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Paris sera toujours Paris

La felicidad es un mapa arrugado de París. Son los saltos, las risas y las fotos delante del Arco de Triunfo, del Panteón, en la plaza de los Vosgos, en Montmartre, en la Ópera, en el parque des Buttes Chaumont, en la Villette, en un Burger refugiados de la lluvia parisina. Unos bocadillos debajo de la torre Eiffel. Reírnos de Robert Ryman en el Pompidou. Reírnos de los escaparates de lujo de la rue Saint Honoré. Un helado de yogur o de chocolate. Una cena de quesos. El suelo que cruje en nuestro apartamento parisino prestado. Sus libros, los libros, la música. El paisaje que discurre por la ventanilla del tren. ZAZ y nosotros cantando ‘Paris sera toujours Paris’.

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La felicidad es también bañarnos en las playas de Liencres. La ‘tabla’ de surf que nos acompaña desde que mi hermana y yo éramos pequeñas, y que mengua ahora cada año mientras las chicas crecen. Constatar con orgullo y vértigo cómo el tiempo vuela con ellas. Meter los pies en el Pozo Largo. Ver estrellas y contar historias en Clunia. Un día de picnic y piraguas en Playa Pita. Una cena en la parte antigua de Cáceres. Piscina y carne a la plancha en la casita del Parque del Príncipe. Nadar en una piscina solitaria y secarme al sol. Descubrir un camino nuevo para correr.

La felicidad es también volver a casa, al calor pesado de Zaragoza, a la tienda de pan y periódicos de la plaza, a nuestra piscina de Balsas, a los entrenamientos, a la rutina…

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Última tarde de playa

Me siento en la orilla, justo donde rompen las olas, los pies asomando bajo la espuma. Es nuestra despedida de Cádiz. Sopla levante y la arena que arrastra el viento me pega en el costado izquierdo. La marea está de subida. Las chicas saltan olas, no quieren salir del agua. Estiramos la última tarde. Sabe a sal y a Calippo de lima limón. Cierro los ojos unos instantes. Sé que mañana, ahora mientras escribo, echaré de menos este momento. Noto la arena pegada, el pelo enredado, la piel tostada, vuestras risas de fondo. Si pudiera detener el tiempo.

Me gusta volver a Rota, a nuestro camping, a nuestra playa. Qué pequeñas erais la primera vez que vininos. Pocas cosas han cambiado; algunas sí. Me gusta volver a ver a Marisol, sevillana, 4 hijos, la mujer más guapa y simpática del camping. Nos cuenta que siguen viniendo cada verano, que el próximo año va a ser abuela, que hace unos meses se montó en avión por primera vez. El sol se va escondiendo tras el horizonte, a punto de estallar.

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Los atardeceres en nuestra playa son maravillosos. La playa de Aguadulce, medio salvaje, no sale en algunos mapas. Está a mitad de camino entre Rota y Chipiona. A veces se ven aviones de la Base, y cometas. Las mareas descubren o esconden las rocas. El agua está templada. Echo un ojo a las chicas: siguen saltando olas, cada vez más altas, más esbeltas, más cómplices, buscando sus caminos. Sigo saboreando estos momentos que guardo en un frasquito de cristal.

Atesoro imágenes de un verano que se acaba. Esta playa. Las vistas desde lo alto de la duna de Bolonia. Los Juegos Olímpicos que nos han acompañado en nuestro periplo. Las tertulias a la fresca y las tortillas de patatas en Cervera. Caminos para correr. Cafés con hielo y sin prisas. La hospitalidad de Javier. Las olas de Liencres. Los planes de Cáceres. Las partidas familiares de petanca (qué mala soy). Las canciones en los largos viajes en coche. Y las ganas de volver a casa también. Volver a ver a los amigos. Preparar las cosas del cole. Ordenar las fotos. Retomar las rutinas. Pensar en nuevos proyectos. Echar de menos esta última tarde de playa.

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Nuestra Vuelta a España

Nos despedimos de las vacaciones y de Cáceres el día que están poniendo las vallas para la llegada de la Vuelta ciclista a España. La curiosidad infantil se desata en el asiento de atrás: “¿Cuántos días les cuesta dar la vuelta a España en bici? ¿Qué comen los ciclistas? ¿Van todos juntos? ¿No se cansan? ¿Qué le dan al que gana? María y Sergio son los que más saben de bicis…”. Así, entre historias de bicis y vomitillos, emprendemos viaje y recordamos nuestra particular Vuelta a España de agosto.

Empezamos en Cervera. Nos bañamos en el Pozo Largo (el río ha vuelto a tener agua este verano y es un lujo bañarse en las pozas de nuestra infancia) y en el agua helada de las piscinas. Compartimos paseos y juegos con amigos. El Ratoncito Pérez vino tres veces. Vimos llover estrellas. Y compramos pulseras de colores y tomates en el mercadillo de los viernes.

Después saltamos olas en Liencres y Llanes. En Asturias, vimos gaiteros y cuevas, tomamos sidra y quesos, descubrimos playas a las que se llega entre prados y vacas, y jugamos grandes partidos de fútbol en el camping. Además, nos hizo sol.

carrera playa liencres

(Carreras en la playa de La Arnía, Liencres)

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(Amanecer en la playa de Poo de Llanes)

Y acabamos en Cáceres, en sus piscinas y sus parques. Las chicas tomaron puré de Lina y Lacasitos de Abu. Una tarde nos perdimos por las calles empedradas de la ciudad antigua y otra descubrimos una librería nueva (Libros y café).

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Y los nómadas de agosto volvimos a casa, más morenos, con la cámara de fotos llena y ganas de ver a los amigos del barrio.

PD El danés Michael Morkov ganó la 6ª etapa de la Vuelta a España 2013, con llegada en Cáceres, en un emocionante final.

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