“Odio Barcelona”

Primero, yo no odio Barcelona, sino todo lo contrario. Pero llevaba tiempo detrás de este libro, “Odio Barcelona” (editorial Melusina). Cada libro tiene su historia. Este me atrapó por el título, claro, y por la curiosidad y atracción que esta ciudad ejerce sobre mí. De él oí hablar el año pasado, lo busqué en un par de librerías en un viaje a Barcelona y estaba agotado. Finalmente lo encontré un día (h)ojeando en la nueva librería de Zaragoza La Pantera Rossa.

 Es una crítica ácida a la marca BCN, a la ciudad posmoderna de diseño, a la saturación turística. Copio unos fragmentos.

 “Me quedo solo con esta lógica cultural del capitalismo tardío a la que Barcelona responde a pies juntillas como la capital posmoderna por antonomasia. Y en esto sí que está a la vanguardia, en esto sí que aventaja a muchas otras metrópolis. En la sociedad del espectáculo global Barcelona deviene ciudad simulacro” (Matías Néspolo, “Sobre la reducción urbana a simple logo o cómo se puede llegar a odiar una letra”).

 “Barcelona putea. En todos los sentidos. Prostituye desde que se hizo un nombre, desde que se convirtió en una marca equiparable al conejito Playboy. Pero también jode. Y quien se deja penetrar por ella lo hace con gusto, se siente privilegiado, considera que forma parte de un club selecto que nada tiene que ver con la sodomía. Y pide más” (Llucia Ramis, “Barcelona, la gran madame”).

 Me gustan estos relatos / ensayos, aunque como ex vecina y visitante ocasional de BCN, no comparto del todo sus tesis. Todas las grandes ciudades tienen una cara turística y una real. ¿O acaso Madrid, Nueva York o Berlín no se han convertido también en una marca? ¿Es que en Montmartre no hay turistas? ¿Y en la plaza del Pilar? Solo hay que desviarse un poco, callejear y dejarse guiar por un amigo (o una prima).

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1 comentario

Archivado bajo literatura, viajes

Una respuesta a ““Odio Barcelona”

  1. Toño

    Estoy de acuerdo contigo. A mi todavía me sigue fascinando la ciudad, mucho más que cualquier otra, entre otras cosas por esa permeabilidad a las ideas que tiene que, curiosamente, puede volverse en contra de si misma. Ahora parece que a todos les gusta quejarse de Barcelona. Creo que es porque hace un par de años a todos les parecía el paraíso terrenal, y claro, hay que ser diferente cueste lo que cueste 🙂

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