Los niños de la ventana

Tian y Mao se conocieron en el almacén de un bar de Temple Bar, aprendiendo inglés con unos cuentos mientras sus padres servían cervezas y arroz y se preguntaban cada día si aquello era mejor que lo que tenían antes a 8.000 kilómetros de allí. Tian y Mao no hacían preguntas. Tenían 6 y 4 años, y aprendían a decir one, two, three, house, blue, red, happy, sad.

El padre de Tian trabajaba antes de limpiador en el aeropuerto de Pekín, el más grande del mundo, presumía ante sus suegros. Pero el sueldo no era el más grande del mundo y pensó que emigrar a Europa podría ser una buena idea. A Tian le fascinaba que su padre le contara historias de aviones. Y se asomaba a la ventana de su pequeño apartamento en Pekín a ver cómo aterrizaban y despegaban. También en Dublín pasaba horas mirando por la ventana y soñando con todos los viajes que hará: Nueva York, Madrid, París, Río de Janeiro… Su madre odiaba los aviones porque no le dejaban dormir, ni en Pekín ni en Dublín ni en ningún sitio.

Los padres de Mao cultivaban arroz en Guilin. Tampoco tenían el mayor sueldo del mundo. Y por eso acabaron en Dublín. Querían ir a Londres, pero tenían un primo en Irlanda que había montado varios restaurantes y les abrió la puerta. A Mao le daban miedo los aviones, los coches, los autobuses, los sitios nuevos, la gente desconocida. Echaba mucho de menos el paisaje verde de los arrozales y la tranquilidad de su pueblo. Se pasaba el día haciendo dibujos y mirando por la ventana esperando a que su padre volviera de trabajar. Soñaba con coger un avión de vuelta a su casa y no salir de allí nunca más.

100.000 aviones surcan los cielos cada día en el mundo. Muchos niños miran por la ventana. Otros mueren ahogados. Tian signfica ‘cielo’. Su último avión aterrizó en la plaza Mozart de Zaragoza. “Un café, un euro”, me sonríe cada mañana la niña de la foto. Ha crecido, aún sueña con volar a Nueva York. Mao, su marido, se refugia en la cocina y aún espera el día que pueda volver a sus arrozales.

12471508_10208395258349110_6577166055361687008_o

(Foto de Sergio Muro, barrio de Smithfields, Dublín. Sergio nos retó a contar la historia de los chicos de la imagen. Y aquí dejo mi versión)

Anuncios

5 comentarios

Archivado bajo relatos, viajes

5 Respuestas a “Los niños de la ventana

  1. Ana González

    Es una preciosa historia…Me encantaría saber escribir relatos como tu y pensar en lo qué piensan esos niños…Seguro que algún día consiguen ir a Nueva York.

  2. Me gusta mucho tu relato Paula. No sé si te has dado cuenta pero estas ventanas son elásticas. Crecen y crecen. Ya tenemos cuatro. Ésta es la mía. Espero saberlo enlazar.

    • Ohhhhhhhh ¡Es un relato precioso lleno de cajoncitos y tesoros! Un beso al maestro escritor, al fótografo sonriente, a Deirdre, al pequeño príncipe, a todos los que se asoman a esta ventana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s