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Para conciliar no hace falta exiliarse a Suecia

Yo concilio gracias a que he tenido suerte con mi jornada reducida, gracias a que tenemos a mano a abuelos, con mención especial para el abuelo taxista (la huelga de autobuses de Zaragoza nos lo pone un poco más difícil), gracias a la tía Asun que antes de romperse el tobillo siempre estaba disponible, gracias a las colonias del cole en las vacaciones escolares, gracias a la colaboración de otros padres y madres para llevar y traer a nuestras hijas a las extraescolares, gracias a los tíos de Logroño que nos organizan campamentos de verano, gracias a la buena voluntad.

Sí, yo concilio y soy una privilegiada en este país en el que conciliar es un milagro. Después de ver el programa Salvados de anoche (“El milagro de conciliar”), me gustaría vivir en Suecia. Admiro y envidio su política de conciliación: jornadas continuas, horarios flexibles, bajas por maternidad y paternidad de 480 días, días de permiso pagados para cuidar a los hijos cuando se ponen malos, ratio de un educador por cada cinco niños en guarderías, ayudas económicas del Estado por hijos hasta los 8 años…

El milagro de conciliar

Me gustaría vivir en Suecia, pero en invierno hace mucho frío. Creo que para conciliar no hace falta exiliarse. Muchas de las medidas para conciliar que envidiamos de Suecia se podrían aplicar en España con voluntad política y de las empresas (sí, también en las empresas periodísticas). Y con leyes y sanciones si hace falta para acompañar un poco el cambio cultural necesario. No he oído a ningún político español hablar en serio sobre conciliación en la campaña electoral o en el largo periodo de negociaciones post 20D. La foto de Carolina Bescansa con su bebé me pareció un gesto que sirvió para hacer un poco de ruido. ¿Empezamos ya a hablar en serio de conciliación?

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Sin cargas familiares presentes ni futuras

Estimado/a director/a de la empresa Aurejor de La Coruña:

He leído su anuncio publicado en La Voz de Galicia:

sin cargas familiares presentes ni futuras

(Entre los requisitos: “nacionalidad española, ganas de trabajar, desempleada de 25 a 35 años, sin cargas familiares presentes ni futuras”.
Visto en Twitter, vía @hematocritico)

No opto a su puesto de trabajo, porque no cumplo los requisitos, pero quería hacerle algunas preguntas. Me gustaría que aclarara qué quiere decir el término “sin cargas familiares presentes ni futuras”. ¿Se refiere a un primo pesado, un cuñado cargante, una suegra inquisidora? ¿O a esos pequeños que nacen, crecen, a veces se ponen malos, y nos llenan la casa de mocos, alegrías, historias? ¿Usted es de los que piensan que los hijos son una carga o de los que dicen solemnes que son el futuro de la sociedad? ¿Ser madre es incompatible con trabajar? ¿Y ser padre? ¿Los niños en edad escolar pero que saben vestirse solos y hacen los deberes solos cuentan como carga familiar presente? ¿Cómo se miden las cargas familiares futuras? ¿Hay que presentar un certificado médico de todos los familiares directos? ¿Hay que hacer una declaración jurada de la renuncia a tener hijos en el futuro? ¿El incumplimiento de esa promesa, voluntaria o involuntariamente, implica el despido? ¿Usted no tiene hijos, padres, pareja? ¿Usted no cumple años? ¿Considera que la sensibilidad y el sentido común deberían ser requisitos para dirigir una empresa?

Atentamente,
Paula Figols

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La vuelta del campamento

En el fondo de la mochila aparecen unos calcetines hechos un gurruño. Lara vuelve de su campamento en Canfranc más alta, más morena, como si hubiera crecido varios centímetros de golpe. La mochila vuelve un poco desordenada y cargada de emociones que nos va contando atropelladamente en el viaje de vuelta del Pirineo. Sus hermanas escuchan atentísimas y le cuentan su semana en Logroño. Lara trae historias con Alba y Lucía, más amigos, una trenza de colores, varios tatuajes de los que se van, canciones nuevas, alguna postilla, sueño retrasado, la habilidad de hacer pompas gigantes de chicle, recuerdos de pozas y montañas, una brújula. Sólo ha perdido una braga y la esterilla que nos prestaron los abuelos. Y una camiseta va directa a la basura.

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“¿Lara, el año que viene podemos ir de campamentos contigo?”

Y a mí me queda la sensación de que a veces el tiempo no discurre igual en la rutina de la ciudad que en la montaña, para nosotros que para ellas. Las miro disimuladamente por el espejo retrovisor del coche, y veo futuros campamentos, viajes, secretos de hermanas…

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El año de las golondrinas

Creo que es imposible resumir un año en una palabra, una imagen o una portada de periódico. Pero como estas fechas toca hacer balance y mi blog celebra su cumple (ya va por su 4º aniversario), yo también escojo una.

Para mí ha sido el año de las “golondrinas”. Presenté mi primera novela en junio (“El refugio de las golondrinas”) y ahora sigue volando gracias a vuestras lecturas, comentarios, recomendaciones, fotos. Cuando hace años empecé a tomar notas en mi libretita, no podía ni siquiera soñar que un día esas palabras se convertirían en personajes (casi) reales con forma de novela. Ahí están Martin, Dimitri y Paco, María, Rafael, Helena y Diego, Mario y Luz, la plaza, la torre, el chico que miraba la torre… Brindo con ellos y con vosotros.

