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Campamentos

Mi primer campamento fue a la granja escuela La Cueva del Gallo, en Chiprana. Tenía 8 años y fui con mi vecina María Ángeles. Viajamos en tren desde la estación del Portillo. Llevaba una mochila que me parecía muy grande y una gorra roja. Recuerdo una higuera alta y frondosa que había en el patio de la granja escuela. Me gustaba escalar a las ramas más altas en busca de higos maduros. Me gustaba ordeñar a las cabras pero las gallinas que me daban miedo. Recuerdo la piscina verde con ranas; un día que hicimos pan; la cueva del Gallo; una marcha nocturna con linternas.

La granja escuela fue el verano de 3º. Ordeno mis recuerdos por cursos escolares más que por años. En 4º no sé por qué no fui a ningún campamento . En 5º fui con el colegio a Hinsbeck (Alemania), mi primer viaje en avión. Dormíamos en unas cabañas de madera que me parecían muy elegantes, me solté a hablar alemán, aprendí a jugar a ping pong y me hice una amiga alemana con la que después me intercambié cartas durante unos meses.

En 6º y 7º fui al campamento de Virgen Blanca en el valle de Gistaín, una maravilla en la naturaleza. Había tiendas de campaña, letrinas, un río de aguas heladas y un paisaje espectacular. Pasábamos tres semanas aislados en la montaña, sin pisar ningún pueblo, ni tienda, ni piscina. Era el paraíso. Había día de padres, y los míos venían con mi hermana y nuestro menú de campamentos: ensalada de arroz y pechugas de pollo rebozadas. Volvía con las rodillas ennegrecidas y unas cuantas historias apuntadas en un cuadernito.

En 8º fui a Villanúa. Pasó más desapercibido en mi historia personal de campamentos. En 1º y 2º de instituto seguí yendo de campamentos: a la Ruta del Cid. Era una idea buenísima que creo que no se repitió. Éramos un campamento itinerante siguiendo la ruta del Cid por Aragón. Cada día caminábamos una etapa y dormíamos en un pueblo diferente (en un colegio, un albergue, donde tocara). No recuerdo la ruta exacta, pero sí que pasamos por Daroca, Aldehuela de Liestos, Torralba de los Frailes, Núevalos, Bronchales, Orihuela del Tremedal, Albarracín y un puñado de pueblos más. Los monitores eran majísimos y repetimos prácticamente el mismo grupo los dos años. A pocos los he vuelto a ver. Con Quique el monitor coincido mucho por Zaragoza y hablamos de nuestros hijos. A mi amiga María José de Ejea la volví a ver hace poco en una carrera. Estamos igual que hace 25 años, nos dijimos.

Me gustaría recuperar todas las cartas que escribía y recibía en campamentos (siempre hemos sido una familia muy escritora). Me gustaría viajar en el tiempo: volver a escalar a lo alto de la higuera de Chiprana, bañarme en un ibón del valle de Gistaín, caminar por la ruta del Cid. Me gustaría, chicas, veros ahora por un agujero: una en el campamento de Alquézar, las otras en Canfranc. ¿Qué recordaréis, vosotras, de vuestros campamentos? ¿Qué huella os dejarán? ¿Qué montañas escalaréis, qué amigos haréis, qué aventuras y secretos atesoraréis?

Hermanas montañeras
No guardo fotos de mis campamentos, pero rescato esta foto de dos hermanas montañeras y aventureras. Ahí llevo mi gorra roja de la granja escuela.

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Diez años

Aquella mañana fui a nadar a la piscina del Actur. Hizo mucho calor ese mes de junio y tú no tenías prisa por salir. Después fuimos a comer con Pili y Luis Ignacio (a los que les quedaban unas horas para adquirir el título de abuelos). Por la tarde nos refugiamos del calor en casa, leyendo los periódicos y viendo el Mundial de Alemania en la tele. No me acuerdo quién jugaba, el fútbol se mezcla en mi memoria con el inicio de las contracciones. Chema me apunta que jugaban Portugal y Angola, y marcó Pauleta. Y entonces empezaron las contracciones seguidas y fuertes. Después todo pasa a cámara rápida: los consejos de Eva, la matrona, un taxi volando al hospital, la luna llena por la ventanilla, un camisón verde y al paritorio, ya no da tiempo de poner la epidural, dos empujones y ya estás aquí. Qué bonita. El 12 de junio de 2006, a la 1.30.

Tras esta introducción, empieza una película maravillosa. Mezclo escenas y desordeno recuerdos: te veo corriendo con un año por una playa de Cádiz, haciendo pinos y volteretas unos años más tarde, metida en la cuna con tus hermanas, saliendo de la guardería de la mano de Alba y diciéndome que era tu amiga, subiendo las escaleras del conservatorio de danza, tomándonos juntas una horchata, soñando con ese viaje de mayores que haremos algún día, saltando en las camas elásticas, poniendo cara de asco ante un plato de acelgas, bailando, entrando en el cole con tu mochila de ruedas, subiendo al tren que te llevaba de campamentos, buscando un diente que se te había caído en el Pozo Largo, cogiendo a tus hermanas de la mano, soplando las velas de la tarta…

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Diez años que han pasado volando, Lara. Empiezas a ir sola a los sitios, a elegir tus libros (“Harry Potter”), tus películas favoritas (“Billy Elliot” y “Vacaciones en Roma”), tus amigos, tus gustos, tu camino por la vida. Te acompañaremos allá donde quieras bailar.

 

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La vuelta del campamento

En el fondo de la mochila aparecen unos calcetines hechos un gurruño. Lara vuelve de su campamento en Canfranc más alta, más morena, como si hubiera crecido varios centímetros de golpe. La mochila vuelve un poco desordenada y cargada de emociones que nos va contando atropelladamente en el viaje de vuelta del Pirineo. Sus hermanas escuchan atentísimas y le cuentan su semana en Logroño. Lara trae historias con Alba y Lucía, más amigos, una trenza de colores, varios tatuajes de los que se van, canciones nuevas, alguna postilla, sueño retrasado, la habilidad de hacer pompas gigantes de chicle, recuerdos de pozas y montañas, una brújula. Sólo ha perdido una braga y la esterilla que nos prestaron los abuelos. Y una camiseta va directa a la basura.

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“¿Lara, el año que viene podemos ir de campamentos contigo?”

Y a mí me queda la sensación de que a veces el tiempo no discurre igual en la rutina de la ciudad que en la montaña, para nosotros que para ellas. Las miro disimuladamente por el espejo retrovisor del coche, y veo futuros campamentos, viajes, secretos de hermanas…

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