Canejá

A Canejá se llega huyendo de las aglomeraciones de las fiestas del Pilar y siguiendo la estela de recuerdos infantiles. Es un barranco que da nombre a una zona de huertas a unos 8 kilómetros al sudoeste de Cervera del Río Alhama. Para ir, se toma el camino que empieza detrás del cementerio, se pasa junto al pilón de la ermita de la Soledad, se deja a un lado el viejo campo de fútbol (hace años que el Cerverano dejó de jugar) y se continúa recto en dirección al Tolmo. La pista, en algunos tramos asfaltada, pasa junto a campos de olivos y almendros y alguna perrera. Atrás va quedando Cervera y alrededor, matorrales, piedras, sol y un paisaje semidesértico. Una pierde un poco el resuello en la subida al Tolmo, pero la vista desde lo alto del cerro compensa el esfuerzo. En la cima hay una señal de Stop que parece una broma. A lo largo del paseo matutino solo me he cruzado con un mulo y un campesino, un joven deportista y tres coches (de los que dos eran de la familia). Al fondo se divisan decenas de molinos de viento, encaramados a la sierra de Alcarama. El camino desciende hasta la ermita de San Esteban, restaurada hace unos años. El paisaje se suaviza, se nota la cercanía del agua (de la fuente de Santiago): hay más almendros, alguna higuera, viñas, unos chopos, pequeños huertos. En tiempos de mis abuelos, Canejá (oficialmente, Barranco de Canejada) era la huerta de Cervera. Aquí crecían trigales, tomates, judías, frutales… Para la siega, muchos cerveranos se trasladaban a vivir aquí, con toda la familia y los animales para trabajar el campo. Hoy quedan algunas casillas y muchos campos yermos. Unos balidos rompen el silencio de la vega. Son las ovejas del Mónico.

Mi paseo termina dos horas después en la casilla del Tío Julio. La excusa de esta reunión familiar es recoger nueces y almendras. Llenamos unos cuantos calderos, Juan Cruz y Luis Ignacio se suben a los árboles, las chicas disfrutan de la libertad del campo, Lur se siente como en casa y todos comemos un sabroso rancho con patatas. ¿Dónde hay que apuntarse para la próxima?

Camino a Canejá

Vista desde lo alto del Tolmo

Cogiendo nueces y almendras junto a la casilla del Tío Julio

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5 comentarios

Archivado bajo Cervera, viajes

5 Respuestas a “Canejá

  1. ¡Eso, eso! ¿Dónde hay que apuntarse?

  2. mfigols

    Yo también me apunto… aunque para ello tuviera que coger un avión y pegarme meses plantando árboles para compensar mi huella de carbono. Pensándolo bien… a Canejá no le vendrían mal unos arbolicos…
    Me encanta Canejá. Viva Cerveraaaaa. Y viva la Pedradaaaaaaaaaa

  3. Cruci

    ¡Que bien lo pasamos!…En la casilla y los campos de Canejá tenemos, sobre todo los de mi generación, muchos recuerdos y una parte importante de nuestra vida. Quizá ahí nacio el amor por la Naturaleza… y saborear un buen rancho de patatas junto a las personas queridas, no tiene precio. Espero que podamos repetirlo muchas veces.

  4. Ana González

    Canejá son mis vavaciones de la infancia…Llegabamos en burro que guiaba Pedro Juan..Almorzabamos y el tio Julio nos ponía un columpio con una cuerda colgada de un nogal….Canejá tenía entonces pocas comodidades y siempre taníamos que ayudar en el campo…, pero eramos muy felices

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