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Golondrinas, moras y pastas de la Loli

Me gusta perder la noción del tiempo en Cervera. No saber si es lunes o jueves, 3 o 9. Hoy toca mercadillo, ah, pues es viernes. Me gusta levantarme sin despertador, cuando me despierta la claridad, o los pájaros, o el olor a tostadas o el colchonero que pasa con su furgoneta (“Señoraaa, colchones a precio de fábrica”).

Me gusta desayunar y comer y cenar en nuestro salón-cocina-entresuelo, con la puerta de la calle abierta, con la vida entrando a raudales: el Félix con su bastón que viene a traer caramelos para las chicas; Anne, Unai y Mireia que vienen a buscarlas para ir a jugar; la Bego con una tarta para Chema; una vecina para hablar de mi libro; Cruci para comentar los planes del día, si hoy comemos en la Tienda o cada uno en su casa, y ya de paso os traigo una tortilla, riquísima.

Me gustan los días de sol para ir a la piscina, pero también los nublados, en los que hacemos otros planes: subimos al Castillo, vamos al Pozo Largo, cogemos moras, las chicas organizan partidos de fútbol en la plaza o yo me voy a correr por la vía verde. Me gusta el barullo de las fiestas de Santa Ana en julio y los días más tranquilos de agosto. Me gusta comprar pastas en la Loli y los viernes en el mercadillo. Me gusta reencontrarme con amigos (gracias, Román) y esperar a los que vienen de visita. Me gustan las tertulias en la fresca. Me gusta desconectar de internet y de la actualidad, aunque las noticias importantes también llegan (Gaza, el ébola, el reencuentro de la presidenta de las Abuelas de la plaza de Mayo con su nieto, una granizada impresionante una tarde en Zaragoza…).

Me gusta escribir tranquila después de desayunar, esperando a que las chicas vayan despertándose y bajando por las escaleras. Lara suele ser la primera. Baja con cara de sueño y ganas de hablar. Mientras come magdalenas, nos contamos nuestros sueños.

piscina cervera2

(La piscina de Cervera y al fondo, los restos del Castillo)

PD Este verano, además, mis golondrinas han llegado a Cervera. Presentamos el libro en el Casino y fue un éxito. Podéis leer la crónica en el blog de El refugio de las golondrinas. El libro está en la biblioteca y se vende en la Begoña.

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Tiempo de almendras, moras y chuletillas

En Canejá no hay cobertura de móvil. Hay olivos, algunas viñas, nogales, almendros, caminos polvorientos, unos molinos de viento allá a lo lejos, alguna casilla desperdigada, las ovejas del Mónico. De vez en cuando nos refugiamos en Canejá (ya lo he contado alguna vez en este blog).

A Canejá se llega siguiendo un camino que sale de Cervera, pasa al lado del viejo campo de fútbol, serpentea hasta llegar al alto del Tolmo. Ahí se puede hacer un descanso y disfrutar de las vistas espectaculares. El silencio. El aire. Después se emprende la bajada, el camino pasa junto a la ermita de San Esteban, luego gira hacia la vega, continúa unos kilómetros junto a unos campos sembrados y ahí, donde los chopos altos, se toma el sendero que lleva a la casilla del Tío Julio. Lara y yo llegamos andando, también se puede ir en coche o en bici.

Este año volvemos a escaparnos del barullo de las fiestas del Pilar y organizamos excursión familiar a Canejá. Cogemos almendras (las nueces no, todavía están verdes) y uvas, saboreamos las moras tardanas. Subimos a los árboles y nos pinchamos con las zarzas. Comemos al sol migas, chuletillas y longaniza a la brasa. Volvemos a contar las mismas historias familiares. Echamos de menos a los que no han podido venir hoy. La prima Marina anuncia nuevos planes. Las chicas bailan y cantan las canciones de los cabezudos. Y cuando va cayendo la tarde y ya hay que ponerse chaqueta, emprendemos el camino de vuelta. Bajando del Tolmo, los móviles vuelven a funcionar.

Tolmo

(Subiendo al Tolmo, camino de Canejá)

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