Vuelo a León

Hay hilos que empiezan a enredarse un día por azar y no sabes dónde te llevarán. No recuerdo exactamente por qué elegí viajar a Nicaragua aquel lejano verano de 2001. Buscaba un destino diferente, unas vacaciones solidarias, salirme un poco del mapa, viajar sin guía… Había oído hablar de la ONG Hermanamiento León-Zaragoza y me apunté. Podría haber sido Guatemala, Marruecos, la India, el Chad, yo qué sé, y la historia hubiera sido diferente.

Pero el destino fue León, y aquel viaje me cambió un poco o mucho para siempre. Cambió mi mirada. Y esos hilos fueron tejiendo una red de personas (aquí y allí), de sueños, de afectos, de ganas de cambiar el mundo. Recuerdo como si fuera ayer el calor pegajoso nada más aterrizar en Managua; el cansancio y la emoción del viaje; el sol y la vida colándose por la ventana a la mañana siguiente; el primer paseo por León con Eva y Pablo; las sonrisas y los abrazos de Mario y Danelia; esa huella que el tiempo no borra, sino que magnifica. Volví a Nicaragua dos años después con Mari Carmen. Y he vuelto después muchas veces gracias a la literatura, las canciones, los relatos y las fotos de otros viajeros…

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“¡Dale, dale, seguime!”, me llamaba Danelia aquella tarde que le hice esta foto. Ahí voy, volando.

Nicaragua me espera y sé que algún día volveré. Subiré con Mario al Cerro Negro, pasearé con Danelia por las calles de León, platicaremos sin reloj, haremos tortillas, nos bañaremos en las playas del Pacífico, Mari Carmen y yo haremos fotos y esperaremos a Ernesto Cardenal… Mientras, los hilos siguen enredándose y los aviones cruzan el cielo. Ahora es mi padre el que se va a descubrir paisajes nuevos. Buen viaje, Papá, que León te reciba con los brazos abiertos.

PD Este post se puede leer como continuación de otros del blog: “El profesor Figols se jubila”“Un córdoba en la cartera” o “Mi Nicaragua”.

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8 comentarios

Archivado bajo viajes

8 Respuestas a “Vuelo a León

  1. Cruci Gonzalez

    Sabia que escribirías algo referente al viaje de Luis Ignacio a Nicaragua y mira por donde lo acabas de escribir. Se nota que quieres volver y que tu experiencia allí fue muy importante para ti. Buen viaje para tu padre y quien sabe si algún día…tambíen me tocará a mi.

  2. Ana González

    ¡Dale, dale, seguile…!..Volverás a Nicaragua. No lo dudes.

  3. Me ha encantado, Paula. Y seguro que volverás. Un beso.

    • ¡Gracias! Mientras, sigo en la distancia el relato de los primeros días de mi padre allá. Y de vez en cuando vuelvo a releer a Gioconda Belli:

      “¿Qué sos Nicaragua?
      ¿Qué sos
      sino un triangulito de tierra
      perdido en la mitad del mundo?
      ¿Qué sos
      sino un vuelo de pájaros
      guardabarrancos
      cenzontles
      colibríes?”

  4. historiaambiental

    Paula, un día, hace dos años, vi en un supermercado FrancPrix parisino, en mi barrio y metro de ‘Pyrenees’, una botella Flor de Caña.
    ¡Casi me da un infarto de alegría! Luego estuve volviendo y preguntaba, ¿no tienen ron Flor de Caña? Pero parecía que había comprado la única botella de esa cadena de supermercados tan poco especializada en bebidas del mundo. No la volví a ver… ¡Pero qué bien me sentaron esos roncitos!
    Guardo todavía muchas ganas de volver a Nicaragua, pero para quedarme mucho más que un par de meses.
    Muchos besos
    Pablo

    • ¡Hola! ¡Qué alegría leerte! ¿Sigues en París? Yo aún guardo un córdoba en la cartera para cuando vuelva a Nicaragua. Lo llevo siempre conmigo, como esos abrazos, esos paseos por León, esos atardeceres en Poneloya, esos roncitos… Claro que volveremos. Muchos besos

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