Nules

(Mis golondrinas viajeras en la playa de Nules. Foto de Carme Ripollés)

Yo, como mis golondrinas, aún no sé si quiero refugiarme en la plaza o volar a países lejanos. O las dos cosas. Mientras, sigo escribiendo, que es una manera de viajar, de vivir, de observar, de ser.

Que el próximo año nos traiga más historias, abrazos, sonrisas, viajes, pequeños momentos, reencuentros, libros, conciertos, cafés, carreras…

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Prohibido jugar a la pelota o patinar rápido

Si fuera vecina de La Almunia (Zaragoza), organizaría un partido de fútbol en la plaza del pueblo o me pondría los patines y me echaría a rodar. Así, desafiando a la ley, exponiéndome a una multa de hasta 1.500 euros. El ayuntamiento de este pueblo acaba de aprobar la modificación definitiva de la ordenanza de convivencia y civismo, que prohíbe expresamente “aquellos juegos que sean molestos o supongan un riesgo para las personas y bienes”. A partir de ahora los niños mayores de 7 años tienen prohibido jugar a la pelota en las plazas y vías públicas. Y sólo se permitirá patinar a una velocidad inferior a la de un peatón andando (leo en un artículo de Cristina Adán, en el Heraldo de Aragón).

Suena a broma si no fuera en serio. El alcalde, Victoriano Herráiz, argumenta que en otros lugares también existen estas prohibiciones. Sí, he visto carteles de “Prohibido jugar a la pelota” en otras plazas y pueblos. Y campings donde dicen que los niños no pueden correr entre las parcelas. Y hoteles y restaurantes donde no dejan entrar a niños. Pero esta ordenanza de La Almunia me parece de las más absurdas. ¿Instalarán velocímetros a los patines? ¿Pedirán el DNI a los niños?

 Luego leeremos los informes sobre cuántas horas de televisión ven los niños, o sobre sedentarismo y obesidad infantil, o sobre qué tiempos aquellos en los que los niños jugaban en la calle. Y a mí me dan ganas de ir a la Almunia a organizar un partido de fútbol o patinar por la calle a toda velocidad.

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Graduación y verano

Se cierra la puerta del cole y salimos cargadas con las carpetas y las emociones del último día. ¿Ya ha pasado un año? ¿Ya han pasado tres desde que Vega y Luna empezaron el colegio? Ayer por la mañana celebramos la fiesta de graduación de Infantil. Estabais contentas y nerviosas con vuestros birretes de cartulina. Los padres disimulamos la emoción mientras hacemos fotos. Lara, veterana, os cuenta cómo será cuando vayáis al edificio de los mayores. Vosotras habláis de las mochilas y los estuches que estrenaréis en septiembre para Primaria. De superhéroes o de fútbol. Habláis del cole y de las vacaciones. Nos despedimos de los profesores, de los amigos de clase, de las monitoras de comedor, de los otros padres con los que hemos compartido tres años de juegos, cuentos, teatros, reuniones, canciones, fiestas de cumpleaños, horas de patio, tardes de parque…

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Y hoy empieza el verano. Nos queda una montaña de dibujos y libros del cole por recoger. Pronto hay que preparar la mochila de campamentos de Lara. La abuela Pili se va otra vez al Camino de Santiago con sus amigas. A nosotras nos esperan tardes de piscina en julio, y ruta por España en agosto. Días de sol, de hacer planes y de descansar. Mientras seguís creciendo. Y el tiempo vuela. Todos los finales de curso se me encoge un poco el corazón. “Estoy contenta y un poco triste”, resumió Luna el día.

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Madres e hijas

Me llevé prestado de casa de mis padres un libro que le regalamos mi hermana y yo a mi madre hace unos cuantos años: “Madres e hijas” (edición de Laura Freixas, Anagrama). Es habitual que los libros y los tuppers vayan y vengan de mi casa a la suya. Agosto del 96, leo en la dedicatoria, qué jóvenes éramos, María. Sólo hemos cambiado un poco. Y ahora ya hay cuatro nietas en la familia.

El libro es una antología de relatos escritos por mujeres hablando sobre la maternidad, la figura de la madre, la de la hija y las relaciones entre ellas. Laura Freixas destaca en el prólogo la escasa presencia de estos temas en la literatura. De los 14 relatos elijo (cómo no) el de Carmen Martín Gaite: “De su ventana a la mía”. Habla de su madre, de Nueva York y de mujeres que sueñan asomadas a la ventana:

“Estaba mucho más allá, en ese más allá ilocalizable adonde precisamente ponen proa los ojos de todas las mujeres del mundo cuando miran por una ventana y la convierten en punto de embarque, en andén, en alfombra mágica desde donde se hacen invisibles para fugarse”.

Las hijas y las nietas vamos hoy a comer a casa de los abuelos. Cuando éramos más jóvenes nos pedíamos comidas especiales para los días especiales (cumpleaños, fin de curso, la vuelta de un campamento o de un viaje). Las croquetas y los canelones estaban entre nuestros platos preferidos. No sé cuál es el menú de hoy. Seguro que estupendo. A las tres nietas mayores les encantan las lentejas y las albóndigas. Probablemente volveré a nuestra casa con algún tupper o algún libro.

Foto con Mama y María

Con mi madre y mi hermana hace unos cuantos años. Una de mis fotos preferidas del álbum familiar.

¡Feliz Día de la Madre!

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