Mi primera media maratón

Para correr 21 kilómetros, hay que empezar paso a paso y disfrutar del recorrido. Yo empecé a correr más o menos en serio hace un año, con un grupo de amigos jabatos en La Granja (Zaragoza). Mientras nuestr@s hij@s entrenan a atletismo, nosotros también corremos, nos reímos, planeamos viajes y comidas.

Disfruto corriendo acompañada y sola por los caminos que rodean Zaragoza (o Cervera o Liencres… he empezado a llevarme las zapatillas de correr a los viajes). El siguiente paso fue apuntarme a alguna carrera: una de 4 kilómetros de las fiestas de San José, la de 5 km de la Mujer, la San Silvestre, una de 7, una de 10…

Y un día de verano me llamaron María y Sergio, vecinos de Urdániz (Navarra)  para avisarme de una carrera muy bonita que se celebraba en su valle el 5 de octubre. “¿Nos apuntamos?” “Vale” “Bien” “Bueno, ¿cuántos kilómetros son?”. “Es una media maratón por el Camino de Santiago”. “Ay…”. La carrera Roncesvalles-Zubiri quedó apuntada en mi agenda, con emoción y nervios que fueron creciendo los días previos. ¿Aguantaré 21 kilómetros corriendo? ¿Las cuestas serán muy duras? ¿Hay que comer durante la carrera? ¿Cómo se entrena para una media maratón?

Sin un entrenamiento muy específico, ahí nos presentamos Sergio y yo (y dos amigos más) en la salida, emocionados con el ambiente y un poco nerviosos ante el reto. En Roncesvalles caía una lluvia fina y hacía frío, pero los de la organización avisaron por megafonía de que luego saldría el sol. A las 11 echamos a correr. Es un recorrido muy bonito que discurre por el Camino de Santiago, entre prados, vacas, hayedos, peregrinos, riachuelos y muchos vecinos del valle animando a nuestro paso. “¡Aúpa, neska!” me decían.

Y los gritos de ánimo ayudaban a subir las cuestas y a volar en la bajada hacia la meta, en el puente de Zubiri. Al final, llegamos en menos tiempo del previsto; salió el sol; la familia nos esperaba en la llegada para darnos un achuchón tras nuestra primera media maratón; a mí me tocó una lata enorme de pochas en un sorteo; y luego disfrutamos todos de una comida popular en el pabellón de Zubiri.

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(Llegada en el puente de Zubiri. Foto del Diario de Navarra)

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 (Celebrando la llegada con Sergio, hijas y sobrinas)

Hoy me duelen un poco las piernas, pero estoy deseando apuntarme a la próxima.

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14 comentarios

Archivado bajo deportes

14 Respuestas a “Mi primera media maratón

  1. ¡Enhorabuena!, y a seguir trotanto por esos mundos. Eso sí, no te olvides de la bici, ¿eh?

  2. ¡qué pedazo de campeona! Te admiro…yo nunca he corrido…me muevo mejor en el agua, pero viéndote o, mejor dicho, leyéndote disfrutar tanto, casi entran ganas de apuntarse a una primera carrera de esas cortitas y de domingueros. ¡Qué grande! Besicos

  3. Ana Gonzalez

    !Aúpa neska!….Dan ganas de correr contigo…y lo cuentas tan bien que es como si estuviéramos corriendo.

    • Eskerrik asko! Dice Murakami que correr y escribir son dos actividades que se parecen, que requieren concentración, esfuerzo y constancia. Yo intento hacerle caso y disfruto con ambas. Besos

  4. Enhorabuena, yo llevo unos meses corriendo también, y se me ponen los pelos de punta al leer todas esas sensaciones que experimentaste, el deporte te llena de esas pequeñas grandes satisfacciones. Desde luego el paraje no puede ser más bonito para iniciarte en el mundo maratoniano. Saludos

    • ¡Gracias! Hace un año, no me imaginaba que un día llegaría a correr una media maratón. Disfruto de cada carrera, de cada momento. Y, sin duda, el Pirineo navarro es precioso para trotar por sus caminos. Abrazos, corredora!

  5. Eres una campeona, una jabata, una neska muy valiente. Felicidades. Si estuvieras más cerca me uniría y correría contigo, como antaño :))… Besos.

