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Mi primera maratón

Una maratón son 42 kilómetros y un montón de sensaciones difíciles de resumir. Son los abrazos con mis amigos jabatos minutos antes de empezar. Son las lágrimas en la llegada. Son los kilómetros de sufrimiento. Los ánimos que te hacen volar. Las fuerzas que salen de no sé dónde. Las dudas, los nervios, las certezas, los sueños. 42 kilómetros y mucho más que una carrera.

Mi primera maratón, el 6 de diciembre en Castellón, empezó mucho antes de que sonara el pistoletazo a las 9.00. Empezó cuando salimos el sábado por la mañana de Zaragoza en el jabatotaxi. Cuando Miguel empezó la cuenta atrás en el whatsapp hace tres meses. Cuando a Sergio le tocó el dorsal de Castellón en un sorteo hace meses y nos arrastró a todos a apuntarnos. Cuando me apunté con las chicas a atletismo en la Granja hace dos años y medio. Cuando vi pasar la maratón de Zaragoza de 2013 y en secreto pensé “tal vez algún día…”.

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(Los jabatos minutos antes de la salida)

Y llega el momento. Los jabatos nos repartimos por los cajones de salida. Suena el pistoletazo. Sergio y yo nos situamos junto al globo de 3.45. Somos novatos, hemos entrenado bien, tenemos muchas ganas y muchas dudas sobre cómo vamos a aguantar el ritmo. Por delante van Pepelu y Miguel. Y por detrás Elisa y Fran. Durante la carrera nos cruzaremos con ellos varias veces. Sergio y yo sentimos que vamos bien, pasamos a la liebre y apretamos un poco el ritmo (qué bien se corre a tu lado, Sergio). Más adelante Álex se une a nosotros y nos da conversación, ánimos y bebida. La recta larguíiisima hasta el mar se nos hace un poco monótona y dura. Al pasar por la media maratón tengo dudas de si no pagaremos más tarde el ritmo más alto de lo previsto. La vuelta a las calles del centro, los ánimos de los jabatos y los castellonenses me dan mucha fuerza. Ser chica en una carrera con participación mayoritariamente masculina te garantiza muchos ánimos del público: “Aupa, xiqueta”, “Muy bien Paula”, “Venga maña”, “Aupa neska”. Y se agradece mucho. A partir del 30 sigo con Álex, a buen ritmo (gracias, Álex). No me doy con el famoso muro pero cada vez me pesan más las piernas. Me dejo llevar por las calles de Castellón, mientras mi cabeza da mil vueltas. 42 kilómetros dan para pensar en muchas cosas: en las chicas y Chema, en los jabatos, en Mari Carmen, en nuestro piso de Barcelona, en la Pedrada, en qué hago yo aquí, en aquel domingo que salí sola a hacer una tirada larga y hacía un tiempo horroroso y estuve a punto de darme la vuelta pero seguí, en los entrenamientos de la Granja, en Olorón, en Eva y Mónica, en mis golondrinas, pasamos junto a una agencia de viajes y veo un cartel de Nueva York…

Zancada a zancada van cayendo kilómetros. Los últimos tres se los dedico mentalmente a cada una de mis hijas. Ya veo el Parque Ribalta y la línea de meta. Los últimos 195 metros creo que vuelo. Gracias a todos los que corréis conmigo en la vida y me habéis llevado hasta aquí.

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(La foto de la llegada es de Carme Ripollés, mi amiga, una gran fotógrafa, que estaba ahí para darme ese abrazo tan bonito nada más cruzar la línea de meta).

PD Quiero destacar la buena organización de la maratón de Castellón. No sé cómo serán otras, pero en ésta hay muchos avituallamientos y voluntarios, el trato a los corredores es exquisito y la animación de 10.

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Cosas que me traigo de Castellón

Muchas emociones concentradas en una tripa de seis meses. El mar y las nubes desde la ventanilla del tren. Reencuentro de amigas (faltabas tú, Aitana). El ruido de los petardos de las Fiestas de la Magdalena. Abrazos. Conversaciones de periodismo, fotografía, Nicaragua, política y, esta vez, sobre todo de crianza. Planes para volver en diciembre con unas zapatillas de running. Un libro (“Infrafútbol”, de Enrique Ballester, de la colección Hooligans Ilustrados). Sabor a primavera, terrazas, sidra, cervezas y carajillo (no todo a la vez). La constatación de la odisea de viajar en tren a Castellón desde Zaragoza (hay que hacer trasbordo en Tarragona y el AVE te deja tirado en una estacion en mitad del monte a 15 kilómetro de la ciudad). Risas. Frases de la última novela de David Trueba (“La modernidad, la modernidad cierta es encontrarnos de nuevo a nosotros mismos y descubrir la casa, la calle, el tiempo, el amanecer, el atardecer, el sol, las nubes, lo orgánico”, ‘Blitz”). Las ganas de volver a vernos.

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(Tren Castellón-Tarragona)

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