La vuelta al mundo en ochenta días y cinco noches

De pequeña, me encantaba que me contaran cuentos. Por la noche, antes de dormir. O en los viajes en coche camino de Cervera o de la playa. En aquellos relatos aparecían muchos personajes: desde Teo, al capitán Nemo, Guillermo Brown, Mogli o las anécdotas familiares repetidas una y otra vez.

Ahora me veo al otro lado del espejo y también me gusta ser contadora de historias. Es bonito (y difícil) intentar responder a esos ojos curiosos, a las preguntas sin fin que imaginan las cabezas de tres y cinco años.

La semana pasada, Lara y yo terminamos “La vuelta al mundo en ochenta días”. A nosotras nos ha costado cinco noches, desde que el señor Phogg salió de Londres hasta que consiguió completar su viaje. Íbamos viendo su ruta en la bola del mundo: Londres, Suez, Bombay, Calcuta, Singapur, Shangai, San Francisco, Nueva York, Liverpool… Yo soñaba con viajes y ella seguía el relato con emoción e intriga. “¿Les pillará el detective?”. “¿Llegarán a tiempo?”. “¿Los elefantes corren mucho?”. “¿Cuántos días tarda el barco en cruzar el océano?”. Y, todas las noches, la misma pregunta al final de cada capítulo: “¿Pero esta historia ocurrió de verdad?”.

Quién sabe…

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1 comentario

Archivado bajo literatura, maternidad

Una respuesta a “La vuelta al mundo en ochenta días y cinco noches

  1. la nadadora

    Que emocionante es dar la vuelta al mundo en todo tipo de transporte incluso con la imaginación. Seguid viajando, yo os esperaré en la casa de Cervera ansiosa de escuchar vuestros relatos viajeros.

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