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Las hermanas Polgar y otras historias de ajedrez en Calamocha

No tengo ni idea de ajedrez. Justo sé que la torre se mueve en línea recta y el caballo va a saltos. Pero me gusta acompañar a Vega a torneos de ajedrez. Me gusta que nuestras chicas descubran sus propios caminos y aficiones. Aplaudo los beneficios y valores del ajedrez: desarrolla la atención, la concentración, la creatividad y la imaginación, potencia el razonamiento lógico-matemático, aumenta la reflexión y la capacidad de toma de decisiones, fomenta las relaciones interpersonales, enseña a ganar y a perder…

Poco a poco voy entendiendo la dinámica de los torneos escolares (aún voy bastante perdida). Hay una lista de inscritos por categorías, un programa informático hace el sorteo, se cuelga un papel con los emparejamientos, blancas o negras, los chavales ocupan sus posiciones en riguroso silencio, los padres esperamos fuera. Me impresionan el silencio y la concentración. Entre partida y partida, los chicos y chicas salen de la sala, comentan entre ellos las partidas, juegan a pillar, o a fútbol, comen chuches y esperan a que se vuelva a hacer el sorteo para la siguiente ronda. Así 7 u 8 rondas, depende de los torneos, cuatro o cinco horas.

Este sábado fuimos a Calamocha. Eché de menos a mi amiga Eva, compañera de cafés en los torneos. Mientras Vega jugaba, me fui a dar una vuelta por la Feria de Calamocha. Vendían jamón, tractores, gallinas, quesos, chocolates, jabones, aspiradoras, cuchillos, estufas… Me tomé un café, compré un bolso a una artesana de Teruel y lotería de Navidad a los chicos del instituto, apunté ideas en mi libretita. Tras cada ronda, volvía a esperar a Vega. Por la cara sabía qué tal le había ido. Al final le fue bien, y tiene ganas de seguir aprendiendo y yendo a torneos.

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Me gusta observar y escuchar a los que saben. Disfruté mucho en el camino escuchando a Enrique Sánchez (profesor de ajedrez del colegio y el club Marcos Frechín y gran impulsor del ajedrez en Aragón). Hablamos de Pedro Ginés, zaragozano que se acaba de proclamar campeón del mundo de ajedrez sub14. Y de María Eizaguerri, otra gran promesa aragonesa, que ha quedado octava en el mundial. Enrique habla del talento y del esfuerzo, la importancia de no cometer errores, y de aprender de ellos. Cuenta la historia de las hermanas Polgar, tres hermanas húngaras a las que sus padres educaron en casa sin ir al colegio, y a las que entrenaron desde pequeñas en ajedrez. Querían demostrar que los genios no nacen, se hacen. Las hermanas Polgar llegaron a ser grandes campeonas, especialmente la menor, Judit, considerada la mejor ajedrecista de la historia y que ha ganado a números 1 como Anatoly Karpov o Gary Kasparov.

En el viaje de vuelta de Calamocha también hablamos de fútbol. Por la mañana Vega y Luna habían jugado un partido con su equipo (el Zaragoza Club de Fútbol Femenino) en Pina de Ebro. Qué diferentes el fútbol y el ajedrez. O no tanto. Sigo dándole vueltas a la historia de las hermanas Polgar, mujeres en un mundo de hombres, a la importancia de los entrenamientos, al talento, a la pasión por el deporte, el que sea, ganar y perder, seguir aprendiendo siempre…

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