, le preguntó ella. Llevaba una dirección apuntada en un papelito. Tenía una voz suave, dulce y unos ojos muy grandes. Es la ultima parada, le indicó, y ella agradeció las indicaciones. No han vuelto a intercambiar palabra desde aquel día. Ella no ha faltado ninguno, salvo uno, tal vez estaba enferma. Saluda siempre con un buenos días bajito, deja una estela de rosas a su paso y se sienta en el mismo asiento, justo detrás del suyo. Él la mira disimuladamente por el retrovisor…

(El relato continúa en la revista digital Imán de la Asociación Aragonesa de Escritores. Me pidieron una colaboración, y salió un cuento que mezcla paisajes zaragozanos y nicaragüenses. Buen viaje y buena lectura. Se puede leer aquí)

4 comentarios

Archivado bajo literatura, Zaragoza

Deseo ser niña

La chica encontró una moneda de 25 pesetas con agujero en el fondo de un cajón. Eran las fiestas del Pilar. Llamó al trabajo para decir que no se encontraba bien y ese día se quedaba en casa. Dijo en casa que tenía mucho trabajo y llegaría tarde. Cogió el autobús 38 y se bajó en la última parada de Miguel Servet. Ni rastro de la noria, los tiovivos, los autos de choque, los ponies, la tómbola, el circo, los elefantes, los puestos de algodón rosa pringoso, las luces, la música. El lugar donde antes se instalaban las ferias era un descampado en el que ahora crecían las zarzas y las cacas de perros. Pero allá al fondo, junto a un árbol seco había una máquina que emitía luces de colores. Se acercó a ver. Aún se leían las letras desgastadas: “Zoltar speaks”. Le sonaba de alguna película. Era una pequeña cabina acristalada con un mago de cartón piedra en su interior. Echó la moneda por la ranura. La figura abrió la boca: “¿Cuál es su deseo?”. “Ser niña”, contestó sin dudar. Y a continuación, tras unos ruidos como de tos ronca, Zoltar escupió una tarjeta: “Deseo concedido”.

zoltar5

Se marchó rápido de allí, un poco asustada, un poco arrepentida. A cada paso notaba cómo la ropa se le hacía más grande o ella más pequeña. En la marquesina del autobús, miró su reflejo en el cristal. No mediría más de 1.40, como cuando tenía 10 años. Arrastraba los bajos del pantalón y la cazadora le quedaba enorme. “¿Dónde vas sola, niña, te has perdido?”, le preguntó el conductor. “No, no, estoy esperando a alguien”.

Pasaron unos minutos eternos hasta que apareció surcando los cielos. Uno de los leones de bronce del puente de Piedra le guiñó un ojo y ella se subió de un salto a horcajadas. Primero le llevó a un patio de colegio. El partido estaba a punto de empezar, le dio tiempo de ponerse las zapatillas de balonmano, calentar un poco y saltar al campo. Metió dos goles de contrataque y uno desde el extremo. Después comieron en el Burger Rubio’s del paseo de la Independencia, una hamburguesa como las de hace treinta años con patatas fritas y Fanta de Naranja. De postre, un helado de chocolate de los Italianos. Por la tarde sobrevolaron los Pinares de Venecia y se posaron en lo alto del barco Mississippi del Parque de Atracciones. Un empleado simpático le regaló una pulsera y se montó quince veces seguidas en la montaña rusa y una hora en las camas elásticas. Después el león voló hasta la tribuna este de La Romareda. El abuelo Félix le esperaba en su asiento fumando un puro y escuchando un transistor. El Zaragoza de Primera le ganó 3-0 al Madrid.

Cuando ya anochecía, el león le volvió a llevar al final de Miguel Servet. Un hombre trajeado le hablaba a la máquina de Zoltar. Se llamaba Josh, le contó, había venido desde Nueva York. Cuando llegó su turno, la niña metió la tarjeta por la ranura y pidió su deseo al mago. “Hasta el año que viene”. Conforme se alejaba del descampado, notaba como su cuerpo se iba estirando, hasta alcanzar los 1,66 y los 39 años. Guardó el secreto y se subió al autobús 38 de vuelta a casa.

(Este texto se publica en el suplemento especial del Heraldo de Aragón ‘De Zaragoza de toda la vida’, con motivo del Día del Pilar)

 

 

2 comentarios

Archivado bajo relatos, Zaragoza

La bailarina de once años

Once es capicúa, once suena a mayor, a cambio de década, a preadolescencia, a chica de casi 6º, a bailarina, a hermana mayor. A veces te miro desde la orilla con emoción disimulada: cuando entras al conservatorio, cuando vas tú sola por la calle tan decidida, cuando hablas con tus amigas, cuando lees, cuando escribes tus cosas en un cuadernito, cuando grabas tus vídeos con la tablet, cuando estás dormida ya tan larga en la cama, cuando entrabas este fin de semana por la “puerta de artistas” del Teatro Principal.

IMG-20170611-WA0021

La cumpleañera y la abuela Pili.

Ha pasado otro año volando. Has crecido unos cuantos centímetros, ya sabes ir sola en bus, nos haces unas tartas riquísimas, tienes mucha mano para las manualidades de papel y de ordenador, crecen tus planes y tus secretos, a veces te preguntas qué serás de mayor, aún sigues discutiendo con tus hermanas, también os dais unos abrazos muy chulos. Qué bonitas son las emociones y los sueños infinitos de los 11 años. ¡Feliz cumpleaños, Lara, sigue bailando!

