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Deberes de verano

El viernes a mediodía salimos del cole con las mochilas cargadas y un montón de planes para las próximas semanas. Nos despedimos de las monitoras de comedor, de los amigos y los padres rezagados que quedaban por el patio, y abrimos la puerta del verano. Cada final de curso me emociono. Me gusta ver cómo crecen las chicas y cómo van pasando etapas, aprendiendo mucho, con los ojos muy abiertos, con muchas preguntas,  con muchos planes y muchos sueños. Pero a la vez se me pone un nudo en la garganta, que iré deshaciendo en los próximos días, mientras recojo las carpetas y nos bañamos en la piscina.

Un profesor italiano colgó hace unos días en Facebook la lista de deberes de verano para sus alumnos. Empezaba por “De vez en cuando, por la mañana, camina solo por la orilla del mar. Mira cómo el sol se refleja en el agua, pensando en las cosas que más te gustan en la vida y siéntete feliz”. Me encanta. La lista también incluye leer, bailar, no decir palabrotas, ser bueno, ver películas en inglés, soñar…

Nosotras completamos la lista con algunas ideas más:

-Bañarnos en la piscina de Balsas. Y practicar los saltos de trampolín en la de Cervera.
-Jugar a fútbol.
-Practicar (aún más) el pino y la voltereta lateral.
-Escalar árboles y montañas.
-Jugar a adivinar países en la bola del mundo de Lara.
-Descubrir los cinco juntos Lisboa.
-Volver a ver “Vacaciones en Roma” y ver otras películas de mayores.
-Montarnos muchas veces en las camas elásticas de las fiestas de Santa Ana de Cervera (yo también).
-Terminar “La historia interminable”, leer el quinto de “Los futbolísimos”, “Matilda” y otros libros.
-No ir con prisa a los sitios.

Yo también añado:

-Recuperar ese momento de leer el periódico (de papel) o alguna revista vieja tranquilamente después de comer con un café con hielo.
-Descubrir nuevos caminos para correr.
-Ordenar mis libretitas.

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(Ayer, comenzando con la lista de deberes)

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Fin de curso

Y, de repente, han pasado nueve meses y medio, otro curso escolar. El último día de cole las veo más mayores, como si esta pasada noche hubieran crecido unos cuantos centímetros. En la última mañana de camino al cole hablamos del almuerzo especial que van a hacer hoy en clase, de que dentro de una semana se van a Logroño a casa de los tíos, de que esta tarde toca la última clase de natación, y cumple, de qué haremos mañana, de cuándo vamos otra vez a la piscina…

Ha sido un fin de curso intenso, de huelgas y camisetas verdes, de fiestas de cumpleaños y tareas de última hora. Hoy es un día de despedidas, de Leticia, de Concha, de Sarah, de las profesoras que por traslados o cambios o recortes no seguirán el año que viene. De los amigos de clase a los que no veremos durante el verano y volverán más altos y más morenos dentro de casi tres meses. De los padres con los que hemos compartido conversaciones de patio y tardes en el parque. Nos despedimos de nuestro cole, con sus rutinas, sus canciones, sus deberes, sus juegos, sus historias, su comedor, su huerto, las discusiones por la mañana para llegar a tiempo, para elegir la ropa o las horquillas… Ahora me queda una montaña de carpetas y dibujos en la mesa del salón por recoger; los planes para el verano por organizar; las ganas de descansar, y un puntito de nostalgia o emoción o no-sé-qué que me acompaña cada fin de curso.

Piscina

Cuando era pequeña, celebrábamos el último día de cole yendo a comer a la piscina del Parque Deportivo Ebro. Esta la han cerrado, pero cuando vuelva el calor iremos a otra piscina a celebrar el principio del verano. ¡Feliz verano!

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