Especies de espacios

“No es normal que haya tanta gente en la calle con tantos pisos vacíos”, me dijeron hace unos días Víctor, Fernando y Raquel. Me enseñaron sus casas y me contaron un pedazo de sus vidas para un reportaje. Viven desde hace unos meses como okupas en Zaragoza, porque no pueden pagar un alquiler, porque okupar es su manera de resistir y de mantener su dignidad. Ellos limpiaron y arreglaron dos pisos que encontraron vacíos, y los han amueblado con lo que encuentran en la calle. Como ellos, cientos o miles de personas –cada vez más- viven en los márgenes del sistema.

okupas

(Interior de una casa ocupada en Zaragoza)

Curiosamente, hace unos días me encontré con el libro “Especies de espacios”, de Georges Perec (París, 1936-1982). Y una reflexión, que parecía escrita para ellos:

“Vivir en una habitación ¿qué es? Vivir en un sitio ¿es apropiárselo? ¿Qué es apropiarse de un sitio? ¿A partir de qué momento un sitio es verdaderamente de uno? ¿Cuando se han puesto a remojo los tres pares de calcetines en un barreño de plástico rosa? ¿Cuando se han recalentado los espaguetis en un camping-gas? ¿Cuándo se han utilizado todas las perchas descabaladas del guardarropa? ¿Cuando se ha clavado en la pared una vieja postal que representa el sueño de Santa Úrsula de Carpaccio? ¿Cuando se han experimentado allí las ansias de espera, o las exaltaciones de la pasión, o los tormentos del dolor de muelas? ¿Cuando se han vestido las ventanas con cortinas al gusto y colocado el papel pintado y acuchillado el parquet?”.

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6 comentarios

Archivado bajo literatura, periodismo, revoluciones, Zaragoza

6 Respuestas a “Especies de espacios

  1. Que verdades cuentas, gracias PAULA

  2. Tú lo has dicho todo, así que no se me ocurre otra cosa qué este poema de Mario Benedetti titulado Esta es mi casa:

    No cabe duda. Ésta es mi casa
    aquí sucedo, aquí
    me engaño inmensamente.
    Ésta es mi casa detenida en el tiempo.

    Llega el otoño y me defiende,
    la primavera y me condena.
    Tengo millones de huéspedes
    que ríen y comen,
    copulan y duermen,
    juegan y piensan,
    millones de huéspedes que se aburren
    y tienen pesadillas y ataques de nervios.

    No cabe duda. Ésta es mi casa.
    Todos los perros y campanarios
    pasan frente a ella.
    Pero a mi casa la azotan los rayos
    y un día se va a partir en dos.

    Y yo no sabré dónde guarecerme
    porque todas las puertas dan afuera del mundo.

  3. Ro

    “la tierra no le quedará a nadie” que dice el viejo poema sufi

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