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Confesiones de una biziclista

Soy adicta desde hace casi cuatro años al servicio Bizi de Zaragoza: un gran invento para moverse en bici por la ciudad, con algunos “pequeños” problemas por la masificación. Y puedo confesar algunos pequeños pecadillos.

Confieso que yo también he corrido para llegar a por la última bizi que queda en la estación de plaza de España a las 14.30 de un día cualquiera. Igual que he competido con otros ciclistas por llegar la primera a la estación que hay debajo de mi casa y poder dejar la bicicleta en el último anclaje libre. Eso sí, sin llegar a las manos, todos nos sonreímos cortésmente y nos decimos eso de “cómo está el servicio Bizi, eh”. Confieso que un día me subí la bizi a casa porque no encontraba una estación libre en dos kilómetros a la redonda y no me daba tiempo de comer e ir a por las chicas al cole (luego la devolví antes de dos horas, eh). Confieso que a veces voy en bizi por aceras de menos de cuatro metros, incumpliendo la normativa, pero nunca he atropellado a nadie. Confieso que en un viaje a Barcelona pasé mi tarjeta Bizi por el lector del Bicing (el servicio de alquiler de bicis de allá, hermano mayor del de Zaragoza), a ver si el sistema informático me dejaba dar un paseo por Barcelona sobre dos ruedas. No me dejó, claro.

Es verdad que en horas punta es difícil coger una bizi en una estación del centro. Y que a veces el sillín se mueve o los frenos chirrían demasiado. Pese a ello, me parece un gran servicio, barato, que ha supuesto una revolución en la movilidad de Zaragoza. Casi 40.000 zaragozanos tenemos tarjeta Bizi y más de 10.000 están en lista de espera. Eso sí, a ver si arreglo mi vieja bici (sin “z”) del trastero o les pido una a los próximos Reyes para no ser tan bizidependiente.
 

Imagen de unas futuras biziclistas

PD Si alguien del servicio Bizi lee este post, negaré haber dicho eso de que me subí la bizi a casa. Igual me lo he inventado…

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8.317 kilómetros y un año después

Los ciclistas ya han vuelto a casa. María y Sergio acaban de volver, tras recorrer pedaleando 8.317 kilómetros en América (y unos cuantos más en España desde que aterrizaron en Bilbao). Empezaron en marzo de 2011 en Argentina, y siguieron por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y Costa Rica. En su blog de slowcicle (muy interesante y con fotos muy bonitas, para los que no lo conozcan) hemos ido siguiendo su pista: desde sus primeras pedaladas por las sierras de Córdoba, los Andes, el desierto, sus pinchazos, su mate, sus jugos, sus compañeros de viaje, el Titicaca, el Machu Picchu, nadando con tortugas en las Galápagos, la guerra del agua en Cajamarca (Perú), la Navidad en Colombia, la aventura en el Independence, el barco ‘pirata’ que les llevó de Colombia a Panamá…

El reencuentro en Zaragoza ha sido muy emocionante. Primero vino un día María a la puerta del Heraldo. “Abajo hay una chica que se parece mucho a ti, más alta y más morena”, me dijo un compañero. Bajé de tres en tres o de cuatro en cuatro los escalones y nos dimos un abrazo que llevaba guardado un año. Después, María y Sergio quisieron dar una ‘pequeña’ sorpresa a la familia. Y aparecieron ayer en la comida familiar del cumple de las mellis. Aún se oyen en nuestra plaza los gritos de emoción de madres y tías y demás familia. “¿Pero no estabais en Costa Rica?”, preguntaban las chicas un poco alucinadas por el alboroto. Han vuelto más altos, más guapos, más morenos, más delgados. Y con muchas historias que contar.

Seguro que su proyecto de slowcicle continuará. Me gusta el lema que encabeza su blog:

“La vida es como andar en bicicleta. Para mantener el equilibrio tienes que seguir moviéndote” (Albert Einsten).

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Un año de libros, bicis e historias

Este blog cumple un año. Empezó con dudas, pudor (que aún me acompaña) y tímidos pasos. La excusa era un trabajo para un curso de periodismo digital. Siempre me ha gustado escribir y he llenado cuadernos. Hacía tiempo que le daba vueltas a la idea de empezar un blog. Solo me faltaba la excusa. Yel 28 de diciembre llamé a la puerta de WordPress y empecé. El título se lo copié a Carmen Martín Gaite, una de mis escritoras preferidas, que llamaba a sus diarios “Cuadernos de todo”.

