Secretos de hierbabuena

Vega, Asun y yo tenemos un secreto. Huele a menta y crece en una esquina del patio del Hilarión. Vega empezó bien el colegio hace dos semanas, contenta de ir al “cole de mayores”. Pero al tercer día decidió que por las mañanas, a la entrada, tenía que llorar. Y llorar mucho, para desesperación de la profesora, porque los lloros con tres años son contagiosos. No sabemos si era que tenía sueño o mimos; si echaba de menos a Chus, su profesora de la guardería; o si quería dejar claro que ella hacía lo que le daba la gana. Los padres le damos muchas vueltas a estas cosas. Así que los días siguientes, la tía Asun y yo probamos distintas estrategias: intentar negociar, la indiferencia, aplausos, chantajes… Nada funcionaba. A las nueve, cuando sonaba la sirena, lloro.

Hasta ayer. Descubrimos que en el huerto escolar crecen salvajes plantitas de menta. Las hojas atraviesan la valla y se cuelan en el patio de Infantil. Y ahí nos quedamos unos minutos, observando las plantas, aplastando una hoja en la mano y disfrutando después del olor fresco e intenso de la hierbabuena. Yo imaginaba que tomábamos un té en la medina de Chefchaouen y Vega disfrutaba de su descubrimiento botánico. Y ahora, cuando suena la sirena, nos llevamos una hojita de menta cada una apretada en la mano y nos dirigimos a nuestro lugar: yo, a trabajar, y Vega, a su clase, son su sonrisa y su aroma a hierbabuena. “Ssss, tenemos un secreto”, dice misteriosa antes de entrar decidida en su aula.

(Espero que no se rompa el hechizo por desvelarlo aquí).

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7 comentarios

Archivado bajo educación, maternidad, relatos

7 Respuestas a “Secretos de hierbabuena

  1. Ana González

    Es la magia de la inocencia y el olor a hierbabuerna… Sssss, prometo guardar el secreto. La madrina de Vega.

  2. Chema

    Veguita, tan sensible.

  3. pero qué gusto que cuentes esos secretos
    besicos

  4. mfigols

    ssss…. otro secreto… en cuanto podamos, tía y sobrinas nos iremos a por un té de hierbabuena a Chefchauen…

  5. Cruci

    Es estupendo que por fin Vega haya dejado de llorar. Estoy aquí nuevamente como la tia “maestra” y nada me parece raro durante el periodo de adaptación. He visto de todo, desde una niña que venia aferrada a un trozo de terciopelo negro, con chupetes…Pero lo de la hierba buena …Guardaré el secreto.sssss

  6. Lara

    Me alegro de que las Vegas escondan tanta complicidad dentro de ese amasijo de nervios del que están hechas. Mi Vega también lloraba todos los días, pero a las 9.30, al entrar en la guarde. Allí no hay hierbabuena, ni flores, ni nada muy valioso con lo que calmar las penas. Tendremos que encontrar nuestro pequeño secreto, a ver si me lo quiere guardar hasta la hora de salida y, de paso, deja de llorar.

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