3 comentarios

Archivado bajo maternidad, Zaragoza

Mi maratón de Zaragoza

Me pidieron en el Heraldo de Aragón que contara cómo se vive una maratón desde dentro. Esta es mi crónica personal de la Maratón de Zaragoza, que se publicó en el periódico el 9 de abril:

Crónica HA papel maratón

42 kilómetros contra el viento y con el corazón

¿Tiene sentido correr 42 kilómetros una mañana fría y ventosa de domingo? Si lo pienso con la cabeza, no lo tiene. Pero una maratón se corre con el corazón. Así que la mañana del domingo 2 de abril salgo de casa aún de noche preparada para correr la maratón de Zaragoza. Es la segunda en mi corta carrera de corredora aficionada (la primera fue hace año y medio en Castellón) y la primera en casa. Llevo mensajes de ánimo pintados en el brazo (“No te rindas nunca mamá”, “Eres la mejor mamá”, “Tú puedes”, “Corre, Flor, corre”) y cuatro geles en el bolsillo de las mallas. Quedamos un grupo de amigos jabatos en Tenerías. Compartimos abrazos y nervios, y nos dirigimos a la plaza del Pilar.

Sigue leyendo

9 comentarios

Archivado bajo deportes, Zaragoza

Corredora de lunes

Empecé a correr hace más de tres años en el parque de la Granja. Y por ahí seguimos los miércoles y los viernes. Con la excusa de los trotes y las series hemos hecho un grupo de amigos jabatos. Compartimos entrenamientos, carreras, cervezas, excursiones y planes sin zapatillas. Desde hace unos meses, también corro sola los lunes por la tarde. Llevo a Vega a entrenar a la pista del CAD (en el barrio del Actur, casi al final de la línea del tranvía) y yo le espero corriendo por el Parque del Agua.

Me gusta correr por el Parque del Agua. Me cruzo con corredores, andarines, paseadores de perros, ciclistas, fotógrafos, hortelanos, patos. Los días más fríos del invierno no me cruzo casi con nadie. Un día me adelantaron Toni Abadía y Carlos Mayo. Estuve tentada de parar a aplaudirles pero soy muy pudorosa y seguí corriendo. Me gusta correr junto al río y ver cómo el sol se esconde más allá de la estación intermodal. Me gusta comprobar que cada tarde desde diciembre vamos ganando unos minutos de luz. Y que ya se ven los primeros brotes de primavera.

A las siete en punto vuelvo a recoger a la corredora benjamina. En el vestuario, Luisa me pregunta por el entrenamiento y los ritmos (Luisa Larraga, la gran campeona, una entrenadora detallista y una mujer muy cercana). No llevo pulsómetro, no me gusta correr mirando el reloj. Le cuento que las sensaciones son buenas. El próximo lunes le contaré que el cielo estaba precioso, un estallido de rojos y morados que se ha ido oscureciendo conforme daba vueltas por el parque. Y que me siento una privilegiada por disfrutar de estos momentos.

parque-agua1

7 comentarios

Archivado bajo deportes, Zaragoza

Seis años volando

Mi blog acaba de celebrar su sexto cumple. Me balanceo entre pequeñas historias, sueños, libros, carreras, películas. Me gusta tocar la tierra y rozar las nubes con la punta de los dedos. Me gustan los abrazos y las risas. Me gusta subirme a los árboles, volar en globo y en hamaca.

img_3545

¡Feliz 2017!

9 comentarios

Archivado bajo bicis, Cervera, cine, TV y series, deportes, educación, literatura, maternidad, miscelánea, periodismo, política, relatos, revoluciones, viajes, Zaragoza

Volando con Amelia Earhart

Iba una mañana de compras navideñas y me encontré con Amelia Earhart. La intrépida aviadora me miraba desde la portada de un libro (“Amelia Earhart. Por el placer de hacerlo. Notas sobre mis vuelos y las mujeres en la aviación”. Macadán Libros). Yo no tengo ni idea de mecánica ni de aviones, pero me fascinan las historias. Así que me fui con ella.

amelia-earhart

Amelia Earhart (Kansas, 1897 – Algún lugar del Pacífico sur, 1937) fue una de las pioneras de la aviación en el mundo. Fue la primera mujer en cruzar el océano Atlántico en solitario (en 1932). Batió numerosos récords y fue aclamada mundialmente. Su sonrisa ocupaba portadas, mientras ella seguía soñando con nuevos viajes. En 1937 planeó la que iba a ser la primera vuelta al mundo en avión siguiendo la línea del Ecuador, acompañada por dos técnicos. Partió de California el 17 de marzo de 1937 rumbo al este. Pasó por Miami, Sudamérica, Pakistán, India, Birmania, Singapur, Indonesia, Australia, Papúa Nueva Guinea. El último contacto por radio con ella fue el 2 de julio cerca de las islas Nukumanu. Le quedaba poco combustible. Roosevelt mandó nueve barcos y 66 aviones a buscarla, pero no dieron con ella.

La imagino sobrevolando Zaragoza por encima de la niebla. Yo subiría a la punta de la torre del Pilar para que me viera. Y le pediría que me llevara con ella a París, a California, a Nueva York, a Nueva Zelanda. Que sobrevoláramos el Himalaya y paráramos a darnos un baño en una playa del Pacífico. Le pediría que me desvelara su misterio. ¿Qué pasó aquel 2 de julio de 1937? ¿Qué le ocurrió a su avión? ¿Sobrevivió al accidente?

Me la imagino sentada tranquilamente junto a la ventana en una residencia de mayores de Virginia, o cuidando su jardín en Kansas. Yo aún no he terminado mis compras navideñas. Me agobio con la niebla y el frío. A veces, como dice Luna, me gustaría tener el superpoder de volar.

4 comentarios

Archivado bajo literatura, viajes, Zaragoza