Una mañana de enero

Amaneció un día extraño. El cierzo venía del sur, cálido, y hacía una temperatura muy agradable en pleno enero. Serán cosas del cambio climático. Hubo que sacar los vestidos y los bañadores del fondo del armario. Cientos de piraguas de colores surcaban el río. Las riberas se habían convertido en animadas playas, con chiringuitos, olas y niños haciendo castillos. Parecía que se había decretado fiesta oficial y nadie iba a trabajar, ni al cole, porque las calles estaban llenas de gente. Todo el centro histórico estaba tomado por músicos y pintores callejeros. En la Seo se había organizado una rave, con puertas abiertas para todos. Y por las cúpulas del Pilar los más osados practicaban escalada. Los coches habían desaparecido de la ciudad, todos el mundo se desplazaba en bici o en patines. Había reparto gratuito de huevos rotos con foie en el hall del Ayuntamiento y el mismo alcalde estaba preparando una chocolatada para los más pequeños. En un mapa de la ciudad se habían borrado todos los centros comerciales. La gente leía sentada en las plazas: libros, periódicos, poesía. Un tipo con cara de concejal o de ex constructor estaba entregando llaves de pisos a los primeros que se pusieran en la fila. De las fuentes manaba horchata. Los leones del Puente de Piedra se habían bajado de su pedestal y daban un paseo entre tanta gente.

 Cuando se despertó, la niebla seguía ahí.

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7 comentarios

Archivado bajo relatos, Zaragoza

7 Respuestas a “Una mañana de enero

  1. Carme Ripolles

    Al proximo que me robe una foto le voy a contar tu cuento…maravilloso

  2. Aitana Enciso

    Precioso cuento… sigue contándonos más, anda!

  3. Toñito

    eso! queremos más!

  4. María

    Sueños que envuelven bellas historias… o historias que envuelven un bello sueño… precioso, guapa!

  5. Me cuenta Ramón Campo que el récord de niebla en Zaragoza se registró en 2005, con 14 días seguidos. Ánimo, que solo llevamos cuatro…

  6. Después de leer ‘El cerco de la niebla’ he comprobado que el récord de niebla está en 18 días, según la estadística del Centro Meteorológico del Ebro, aunque la media del siglo son de cino a seis. Por cierto, en los años 90 el mes de las nieblas era noviembre… ¿por qué ahora enero?
    Me gusta mucho tu entrada, Paula, es muy fino y muy bien presentado. Yo también e

  7. Yo también quiero fuentes que manen horchata de Tortosa…
    Un besico
    Mon

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