Cierzo

Empezó a soplar hace diez días. Al principio, me subía el cuello del abrigo y me calaba un poco más el gorro para pasar el puente de Piedra. Los primeros días bastaba con esos gestos. Pero el cierzo siguió soplando, más helador, con más fuerza. Me iba agarrando al pretil o a las farolas. Un día vi cómo tiró a una chica china de su bicicleta. Otro, le arrebató a una señora el bolso y la bufanda. Al día siguiente, me dejé llevar. Sí, es fácil: basta con abrir un poco los brazos, dar un saltito de impulso y perder el miedo. Ahora llego cada mañana al trabajo con el pelo revuelto, las mejillas coloradas y un secreto. Anteayer sobrevolé la Expo y el galacho de Juslibol. Ayer vi las obras del tranvía desde lo alto. Hoy me he encaramado a la torre de la Seo y me he dejado llevar entre las cúpulas del Pilar. Casi me ha parecido distinguir la silueta de la Torre Nueva.

(Sssss, guardadme el secreto hasta que deje de soplar el cierzo en Zaragoza).

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5 comentarios

Archivado bajo relatos, Zaragoza

5 Respuestas a “Cierzo

  1. Sergio

    A propósito del alma infantil: genial Paula, simplemente Genial. Y descuida, yo, por mi parte, te guardo el secreeeettoooo

  2. Ana

    No diré ni palabra. Te lo prometo…Por cierto, cuando estés por lo alto de l
    a Seo felicita a la Abuela Mila. Hoy era su cumple.

  3. ¡Muy bueno!
    Todos dirán que exageras, menos los zaragozanos.
    Felices vuelos hasta que pare

  4. Paul

    🙂 🙂 🙂 :):) :):) :):) :):) 🙂

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