24 horas en Castellón

A la manera del suplemento El Viajero de El País con sus recomendaciones chic para pasar un día en una ciudad, aquí va el relato de mis 24 horas en Castellón.

Castellón, 18.00
El viaje empieza con una sorpresa: descubro que en Tarragona hay dos estaciones de tren, separadas por 15 kilómetros y 25 euros de taxi. Me toca hacer trasbordo y pagar. Adiós al ahorro que había conseguido en los billetes por el descuento de familia numerosa. Llego a Castellón, se supone que en la estación me espera Ángel, pero Ángel no aparece y Mari Carmen no me coge el teléfono. Se me ha olvidado traer su dirección. Paciencia. Me doy una vuelta por la estación. Tienen horchatas e imanes de nevera de Benicasim. Me llega un sms: “Nos han surgido imprevistos fotográficos”. Finalmente, llega Ángel y me rescata.

El Madrigal (Villarreal), 20.00
Es una visita de placer, pero me toca trabajar (poco). Me plantan un peto de fotógrafa, me dicen cómo funciona la cámara con el objetivo 300 y a hacer fotos en el partido de Champions Villarreal-Nápoles. Ver un partido de fútbol a pie de campo es un espectáculo distinto, con los seguidores del Nápoles celebrando los goles a un metro de nuestras cabezas. Resultado: 0-2. No sé qué tal me quedaron las fotos…

Castellón, 00.00
Tras acabar de trabajar y cenar un bocadillo de jamón, toca una cervecita en un bar del centro (cuyo nombre no recuerdo) antes de ir a casa.

Castellón, 12.00
Volvemos a la estación a buscar a Ainhoa, que viene de Valencia (llegamos tarde y le hacemos esperar un rato). Ángel nos exime de ir a ver otro partido de fútbol, esta vez del Castellón. Así que nos vamos de paseo, vemos una exposición de una artista japonesa y nos compramos unos bollos en una panadería rumana. También hay una procesión, pero no nos quedamos porque hay que ir a buscar a Gemma a la estación, que viene de Tarragona. Volvemos a llegar tarde.

El Grao, 14.00
Vermú casero, terraza, sol y risas en el Oso Marino, un bar del Grao, el barrio marítimo de Castellón. Se suma Ángel y comemos paella y fideuà. De postre, “el mejor helado de turrón del mundo”. Durante un rato, nos ponemos serias y hablamos de la crisis y de la creatividad.

Nules, 17.00
No nos podemos ir sin pasar antes por Nules. En la carretera entre naranjos, Gemma nos lee alguna de sus poesías. También es poeta, además de organizadora de eventos, ilustradora, periodista, cantante… En Nules, el tío Paco nos guarda a cada una dos bolsas de clemenules. Recordamos grandes momentos en Nules y volvemos a Castellón.

Castellón, 18.00
Despedida en la estación. Abrazos y besos. Ruedan las mandarinas por la cinta de seguridad, le regalo una al vigilante. Subo al tren. Qué bien sientan estos reencuentros de amigas. Hasta la próxima.

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