Un córdoba en la cartera

En mi último viaje a Nicaragua (¡este verano hace diez años!) me guardé un córdoba en la cartera. El córdoba es la moneda nicaragüense, con el escudo del país en el reverso y el lema “En Dios confiamos” en el anverso. Un euro equivale aproximadamente a 32 córdobas, así que no me haré rica con este tesoro. En esta década he estado a punto de pagar varias veces por error con él en alguna tienda. Pero la moneda nicaragüense ha sobrevivido a los años, a cambios de cartera, a diversos viajes y vicisitudes. Ahí sigue, compartiendo espacio con céntimos y euros, y guardando mi memoria. Mi córdoba representa una especie de promesa de vuelta para gastarme ese córdoba en un fresco frente a la catedral de León, unos frijolitos en el Taquezal o una Toña en cualquier pulpería del camino.

Parece que el país ha cambiado mucho en esta década. Sigo las noticias por los periódicos o por los relatos de otros viajeros. Daniel Ortega, líder de la revolución sandinista (de la que hoy se cumplen 34 años) es ahora un presidente populista e inclasificable. Un día ofrece asilo a Snowden. Y otro anuncia con un empresario chino la construcción de un canal interoceánico que atraviese el país y haga la competencia al de Panamá.

Y Nicaragua se está convirtiendo en un destino turístico de moda. Ya no es solo un refugio para mochileros y románticos. Este año incluso El Corte Inglés publicita viajes a Nicaragua. Lo venden como “un país casi desconocido para los españoles, con grandes bellezas naturales, una atractiva oferta de ecoturismo, soberbios volcanes, lagos, playas y ciudades de arquitectura colonial”. Y yo me acuerdo de las excursiones al Cerro Negro con Mario y Danelia, y de su proyecto de ecoturismo que vi nacer (la cooperativa de turismo rural Las Pilas-El Hoyo).

Cada 19 de julio me atrapa la nostalgia. Sé que algún día volveré a navegar por el río San Juan, subiré al Cerro Negro con Mario, iré al mercado de León con Danelia, nos  bañaremos en Poneloya, comeremos frijolitos en el Taquezal, pasearemos por León, montaremos a caballo por Monte Redondo, nos picarán los zancudos, volveremos a Solentiname…

Mientras, sigo guardando mi córdoba en la cartera.

río San Juan desde El Castillo

(Río San Juan desde El Castillo, por donde discurriría el canal que proyecta Daniel Ortega)

DI019 (En la playa de Poneloya, hace unos cuantos años)

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9 comentarios

Archivado bajo viajes

9 Respuestas a “Un córdoba en la cartera

  1. Ana

    ¡Que bonito!.Seguro que vuelves y nos vuelves a contar con entusiasmo ese viaje. No te creas, un córdoba da para mucho.

  2. ¡Precioso! Solo por bañarse en Poneloya merecería la pena el viaje. No conozco ese país, pero por lo que cuentas tiene que ser maravilloso. Ya esperamos con gusto tu viaje de vuelta para que nos cuentes dónde te gastate el córdoba o si lo trajiste de vuelta para volver otra vez. Besicos

  3. Curioso, Paula, yo guardé durante mucho tiempo un peso cubano en mi cartera y cada vez que lo buscaba y no lo encontraba me entraba una pena… Digo guardé porque al leer esto acabo de acordarme que hace tiempo lo eché de menos entre mis monedas… Me ha encantado el texto, seguro que regresas y nos traes historias de vuelta. Besos.

  4. Alberto Jimenez

    Que bueno el amor de la gente por Nicaragua y su revolución. Este 34 aniversario todos estuvimos con Daniel en la plaza. https://www.youtube.com/watch?v=loJfjDUoADE
    En mi opinión la pobreza no tiene nada de romántico. Daniel, el turismo y con suerte el canal, son los que están sacándo el país de la lista de 84 países más pobres del mundo. Es solo mi opinión, eh. Un buen indicador es que el euro ya son solo 24 córdobas.

    • Gracias por tu comentario. No quería decir que la pobreza tenga nada de romántico. Mi mirada es la que es nostálgica y romántica. Ojalá el turismo, el canal, Daniel o quien sea le traigan mucha prosperidad a este país al que mucha gente amamos. Un abrazo nica

  5. Buen regreso para allá. Llegará cuando sea el momento. Yo también lo espero.

    • Volveremos, claro que sí, a pasear por León, ver los atardeceres en Poneloya, tomar un fresco, subir al Cerro Negro… Mientras, desde aquí, nos acordamos de ellos, leemos, escribimos, vemos fotos, escuchamos sus canciones. Un abrazo, Miguel

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