  6. Javier

    “Mi última carrera” Era primavera, acercándose el verano, recuerdo volverme a encontrar en la grada al entrenador de un amigo del pueblo que le decía a éste: “sigue al pequeño, ya sabes lo que hizo la última vez”. “El pequeño” se encontraba delante, temblando como un flan, sólo quería saludar a mi amigo y desearle suerte. Una vez más había comido lentejas. Siempre, comía lentejas antes de cada carrera, por eso de que tienen mucho hierro y el éste ayuda a transportar el oxígeno, tal vez una tontería de un adolescente que casi obligaba a su madre a preparle tal menú. Calentamiento, nervios, muchos nervios, esta temporada había sido esperanzadora, sorprendente, soñaba en que al año siguiente, mi segunda temporada en la categoría, con un poco suerte conseguiría logros importantes. En la línea de salida, escondido, ya acostumbrado a no temer los codazos y empujones iniciales, pues mi salida no era explosiva, no entraba en esa batalla ni aunque hubiera querido, eran mis piernas, la sensacion de que se me plegaban, paralizadas ante el disparo de salida. En la pugna por las mejores posiciones iniciales mis piernas comienzan a moverse despacio, rítmicamente, por detrás de … casi todos. Una vez más mi amigo, se había puesto por delante, tenía cuerpo para entrar en la primera batalla. Creo que en ese momento era fácil olvidarse del “pequeño”, el “pequeño” parecía no estar allí. Poco a poco, en la primera media vuelta los nervios desaparecen, las piernas comienzan a moverse suave y rítmicamente, la frecuencia aumenta, tamién la zanzada, siento mi cuerpo flotar en el aire, me concentro en la respiración, ¡oxigeno!, en la relajación del cuerpo, de los brazos, de la mandíbula, siento como rebotan mis mejillas, sólo siento las piernas, todo mi cuerpo son mis piernas, todo lo demás, de mí y del entorno, ha desaparecido. La carrera avanza, casi todos los rivales van por delante, los más próximos parecen acercarme a mí en vez de ir yo hacia ellos. La sesanción de que esta vez no será, que esta vez todo a salido mal, que adelantaré a algún rezagado y así terminará. Penúltima vuelta, me he olvidado ya de los rezagados, los rivales van cayendo, pim-pam-pum, ahí lo veo, a mi amigo, me aproximo a él, recuerdo una vez más las palabras de su entrenador, “sigue al pequeño”, ya es tarde. Ahora sí que oigo el ambiente, “va-va-va, ¡ahora!, Ahora-va, son tuyos!!, ese es mi entrenador, qué orgulloso me siento. Se aproxima la última vuelta, mi cabeza ya empieza a irse, las piernas van sólas pero empiezan a sentir agotamiento, “me rindo, me rindo, no voy a llegar” , oigo la campana, un empujon más, pim-pam-pum, van cayendo rivales. Mis piernas pueden doblarse en cualquier momento, necesito más oxígeno, necesito impulsarme mejor y eso ya requiere un esfuerzo sobrehumano, necesito concentrame, respiración, frecuencia, ánimo, últimos 200 metros, pim-pam-pum, siguen cayendo rivales. !A tope¡, ya no hay miedo a la derrota, “va, va, va, es tuyo”, veo como el primero cruza la meta, cruza el segundo la meta y cruzo yo la meta. No hay más, yo, el suelo, el suelo y yo, rendido, agotado, despacio, no te pares, no te caigas, trota, anda, satisfecho. Llega mi amigo, me acerco, nos felicitamos. Tiempo, el tiempo, quiero el tiempo, las sensaciones han sido malas, me ha resultado una carrera incómoda, quiero el tiempo, 2’54”. 6″ por encima de mi mejor marca de invierno, aunque 4″ mejor que mi primera y anterior carrera de primavera. En mi cabeza sólo están esos 6″ ¿estaré cerca de mi límite?, las carreras de invierno habían sido fantásticas, 3’00”, 2’56”, 2’52”, ¡2’48”! y una medalla de Bronce en los Campeonatos de Aragón, mi primer año de cadete.
    Después, en el verano llegó por fin mi “última carrera”, las pruebas de acceso al Politécnico de Calatayud. Una lesión de abductores lo había estropeado todo, todo por culpa del cambio horario, un reloj digital y un entrenamiento con vallas. Una semana de reposo, convaleciente todavía me presento a las pruebas, … de fuerza, de salto, de velocidad (por detrás de los caracoles) y, por fin, mi “última carrera”. Pista de asfalto, 300 y pico metros la vuelta, 1Km por delante, aspirantes de toda España, sentía el calor de mis abductores debido a las pruebas anteriores pero no me dolían, en caliente nunca me dolían. Salida, no hay codazos, no hay rival, pim-pam-pim-pam, segunda vuelta, comienzo a doblar a los rezagados, pim-pam-pim-pam. Tercera y última vuelta, ¿me queda alguien por doblar? Por delante la última recta, los dos últimos doblados, uno de ellos será el segundo y el otro el tercero, y así quedara para siempre en mi memoria. Final los abductores me arden, mi padre satifecho y orgulloso me contaba como otro padre, en “andaluz” le decía, “¡mira eze como corre! ¡como corre eze chaval!” “eze es mi hijo”. Lo de los abductores duró un año, después, el segundo año, los tobillos. El tercero , el desquite después de dos años “rebajado”, demostrar a mis compañeros sólo un poco de lo que fui. Llegaron entonces los problemas con las rodillas, el abandono del Institudo Politécnico de Calatayud, la decepción de mis padres y una nueva vida, de vuelta a Zaragoza. De las rodillas nunca me recuperaré completamente, cuando intento salir a correr el cuerpo ya me pesa much. Sólo la Bici, sólo mi Bici, muy urbana y sobrecargada, mi compañera diaria , me devuelve la sensación de ligereza y libertad que un día tuve en con mi propio cuerpo, me devuelve los retos de cada día llegar al trabajo, me devuelve la técnica, la inteligencia, aquella sensación de satisfación de mi “Última Carrera”.

    Paula, siento mucho que hoy, además de encantarme una vez más tu relato, me ha hecho recordar mis viejas batallas. Batallas que cuentan los abuelos a sus nietos, auque hoy me haya adelatando alguna generación. Una historia más, sin más, la historia de uno más como la de otro cualquiera, tal vez mal relatada pero que me emociona y que hoy me apetecía compartir.

    • ¡Gracias, Javier, por tu relato! ¡Qué emoción transmiten tus zancadas y tus palabras! Qué duro tiene que ser sufrir lesiones y recordar la “última carrera”. Aunque, como tú dices, te queda la bici para volver a sentir esa “sensación de ligereza y libertad”. Quedan la bici, los paseos, los atardeceres, los caminos, las playas… Un abrazo

  7. Cruci

    Aúpa Campeona. Me gusta la frase que has escrito de Murakami. A mi me parece que además de concentración hace falta ilusión y disfrutar con lo que se hace. Tu tienes todas esas cosas y lo has demostrado tambíen al escribir tu libro. Así que…a seguir escribiendo y corriendo.

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