Hago recuento (aunque los números son solo una anécdota, me interesan las historias): salen 79 entradas y 250 comentarios. Los textos más leídos son  “Yo no quiero ser una superwoman”, Amo Barcelona” y “Cuelgo las botas” (pequeño homenaje a mi equipo de fútbol, las Apañadicas).

El blog es un reflejo de mi vida: ahí están nuestros viajes familiares, las preguntas y los planes de las hijas, la aventura slowcicle de María y Sergio, los libros que me han gustado este año, algunos recuerdos, mis rincones de Zaragoza, mis paseos en bici, el 15-M, la guardería y el colegio de las chicas, las elecciones, la conciliación, Cervera, Nicaragua…

El aniversario invita a la reflexión. ¿Por qué escribo? No hay una única respuesta. Escribo para vencer la timidez, porque me gusta interpretar la realidad a través de las palabras, me gusta compartir mis historias y me gusta que me leáis. Uno escribe para sí mismo y para los demás.

Gracias a los que me leéis, a los que me animáis, a los que me dejáis comentarios. Voy a seguir navegando un año más, a ver qué historias salen…

Un abrazo.

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Paseos en bici

Mis paseos en bici empezaron en el parque del Tío Jorge y en las cuestas de Cervera. Después siguieron por otras calles de Zaragoza; por Munich (aquel verano de Erasmus en Alemania me compré una bici de segunda mano que me guió por toda la ciudad), y  por León de Nicaragua (las ruedas se hundían en la arena volcánica o tropezaban en las calles mal asfaltadas de la ciudad, mientras yo caía prendida para siempre de este bello e intenso país).

Las bicis están de moda, y estoy encantada. Los ayuntamientos fomentan las bicicletas de alquiler y construyen carriles bici. Se organizan carreras y jornadas lúdicas. Cada vez más gente las usa como medio de transporte (barato, ecológico y rápido en la ciudad) o como parte de su ocio. La primavera invita a montar en bici. A pedalear por la orilla del Ebro, por los campos, por los nuevos barrios de Zaragoza, por el blog de María y Sergio. Seguimos desde aquí emocionados el relato de su viaje en bici por Latinoamérica. Ahora van camino de Salta, en el norte de Argentina.

Hasta se puede pedalear leyendo. Acabo de terminar “El paseo en bicicleta”, un bonito libro de poesía y cuentos de Antón Castro. En él leo cómo fue el viaje de novios de Pierre Curie y Maria Skolodowska (Marie Curie, de casada), en 1895: compraron dos bicicletas con el dinero que les habían regalado unos parientes y se fueron de ruta por Francia. Ella llevaba un ramo de flores en el manillar; él, un pequeños zurrón. Después, siguieron investigando y ganaron el Nobel. Me parece una historia preciosa.

Foto del Día de la bici (1 de mayo) en Cervera del Río Alhama. (¡Gracias, Isa, por prestarnos el material!).

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Mi primera bici

Mi primera bici era verde, robusta, de segunda mano y muchas vidas. Con ella aprendimos a pedalear mi hermana, mi primas y yo. Mis padres la compraron a través de un programa de radio de compra-venta de objetos de segunda mano. Y fuimos a buscarla a un piso del barrio de las Fuentes (la verdad es que yo no me acordaba de la historia, me la recordó hace unos días mi madre). Le dimos mucho trote por las calles del Arrabal, en el parque del Tío Jorge y en el de Macanaz. Años más tarde fue a Cervera y tal vez ande todavía por ahí en algún desván. En las cuestas de pueblo aprendí a montar sin ruedines. Me tiraba desde arriba y no quedaba más remedio que mantener el equilibrio para no ir al suelo o estamparme contra la fuente. Después me compraron una bici roja nueva de BH, en Ciclos Albacar, la tienda de mis vecinos. Y mi hermana heredó la verde. Con la roja ya se podía correr de verdad y yo presumía por el barrio. Cuando iba al instituto me pedí una de montaña, que dio muchas vueltas por caminos y por la ciudad. Me llevaba a la Escuela de Idiomas y a los partidos de balonmano. Esta acabó en manos de algún ladrón. Se la robaron a mi hermana años después en la plaza San Francisco. Luego he tenido otras bicis con menos historias. Y ahora soy fan de las bizis (“las bicis rojas de compartir”, dice Lara).

 

Espero que vosotras disfrutéis con las vuestras, que os acompañen en muchas excursiones e historias, y que os lleven tan lejos como a la tía María.

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